Una mala señal

Por Redacción

El gobernador bonaerense Daniel Scioli asegura que la reforma –o contrarreforma– educativa que acaba de promulgar, y que, entre otras cosas, eliminará los temidos aplazos en los colegios públicos de su jurisdicción, cuenta con el respaldo de “todas las fuerzas políticas”. Se equivoca, claro está. Lejos de manifestar su apoyo, dirigentes de la mayoría de las agrupaciones políticas se pusieron enseguida a criticar con virulencia el cambio anunciado por el mandatario provincial y precandidato presidencial por considerarlo retrógrado, ya que a su entender sólo servirá para agravar todavía más el deterioro de la educación pública. Según las pruebas internacionales, en este ámbito como en tantos otros en los años últimos la Argentina ha perdido mucho terreno en comparación con otros países latinoamericanos, además, huelga decirlo, de los europeos y de los más dinámicos de Asia oriental. Puesto que institucionalizar el facilismo educativo por motivos supuestamente igualitarios no nos ayudará a superar el atraso que ya ha adquirido dimensiones alarmantes y que, de persistir, nos condenaría a un destino de mediocridad y pobreza creciente, es lógico que buena parte del arco político del país se haya manifestado en contra de la iniciativa de Scioli. También lo es que la hayan aprobado, si bien sin mucho entusiasmo, los sindicatos docentes que, tanto aquí como en el resto del mundo, se oponen a cualquier forma de discriminación a favor de los maestros más eficaces o más exigentes porque tienen que privilegiar los intereses del grueso de los afiliados. Los partidarios de la mediocridad principista quieren que las escuelas desempeñen un papel más social que educativo. Dan prioridad a la igualdad de resultados por suponer que hablar de la igualdad de oportunidades es propio de derechistas o elitistas. Así, pues, si algunos alumnos resultan ser superiores a otros, lo toman por evidencia de la falta de justicia social y, en lugar de procurar estimular a los rezagados, tratan de impedir que avancen los más talentosos o aplicados. ¿Es lo que se ha propuesto Scioli? Es de esperar que no, pero al brindar su apoyo a un cambio que, en opinión de la mayoría de los demás políticos, tendrá un impacto muy negativo en la sociedad, parece creer que la mejor manera de reducir las diferencias sociales consistiría en nivelar hacia abajo, para que nadie consiga ventajas culturales que, según los populistas más fervorosos, serían “injustas”. Son muchos los países en que las ideas supuestamente progresistas que se pusieron de moda en la segunda mitad del siglo pasado, como las reivindicadas indirectamente por el gobierno bonaerense, han tenido consecuencias desafortunadas para el sistema educativo local, pero al darse cuenta de la importancia fundamental de la educación, en casi todos se ha producido una reacción muy fuerte en contra del igualitarismo extremo. Impresionados por el progreso anotado por países como el Japón, Corea del Sur y, últimamente, China, que se han concentrado en impulsar la calidad educativa, europeos y norteamericanos están abandonando el facilismo al optar por un modelo educativo exigente. Ya no es una cuestión ideológica; socialistas, centristas y conservadores coinciden en que los experimentos ensayados por los obsesionados por la equidad o “inclusión” perjudicaron a los más pobres al privarlos de la posibilidad de mejorar su condición. A menos que alumnos procedentes de familias de ingresos bajos se esfuercen al máximo y aprendan a valorar el mérito, nunca adquirirán las aptitudes y conocimientos que les permitirían abrirse camino en el mundo. La pobreza extrema que afecta a una proporción sustancial de la población del país es en buena medida un fenómeno cultural, pero parecería que ciertos dirigentes políticos están más interesados en aprovecharla que en ofrecer a los atrapados en la miseria “estructural” una salida auténtica. Tales personajes juran sentirse conmovidos por las penurias sufridas por quienes viven en zonas rurales paupérrimas o asentamientos precarios y dependen de subsidios pero, puesto que les importa más comparar su propia sensibilidad con la indiferencia egoísta que, según ellos, es típica de sus adversarios políticos, cuando no de la mayor parte de la sociedad argentina, actúan como si estuvieran resueltos a defender el statu quo desalentando a los relativamente ambiciosos.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 15 de septiembre de 2014


Exit mobile version