Trío de amor entre Roma y Buenos Aires
Aborda la historia de una forma no convencional de pareja.
La escritora italiana, después de su éxito adolescente, regresa, más madura, con un texto menos gráfico y más poético.
En la novela “Tres”, de la italiana Melissa P, que escandalizó el ambiente literario de su país y de varias latitudes con su primer libro “Cien cepilladas antes de dormir”, vuelve tras diez años con otro relato erótico, menos gráfico y rebosante de lirismo poético que narra la abierta y triangular historia de amor, conflictos y límites entre Larissa, Gunther y George. Con sólo 17 años, Melissa Panarello (Acicastello, 1985) publicó en el 2003 un libro autobiográfico donde detallaba su vida sexual extrema y que llegó a vender tres millones de ejemplares, incluso se hizo una película. El éxito tras la provocación le llegó muy joven y fue catapultada en su momento como una suerte de lolita literaria; con el tiempo bajó el tono de sus libros, estudió Ciencias de la Educación y siguió publicando espaciadamente. Más reflexiva, Melissa P. entrega ahora una historia erótica en Roma con desenlace en Buenos Aires, entre una poeta que busca amor, protección y ese deseo satisfecho; un melancólico y solitario fotógrafo y un criador de loros, intempestivo y apasionado, que –a lo largo de 250 páginas– se encontrarán, se amarán poéticamente, habrá celos medidos y, finalmente, cada uno elegirá. En “Tres” (Suma de Letras), la siciliana apuesta a correr el velo y pone de manifiesto un desafío: “¿Por qué tener todo oculto? ¿Por qué no podemos vivir historias de amor a la luz del sol?”, reflexiona en diálogo con Télam desde Italia y define: “este libro más que sexual, es un himno a la vida”. –¿En qué cambió su vida luego de “Cien cepilladas…”? –No sé exactamente. Simplemente crecí y me convertí en lo que siempre había soñado ser: una escritora y una mujer independiente desde todo punto de vista. No sentí el éxito en mi piel, era demasiado joven. Si hubiera ocurrido ahora, probablemente lo habría vivido de otra manera. –¿Qué la atrajo a la hora de escribir una historia de erotismo y amor entre tres personas? –Me interesó el hecho de que las relaciones están cambiando, tenemos que acostumbrarnos a vivir con más serenidad y en equilibrio con los nuevos avances. Ahora vivimos en una sociedad compuesta por familias numerosas y parejas no convencionales. El trío se puede considerar, en mi opinión, como una forma no convencional de pareja. El amor no se estanca, no resta, se multiplica. –¿Cuál es la idea central que motoriza su escritura? –Empecé a escribir porque estaba aburrida. Era la única forma en que era capaz de expresarme. Todo me aburre: mi familia, mis amigos. Necesitaba de otros lugares, y la escritura representaba un mundo al cual podía acceder permaneciendo, y al mismo tiempo, era el lugar dónde estaba. –¿Por qué decidió volcarse nuevamente a lo erótico? –No hago distinción de género. Una historia es una historia. Para mí, el erotismo no es sexo, sino un himno a la vida. Y creo que este libro más que sexual es un himno a la vida. –¿Conoce muchas historias de amor de tres personas? ¿Es una tendencia o simplemente la utilizó para narrar algo más profundo? –Hay muchas historias, pero ocultas. Porque la verdad es esta: el trío está contemplado sólo cuando se mantiene en la oscuridad o cuando hay una pareja en la que uno de los dos (o ambos) viven relaciones paralelas y donde lo importante es no decirlo. El desafío que hago es este: ¿por qué tener todo oculto? ¿Porque no podemos vivir historias de amor a la luz del sol? –En su texto abunda poesía por sobre erotismo, ¿Estuvo tentada de ser más gráfica a la hora de narrar escenas de sexo? –El sexo está lleno de poesía, si la sacás la poesía queda la pornografía. –En los últimos años hubo un destape de la literatura erótica escrita por mujeres ¿qué opina de este boom? –Siempre ha sido así. Las narradoras tienen una capacidad de relatar el eros y, por lo tanto, la intimidad. No digo que sea mejor respecto a los hombres, pero seguramente es más eficaz, ya que estamos acostumbradas a escuchar las cosas que suceden, no sólo con el cuerpo, sino también con la cabeza. Por esta razón, las lectoras se identifican. –¿Cómo fue considerado este libro en su país, cree que la gente está más abierta a una masividad del erotismo? –Por supuesto, la sociedad es más abierta, aunque no haga falta hacerse ilusiones a partir de estas costumbres decididamente más libres. La libertad no es promiscuidad; ser criaturas sexualmente libres es difícil aún, porque el sentido se mistifica de manera continua. Sí, hay una mayor apertura, pero todavía hay un largo camino por recorrer. –Finalmente, en su libro prevalece una suerte de monogamia, ¿todavía no estamos listos culturalmente para el amor múltiple o la vida de a tres? –Los individuos son territoriales y monógamos en tanto hayan obtenido la realización del propio deseo. Una vez obtenida la compañía deseada o la propia familia parece que la vida no tiene más sentido y se busca alcanzar una felicidad que todo el tiempo parece haberse pasado. Quizás tener muchos amores sea la respuesta: mantener el orden en una relación preexistente, agregándole la vibración emocional de la que carece. No estoy segura si estamos listos, sería bello si todos hiciésemos un esfuerzo. Por mi parte, obviamente. –¿Por qué decidió incluir a Buenos Aires en su novela? –Yo siempre digo que es la única ciudad donde me gustaría vivir si no viviera en Roma. Buenos Aires es la síntesis de todas las ciudades, está viva, se mueve, cambia y, aunque conserva sus propias tradiciones, nunca está cansada y aburrida. (Télam).
Leticia Pogoriles