Ucrania y el dólar: el tiempo no para
“Es bueno que la gente de la nación no entienda nuestro sistema bancario y monetario, porque si lo hiciera creo que habría una revolución antes de mañana por la mañana”. (Henry Ford, 1922)
DARÍO TROPEANO (*)
El conflicto entre Rusia y Estados Unidos en torno al golpe de Estado perpetrado por neonazis en Ucrania, que derivó en un referéndum donde el 97% de la población votó que una parte del país –Crimea– se separe para integrarse a la Federación Rusa, es una evidencia del fin del mundo unipolar. El freno de la alianza occidental en Siria y el acuerdo sobre Irán para evitar una nueva guerra, ambos impulsados por Rusia y China, han puesto un límite a los deseos de seguir promoviendo conflictos bélicos con finalidad exclusiva en intereses económicos. El avance del bloque-dólar sobre Eurasia (considerando que el euro ya ha pasado a ser la tercera moneda mundial en importancia luego del dólar y el yuan chino y que su influencia nunca resultó trascendente) es un intento acelerado y poco sutil de mantener la supremacía de esa moneda en los mercados mundiales. Me refiero a los mercados de transacción del petróleo, el oro, las materias primas, los mercados de crédito, etcétera. Y es que, como venimos señalando desde estas páginas, quien fabrica el dólar y lo presta al gobierno de Estados Unidos, el que fija la tasa de interés, es la Reserva Federal de ese país (Fed), un banco de mayoría accionaria integrada por un pequeño grupo de entidades financieras privadas que actúa con independencia del Congreso y del propio presidente de la Nación. La parte estatal se representa por una junta de gobernadores que son elegidos por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Congreso, con relativa incidencia en las políticas del organismo. Ese reducido grupo con mayoría en la Fed está conformado por las más grandes entidades financieras occidentales (europeas y de Estados Unidos), bancos que se vinculan con participaciones en negocios de la alimentación, la tecnología, el petróleo, los medicamentos, la defensa, los medios de comunicación, etcétera. Un estudio de la Universidad de Zurich (Suiza) del 2011 encontró que 147 empresas constituyen una “superentidad”, señalando que todos poseen una parte de una u otra empresa y son dominantes los bancos. En su conjunto estos grupos controlarían el 40% de la riqueza mundial. El dólar es la mercadería de aquellas empresas privadas financieras que crean diariamente el principal producto del comercio mundial, fuente generadora de deuda de países e individuos. Su debilitamiento por carecer de respaldo (los billetes no están respaldados en oro o valor físico alguno) y la aparición en la escena mundial de países poderosos que han empezado a comerciar bienes y servicios con otras monedas (yuan, rublo, etcétera), alejándose de la divisa estadounidense, están generando situaciones de desestabilización política y económica en todo el mundo. Ya no se trata de riquezas puntuales, sino de este producto en particular. Estados Unidos ha impuesto sanciones económicas a Rusia por el referéndum que la población de Crimea llevó adelante para independizarse de Ucrania. Ello ha provocado que decenas de miles de millones de dólares hayan salido del mercado financiero ruso en las últimas semanas. La respuesta de Rusia ha sido el anuncio de la creación de un sistema de pagos independiente fuera del dólar, a través del rublo –su moneda nacional– respaldado en oro que mantiene en sus reservas. Las transacciones en rublos y yuanes con China se han acelerado en zonas fronterizas de ambos países, dada la alianza evidente que mantienen con el país del dragón. Los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) trabajan en la creación de un gran banco que canalice sus operaciones comerciales en sus monedas y la financiación de proyectos de infraestructura. Se trata de volver a la economía real, física, que derrumbe el sistema de la especulación financiera global que ha llevado a una crisis sistémica y a una prolongada recesión –actual, ciertamente actual– a Estados Unidos y Europa. China, asimismo, acordó con el Banco Central de Alemania estudiar la liquidación de pagos del comercio entre ambos países con yuanes, dado que las principales empresas alemanas aceptan actualmente este medio de pago. El Banco de Inglaterra ha llegado a un acuerdo con el Banco Popular de China para hacer de Londres un centro para el tráfico de la moneda china. El acuerdo establece formas de pago y compensación del yuan en el mercado de Londres. Los chinos han elegido la capital inglesa como lugar de pago fuera del país para las transacciones con Occidente. La Corporación Financiera Internacional, el brazo del sector privado del Banco Mundial, emitió este mes un bono de un billón de yuanes en Londres, la primera emisión realizada por una institución financiera internacional. Vancouver y Toronto, en Canadá, compiten actualmente para convertirse en el principal centro financiero de comercio del yuan en América del Norte. Datos del Tesoro de Estados Unidos de este año indican que China viene disminuyendo en forma significativa la compra de bonos, es decir, deuda norteamericana. Ello y el informe del FMI del 2011 anunciando que en el 2016 Estados Unidos dejaría de ser la primera potencia económica del mundo constituyen un combo que acentúa los desequilibrios globales. Prefabricados y extraños sucesos se están produciendo en el mundo en medio de una crisis económica y financiera de magnitud en que la confrontación económica se materializa con vientos de guerra y actores principales hoy mucho más poderosos que musulmanes con turbantes y ametralladoras. (*) Abogado. Docente de la Facultad de Economía de la UNC
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