Un nuevo mundo energético
De mantenerse el precio internacional del petróleo por encima de 100 dólares por barril, Vaca Muerta podría proporcionar al país un monto colosal de dinero, ya que según los especialistas se trata de la tercera reserva de hidrocarburos no convencionales del mundo. En opinión de algunos expertos, podría haber suficiente como para posibilitar 500 años de consumo al ritmo actual, o sea que parece ser una fuente virtualmente inagotable de fondos para gastar. Con todo, aunque no cabe duda de que Vaca Muerta seguirá siendo un recurso sumamente valioso, la demora en aprovecharlo está resultando muy costosa. Que éste haya sido el caso no es forzosamente malo. Por lo menos, ha reducido el riesgo de que un gobierno inescrupuloso y corrupto consiguiera tanto dinero que le resultara fácil desmantelar las instituciones democráticas con el propósito de eternizarse en el poder. De no haber sido por los problemas políticos y financieros que fueron creados por el gobierno kirchnerista por razones supuestamente ideológicas, la Argentina podría haber participado desde el vamos de la revolución del “fracking” que, en un lapso asombrosamente breve, ya modificó el panorama energético y por lo tanto geopolítico mundial. El año pasado, la producción norteamericana de crudo aumentó más del 15% y se prevé que, muy pronto, Estados Unidos reemplace a Arabia Saudita como el mayor productor de petróleo del planeta, recuperando así la autonomía energética que había perdido hace medio siglo. En cuanto al gas natural, son tan grandes las cantidades que se han encontrado atrapadas en el shale en Texas, Dakota del Norte y otras jurisdicciones norteamericanas que las empresas se limitan a dejarlo escapar sin preocuparse por las pérdidas así ocasionadas. Cuando se las arreglen para comercializarlo, el impacto en los mercados será con toda seguridad sustancial. Aunque las reservas ubicadas en la formación Vaca Muerta de Neuquén son muy grandes, distan de ser las únicas que, merced al fracking, se han hecho económicamente viables. En China y otros países asiáticos, además de Europa, África, Oceanía y, desde luego, América del Norte, están multiplicándose las oportunidades para quienes cuentan con la capacidad financiera y tecnológica necesaria. Así las cosas, no extrañaría que en los años próximos cayeran los precios de los hidrocarburos, lo que contribuiría a poner fin al prolongado boom de los commodities que tanto ha ayudado no sólo a la Argentina sino también a otros países subdesarrollados calificados de “emergentes”. Es lo que esperan los estrategas norteamericanos que, sorprendidos por el cambio que se ha puesto en marcha, vaticinan que Estados Unidos modificará drásticamente su relación con países de regímenes tan antipáticos como el de Arabia Saudita que, a partir de inicios de los años setenta, se ha basado en la dependencia energética de la superpotencia. Otros países perdedores, en el corto plazo por lo menos, serían Venezuela y Rusia que, de no ser por los ingresos gigantescos suministrados últimamente por las exportaciones de petróleo y gas, sufrirían crisis económicas aún más graves que las que ya les están provocando un sinfín de problemas políticos y sociales. De todos modos, por varios motivos sería positivo para la Argentina que los precios internacionales de los combustibles se redujeran para que Vaca Muerta resultara insuficiente como para mantener llena “la caja” de los gobiernos próximos. Ha sido tan deprimente la experiencia de países petroleros como Venezuela, Arabia Saudita y los emiratos del Golfo Pérsico que sería claramente mejor no depender demasiado de un solo recurso natural que se presta a los monopolios estatales. Además de provocar distorsiones cambiarias que hacen inviables otros sectores económicos –la llamada “enfermedad holandesa”–, al generar tantos ingresos la abundancia de un recurso determinado que la industria manufacturera y otras actividades se ven perjudicadas porque no pueden hacerse igualmente competitivas, un boom petrolero manejado exclusivamente por políticos serviría para hacer de la Argentina un país aún más clientelista de lo que ya es. Con escasas excepciones –acaso el único caso sea Noruega–, los países petroleros son notorios por la corrupción, la desigualdad y el parasitismo de buena parte de la población que se acostumbra a depender de la supuesta generosidad de los gobernantes.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 15 de marzo de 2014
De mantenerse el precio internacional del petróleo por encima de 100 dólares por barril, Vaca Muerta podría proporcionar al país un monto colosal de dinero, ya que según los especialistas se trata de la tercera reserva de hidrocarburos no convencionales del mundo. En opinión de algunos expertos, podría haber suficiente como para posibilitar 500 años de consumo al ritmo actual, o sea que parece ser una fuente virtualmente inagotable de fondos para gastar. Con todo, aunque no cabe duda de que Vaca Muerta seguirá siendo un recurso sumamente valioso, la demora en aprovecharlo está resultando muy costosa. Que éste haya sido el caso no es forzosamente malo. Por lo menos, ha reducido el riesgo de que un gobierno inescrupuloso y corrupto consiguiera tanto dinero que le resultara fácil desmantelar las instituciones democráticas con el propósito de eternizarse en el poder. De no haber sido por los problemas políticos y financieros que fueron creados por el gobierno kirchnerista por razones supuestamente ideológicas, la Argentina podría haber participado desde el vamos de la revolución del “fracking” que, en un lapso asombrosamente breve, ya modificó el panorama energético y por lo tanto geopolítico mundial. El año pasado, la producción norteamericana de crudo aumentó más del 15% y se prevé que, muy pronto, Estados Unidos reemplace a Arabia Saudita como el mayor productor de petróleo del planeta, recuperando así la autonomía energética que había perdido hace medio siglo. En cuanto al gas natural, son tan grandes las cantidades que se han encontrado atrapadas en el shale en Texas, Dakota del Norte y otras jurisdicciones norteamericanas que las empresas se limitan a dejarlo escapar sin preocuparse por las pérdidas así ocasionadas. Cuando se las arreglen para comercializarlo, el impacto en los mercados será con toda seguridad sustancial. Aunque las reservas ubicadas en la formación Vaca Muerta de Neuquén son muy grandes, distan de ser las únicas que, merced al fracking, se han hecho económicamente viables. En China y otros países asiáticos, además de Europa, África, Oceanía y, desde luego, América del Norte, están multiplicándose las oportunidades para quienes cuentan con la capacidad financiera y tecnológica necesaria. Así las cosas, no extrañaría que en los años próximos cayeran los precios de los hidrocarburos, lo que contribuiría a poner fin al prolongado boom de los commodities que tanto ha ayudado no sólo a la Argentina sino también a otros países subdesarrollados calificados de “emergentes”. Es lo que esperan los estrategas norteamericanos que, sorprendidos por el cambio que se ha puesto en marcha, vaticinan que Estados Unidos modificará drásticamente su relación con países de regímenes tan antipáticos como el de Arabia Saudita que, a partir de inicios de los años setenta, se ha basado en la dependencia energética de la superpotencia. Otros países perdedores, en el corto plazo por lo menos, serían Venezuela y Rusia que, de no ser por los ingresos gigantescos suministrados últimamente por las exportaciones de petróleo y gas, sufrirían crisis económicas aún más graves que las que ya les están provocando un sinfín de problemas políticos y sociales. De todos modos, por varios motivos sería positivo para la Argentina que los precios internacionales de los combustibles se redujeran para que Vaca Muerta resultara insuficiente como para mantener llena “la caja” de los gobiernos próximos. Ha sido tan deprimente la experiencia de países petroleros como Venezuela, Arabia Saudita y los emiratos del Golfo Pérsico que sería claramente mejor no depender demasiado de un solo recurso natural que se presta a los monopolios estatales. Además de provocar distorsiones cambiarias que hacen inviables otros sectores económicos –la llamada “enfermedad holandesa”–, al generar tantos ingresos la abundancia de un recurso determinado que la industria manufacturera y otras actividades se ven perjudicadas porque no pueden hacerse igualmente competitivas, un boom petrolero manejado exclusivamente por políticos serviría para hacer de la Argentina un país aún más clientelista de lo que ya es. Con escasas excepciones –acaso el único caso sea Noruega–, los países petroleros son notorios por la corrupción, la desigualdad y el parasitismo de buena parte de la población que se acostumbra a depender de la supuesta generosidad de los gobernantes.
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