Un gobierno desorientado, ¿hasta cuándo?

Diego Lo Tártaro*


Bajo aparentes normas de índole sanitaria se restringe la importación de libros, nuestra vocación de volver al pasado nos lleva a “alpargatas sí, libros no”


La crisis en la que está inmerso el país no tiene antecedentes históricos, convertimos a la Argentina en un laberinto en que la psicosis e insensatez dominan nuestros pensamientos, acciones y proyectos, tal es el grado de desvarío y confusión en el que estamos inmersos que no logramos advertir lo irracional de nuestra realidad y proceder.

Nuestro mutante presidente Alberto Fernández es quien más perdido se encuentra, buscando erráticamente un rumbo o destino que aparentemente desconoce; sin embargo el cargo que detenta lo buscó y pidió, confiadamente se le dio el voto solicitado; sin embargo solo simulaba, porque ungido presidente con candor abjura de sus dichos y escritos y obedientemente recibe, acepta y cumple los dictados de su inapelable mandante Cristina Fernández de Kirchner, quien sin pausa y con serena seguridad nos conduce a la autocracia.

Con descreimiento, desasosiego y extraviados vemos cómo se derrumba la República, perdemos libertades, nos sumimos en más pobreza, nuestra seguridad personal y material cada día es más débil, vulnerable y violentada y la educación involuciona hacia la barbarie.

Se pretende imponer un impuesto a la riqueza y cabe preguntarnos: ¿a qué riqueza se intentan gravar? Si ésta ya no existe y si alguna queda con estas medidas, solo aceleramos su partida o extinción. Dentro de la lógica que hoy parece gobernarnos lo sensato es que se piense en un impuesto a la pobreza que es la única realidad existente. Se pretende elevar el impuesto a las Ganancias cuando solo hay pérdidas. El Ministro de Economía nos habla de un próximo veranito económico cuando tenemos por delante solo un gélido invierno.

Hablamos de reforma judicial cuando solo se encubre una amnistía para algunos que cometieron actos de corrupción pero también encubiertamente una censura previa a la libertad de expresión. Se dicta un DNU para promover y desarrollar la Argentina Digital que solo significa más limitaciones, más control, más incertidumbre y menos inversiones. Bajo aparentes normas de índole sanitaria (plomo en las letras de los libros) se restringe la importación de libros, nuestra vocación de volver al pasado nos lleva a “alpargatas si libros no”. Se habla de diálogo político y solo tenemos monólogo político y exclusión, se habla de proteger a la clase media y día a día se la destruye más para sumergirla en la miseria, se habla de libertad política y gremial y se apoya y sostiene a quienes la monopolizan y prostituyen.

Vivimos angustiados pendientes de la lotería que digita el gobierno e intendentes para conocer quiénes tienen derecho a trabajar y quiénes no, si podremos -y cuándo- ver a nuestros padres, hijos o nietos; debemos pedir permiso para comprar alimentos, vivimos confinados en nuestras casas y tenemos vedado transitar por nuestros pueblos o ciudades; se nos quitó el derecho básico de circular libremente, se nos prohíbe despedir a nuestros seres queridos que se llevó la pandemia.

Es anatema hablar de plan económico, de equilibrio fiscal, de reforma tributaria, de legislación laboral, de la pobreza, de quiebras de empresas, de índices de desocupación, de la toma y usurpación de propiedades privadas y públicas que es considerada por las autoridades lógico y normal y que justifican como consecuencia de la necesidad habitacional, de grupos que se dicen pueblos originarios mapuches que no se reconocen argentinos que toman tierras publicas y privadas para integrar una supuesta nación mapuche, mientras las autoridades desestiman el hecho por trivial e intrascendente en tanto desde algunos sectores del gobierno los incentivan, justifican, protegen y hacen negocios.

Desde el Ministerio de Acción Social distraídamente olvidan, ningunean y dejan librados a una suerte de incertidumbre y miseria a aquellos empleados, obreros, artesanos, monotributistas, cuentapropistas, artistas que perdieron sus trabajos; definitivamente, nadie los escucha, nadie los atiende, nadie los protege, simplemente representan una cifra estadística que no atienden pero que sí volverán a revivir para cuando haya que votar.

Nos gobierna el pasado que es el resultado de desencuentros, odios y rencores que nos condujeron a desatender y perder las virtudes que nos habían dado identidad, con innata necedad aceptamos el desorden como norma de conducta.

Venimos repitiendo hasta el cansancio que la paciencia de los pueblos tiene límites, la historia nos recuerda y demuestra que en similares situaciones donde el desorden es norma de conducta, derivan siempre primero en la resistencia civil, luego en caos social, para finalmente terminar en cruentas definiciones.

¡Por Dios, reaccionemos, recuperemos la República! Señor presidente, deje de ser el vocero del Ministerio de Salud Pública y asuma todas las responsabilidades que implica su cargo, que demanda la ciudadanía y que le exige la calamitosa realidad que vivimos.

Señor presidente, a usted como profesor universitario con muchos años de cátedra me permito recordarle a Plutarco, que decía: “Sabed escuchar y sacaréis partido aun de los que hablan mal”.

* Presidente del Instituto Argentino para el Desarrollo de las Economías Regionales (Iader)


Exit mobile version