Trasplante de médula: un tratamiento en Neuquén para rescatar la esperanza

Desde hace poco más de un año se realizan en la ciudad capital. Relatos de quienes pudieron acceder al tratamiento sobre lo que significa no depender de los traslados a Buenos Aires.

“Volver a nacer” es la expresión con la que definen los pacientes el momento después de atravesar un trasplante de médula. Desde fines de 2019, se hace el tratamiento en Neuquén y hasta la fecha ya se hicieron 21 trasplantes de células progenitoras. Los pacientes coincidieron en la ventaja que haya un lugar local donde se realice, lo que permite abaratar costos al evitar gastos de traslado y alojamiento, facilidad para que pueda acompañar la familia, y todo esto acentuado por el contexto de la pandemia.

“El trasplante de médula tiene como finalidad poder ayudar en la lucha contra determinadas enfermedades. La mayoría son hematológicas”, apuntó el hematólogo Rubén Burgos, jefe de la Unidad de Trasplante de Clínica Conciencia de Neuquén, el único lugar de la Patagonia donde se realiza el tratamiento.

Explicó que existen dos tipos de trasplante: autólogo y con un donante (alogénico).

Comunicó que cuando se hace un trasplante se somete al paciente “a una dosis bien alta de quimioterapia que pueda bajar el nivel de defensa que tiene ese individuo y borrar parte de su médula ósea. O sea con ese apagado que hacemos de su ‘fábrica’ logramos que vuelva a encenderse usando sus propias células progenitoras (en el autólogo)” y sumó que “el resultado es que de 10 a 15 días ese paciente empieza a tener de vuelta acción en su médula ósea”.

Diferenció que en patologías como una leucemia, “lo mejor es cambiar esa ‘fábrica’ porque la propia no está funcionando bien. Y muchas veces las patologías están en esa célula madre. Entonces, hay que apelar a una quimioterapia igual que el autólogo pero le sumamos un sistema inmunológico que es de un hermano o de un familiar”.

Aclaró el profesional que el trasplante no es una operación. Sobre los costos dijo que como modalidad terapéutica, “es una indicación que está por ley que tiene que cubrir la obra social y sino el ministerio de Salud. Todo el mundo debería acceder”, señaló.

Ir a Buenos Aires era casi imposible. Por eso es importante que la gente sepa que hay acá un lugar donde hacerlo y que tiene el mismo nivel de atención”.

Jorge Omar Espinosa destacó que exista una unidad de trasplante de médula en Neuquén

Aunque indicó que hoy la distribución de las unidades de trasplante en el país, es un punto que afecta contra esa accesibilidad.

Resaltó que los trasplantes tienden a devolverle al paciente una vida lo más parecida a la que tenían antes de la enfermedad”. Los primeros 60 días se pide que se cuiden y que estén el mayor tiempo en su casa. A partir de los 90 días ya deberían poder estar haciendo la vida que tenían”, expuso y apuntó que en el caso del alogénico “se puede demorar el proceso pero la mayoría al año ya está haciendo la vida que normalmente hacía y se los sigue en el tiempo”.

Marcó que los trasplantes autólogos fundamentalmente son para mielomas múltiples. “Hoy es parte del tratamiento, no se cura pero a lo largo del tiempo se logra un control de esta célula y que no aparezca”.


TESTIMONIOS EN PRIMERA PERSONA


Juan: celebrar dos cumpleaños, el nacimiento y el trasplante

“Yo volví a nacer. Tengo dos cumpleaños. Mi cumpleaños cronológico es el 13 de noviembre y mi nueva vida a partir de octubre de 2019”, expresó con mucha emoción Juan Alberto Ramírez, paciente trasplantado de médula en la Clínica Conciencia de Neuquén.

El vecino que nació en Andacollo y que ahora vive en Cutral Co, relató que todo empezó en 2014.
“Yo soy profe de educación física, ya jubilado, pero estaba ejerciendo en ese entonces. Y llegaba muy cansado. Me quedé dormido en una actividad que hacíamos en el patio y no me podían despertar. Al año siguiente, a través de una pulsión de médula, me detectaron que tenía un mieloma múltiple (un cáncer de sangre)”, narró el hombre.

Dijo que los primeros seis meses “no me hice quimio” y comentó que se hizo varios tratamientos ‘muy duros” a lo largo de esos años, algunos en Buenos Aires.

Durante ese tiempo se enteró que se iba a habilitar la clínica en Neuquén para el trasplante. En 2016, le avisaron para “un autotrasplante en el hospital Italiano (en Buenos Aires) y me lo había autorizado la obra social, pero no me lo quise hacer porque no lo tenía cerrado”. Siguió con tratamientos, y en el 2018 dijo que estuvo “muy complicado”.

El momento de su trasplante, fue finalmente en octubre de 2019, en Neuquén. “Me hicieron la extracción de células, y después me internaron. Preparé mi cabeza lo mejor posible. Fui el segundo trasplante de la clínica. La primera fue Agustina, de Bariloche”, recordó.

Pasado el tratamiento indicó que todo lo que pasó significó un “click” para su vida.

“Yo cambié mis creencias. Estamos de paso por acá. No te llevás nada. Este es un momento feliz para mí. Me cambio la vida, yo tengo que vivir el día como si fuera el último”, reflexionó.

En todo ese tránsito marcó que fue clave Patricia, “su compañera de vida”, sus hijos y su nieto y se mostró muy agradecido por todo la atención “tan humana” de los médicos.

Joyelin: un proceso duro, pero en el que no faltó la compañía

Yoselin Morales es de Neuquén capital. “Tuve cáncer de linfoma y la doctora me dijo la posibilidad de hacerme un trasplante para refortalecer, que la enfermedad no vuelva, para achicar el porcentaje y estar mejor”, relató la joven de 23 años.

Confesó que “al principio no sabía de qué se trataba, tenía mis dudas. No sabía si hacérmelo. Me imaginaba una cirugía pero no es así”, apuntó pero al final decidió que si “porque era lo mejor para mí salud”.
El trasplante fue en agosto de 2019.

“Mi familia siempre estuvo presente. Si hubiera estado sola, yo creo que no lo iba a poder hacer”, expresó y marcó la importancia que se haga en una clínica de la misma ciudad donde vive.

“Cuando supe que se hacía acá (en Neuquén) fue un alivio porque no sabía si la obra social se iba a poner las pilas si teníamos que ir a Buenos Aires. Entonces que se pueda hacer acá fue un alivio para mí y para mí familia porque me podían acompañar”, confesó.

Dijo que antes desconocía sobre el trasplante de médula. “Es algo que no se habla mucho. La gente no conoce. Y debería saberse más. Yo no necesité donantes pero hay otras personas que sí, que lo necesitan y sería bueno que lo sepan y que puedan ser ellos donantes porque hay mucha gente que lo necesita”, opinó.

Luego del trasplante se hizo controles cada tres meses, luego cada seis y después una vez al año.
“La doctora me dijo que iba todo bien, que no había complicaciones. Y yo me encuentro rebien. Ahora a lo que era antes estoy totalmente renovada. Al principio de mi enfermedad no caminaba, ni podía estar sentada. Estuve un mes en mi cama sin poder moverme. Y ahora hago ejercicio. Es un cambio total”, comparó.

Por último, reflexionó: “Cuando pasas por esto, te cambia todo. Tomas la vida de otra manera. La gente se queja de cosas sin sentido. Hasta el día de hoy yo cuando me quejo de algo, me digo viviste algo tan importante, no te quejes”.

Jorge: fuerza y entereza, para dar siempre un paso adelante

“Ni un paso atrás” es el mensaje que tenía en su remera Jorge Omar Espinosa, un vecino de Allen, en el momento que comenzó a relatar su historia. A principios de 2021 le realizaron el trasplante de médula en la Clínica Conciencia. La frase en su ropa fue algo que tuvo siempre en su mente y que aparecía cada vez que intercambiaba mensajes con su familia y amigos.

“Si vos me preguntás: ¿me cambió la vida? Antes yo me estaba muriendo”, dijo Jorge que hoy agradece tener una nueva oportunidad y a todos los que lo acompañaron en el camino.

Relató que cuando fue a hacerse un control, le encontraron el colesterol alto y comenzaron a medicarlo. Eso fue en septiembre de 2019. Después se le comenzó a hinchar una pierna y una médica de Roca encontró que estaba perdiendo proteínas por la orina.

Ya en medio de la pandemia le indicaron que tenía que hacerse biopsia renal. Se la hizo en julio de 2020, la muestra se envió a Buenos Aires y allí le diagnosticaron que tenía amiloidosis.

“Esa enfermedad me estaba produciendo daños en el riñón y en el corazón. Yo me estaba dando cuenta que me estaba muriendo”, recordó.

Narró que fue ahí que un doctor de Cipolletti, le dijo que tenía que comenzar un tratamiento con quimioterapia, “y me dijo que la única solución era que me hagan un trasplante”.

Fue así que en enero de 2021, los médicos le indicaron que estaba listo para el trasplante. “Más allá de la quimio, yo me alimentaba bien para que no se cayera el procedimiento”.

El 19 de marzo se concretó el trasplante. “De ahí tuve un período sin defensas, sin nada”, contó y marcó que tiene que volver a colocarse todas las vacunas de nuevo.


“Hoy mismo estoy haciendo una vida casi normal. Sigo obviamente con un tratamiento por el riñón que es el más afectado”, dijo mientras dejó escapar una risa de felicidad agradecido por su radical mejoría.

Osvaldo: Un accidente le permitió descubrir la enfermedad

Osvaldo Mario Inostroza, de 64 años, actualmente vive en Fernández Oro. Es oriundo de 25 de Mayo, La Pampa. En noviembre de 2019 tuvo el trasplante de médula ósea. Mientras relató su historia, no dudó en afirmar que “no hay mal que por bien no venga”.

“Yo me caí pintando un domicilio. Resbalé y me caí sobre una mesa ratona. Me quebré ocho costillas y tuve infección pulmonar y estuve en terapia intensiva”, comenzó a relatar.

Fue ahí que en el Policlínico Neuquén conoció a la doctora Roxana Martínez y “me empezó a seguir porque no me daban los valores de la sangre”.

Indicó que entre tantos estudios, se le practicó uno de médula ósea y “me detectaron el cáncer a los huesos”.
Luego llegó a la Clínica Conciencia y ahí le realizaron el tratamiento de quimioterapia, por un poco más de un año.
“Al momento que estaba todo para hacerme el tratamiento de la médula ósea se me reventó la vesícula y tuve que estar un mes parado. Iba a ser la primera experiencia de la Clínica Conciencia”, remarcó.

“Estoy continuamente con análisis y controles. Gracias a Dios ya tengo las dos vacunas de covid. He vuelto a nacer y estoy con todas las vacunas como si fuera un bebé. Me queda la de 18 meses, pero gracias a Dios me encuentro bien físicamente y anímicamente”, expresó.

Mientras contó su proceso recalcó que su familia “ha sido todo porque sin ellos (tanto mi hijo y mi esposa que está al pie del cañón siempre ) no hubiera podido seguir. Es que sin ese apoyo y las ganas que vos tengas de vivir por algo o por alguien, no salís”.

También la importancia que exista en la zona un lugar para realizarse el tratamiento. “Gracias a Dios en el sur tenemos un centro oncológico para hacerte el trasplante con un grupo de excelentes profesionales y seres humanos. Ellos no te van a abandonar”, marcó

Y agregó: “Hoy irte a Buenos Aires es muy difícil, imagínate con la pandemia. El gasto iba a ser el doble. Iba a tener que estar en Buenos Aires, y tenés que ir con un familiar”. Para el cáncer continúa un tratamiento con fármacos.


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