Un espacio para el encuentro y la actividad física

Sandra Cofre brinda clases de gimnasia a adultos mayores hace más de tres décadas en Cipolletti. Resalta la importancia de volver a compartir un espacio físico, y los beneficios de la socialización para la tercera edad. ¿Cómo es habitualmente una clase?




Hace 35 años que Sandra Cofre se dedica a dar clases de gimnasia a adultos mayores y abuelos de la tercera edad en Cipolletti. Este es un espacio especial, por lo necesario desde el aspecto saludable; pero también por todo lo que se genera alrededor de este grupo.


Según expresa Sandra, “comunicarse con el otro y generar la empatía es una especie de terapia para el grupo, donde la contención es el enfoque”. Y así se vive en sus clases.

Sandra lleva adelante un grupo que puede realizar cualquier tipo de actividad física, en principio porque antes de emprender la aventura cumplen -como debe ser, claro- con sus correspondientes chequeos médicos. En cuanto a la llamada tercera edad, Sandra aclara que sería considerado así a partir de los 70 años; y que además es el promedio de sus alumnas.

“Mi madre tiene 90 años y es mi alumna número 10. Mis demás alumnas tienen de 60 a 90 años. Hace unos días comenzó una alumna de 82 años, que la trajo su hijo”, relató Cofre a Río Negro. Este tipo de actividades, como la gimnasia, es también un espacio para que adultos mayores generan amistades importantes, más en un contexto donde la socialización es fundamental. “Estoy muy satisfecha con esta actividad”, asegura.

El inicio de la práctica comienza con un precalentamiento de pie, indicado por Sandra, donde casi siempre irrumpe en la clase alguna voz que hace notar el buen humor. Mientras se extiende el movimiento y entra en calor el cuerpo, paulatinamente se van incorporando los accesorios y demás herramientas para los ejercicios, como el uso de palos para la espalda, pelotas y sillas.

Algunos de los estiramientos, siempre con la profesora supervisando. Luego de que estén listas, las alumnas realizan diversos ejercicios.


Trabajar los brazos es la continuidad del programa establecido por la profesora, y sus ocurrentes y espontáneas alumnas -porque la juventud es un estado de ánimo- se adaptan a la rutina con énfasis. La música tranquila suena de fondo y se amolda a cada ejercicio, con su respectiva dinámica.

En medio del salón de la calle Sáenz Peña 329, Vicky -una de las varias integrantes - rompe la monotonía de la clase con alguna ocurrencia divertida y acto seguido Oti, otra de las participantes, remata espontáneamente con algún dicho finalizando con las carcajadas unánime del grupo: Sara, Elvira, Liz, Ana, Marta y Norma. “De eso también se trata, de poder contar con un espacio donde se carguen de buena energía y buen humor además de la actividad física”, señala su profesora, quien acota que el volumen de la música es bajo, porque es importante el espacio para hablar y socializar.

Luego de la rutina de brazos, cintura y piernas, algunas preparan la colchoneta en el piso para los abdominales, cuidando y prestando atención sobre todo a cervicales y columna; siempre con asistencia personalizada. Hay que destacarlo: Sandra no despega un ojo a estas personas en toda la clase.

Lo cierto es que este maravilloso grupo de señoras mayores se ven estupendas, y la felicidad en sus miradas es notable. “Todos los días se crea un ambiente acogedor y de buena onda”, cuenta la profesora. Según Sandra esta rutina básica es por protocolo, y consiste en clases dos veces por semana, aunque la mayoría hace bicicleta, cinta en sus casas, o salen a caminar al aire libre. Con la pandemia, al comienzo debieron suspender las actividades, pero no dejaron de comunicarse y mantuvieron sus clases a través de la virtualidad, como sucedió con la mayoría de las personas. Sin embargo, para las alumnas de Sandra, no era lo mismo que compartir y pasar la hora en el salón de gimnasia, donde la función es principalmente socializar y pasar tiempo en grupo.

La parte de la colchoneta, una de las que requiere mayor precaución.


“Desde julio del año pasado no paramos y tomamos todos los recaudos del uso de barbijo, alcohol en gel y demás, con todas las vacunas”, señala la profesora. Y añade: “Asisto a un geriátrico para darles actividades a todos los abuelos, incluso quienes están en silla de ruedas. Me esperan ansiosos y con mucho amor”.

A sus 59 años -y 40 años de casada-, cuenta con una grandiosa familia que la apoya: 2 hijos y 3 nietas, que asegura, son “la luz de su alma”. Sandra nació en Cipolletti, es hija de padres comerciantes y dedicó gran parte de su vida a atender a personas mayores. “Comencé a estudiar para acompañante terapéutica enfocada en adultos mayores”, cuenta la mujer, que también da yoga.

Es importante visibilizar la necesidad de moverse a cualquier edad. Porque, además de ser saludable, es fundamental para una mejor calidad de vida en todos los aspectos. “La gente vive más años y las actividades se tornan imprescindible, porque les hacen bien”, indica Cofre. Y para cerrar, agrega que “no hay prácticamente lugares donde acepten a personas de esta edad y la gente mayor de 60 años en adelante necesitan su espacio de reunión y de encuentros, además de cuidados y atenciones”.


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