Una presencia tímida en Europa

Redacción

Por Redacción

PARIS (AFP) – La elección de Ségolène Royal como candidata del partido socialista para las presidenciales francesas de abril y mayo de 2007 se enmarca dentro de un movimiento todavía tímido en Europa que comienza a situar a mujeres en puestos políticos de importancia. La primera mujer candidata a presidenta en Francia fue Arlette Laguiller (Lucha obrera) en 1974. Desde entonces, esta líder de izquierda se presenta a cada elección, pero al igual que las féminas que la imitaron posteriormente, como por ejemplo la ecologista Dominique Voynet, lo hace sin esperanza de resultar elegida.

En otros países de Europa, son raros los grandes partidos que llevaron a cabo campañas electorales con una mujer como líder. Margaret Thatcher, primera ministra británica de 1979 a 1990, y Angela Merkel, elegida canciller alemana en noviembre de 2005, son grandes excepciones. Edith Cresson, efímera primera ministra francesa de 1991 a 1992, no consiguió ganar la campaña electoral para ser la candidata a las presidenciales, pero sigue siendo la única francesa que ejerció este cargo en el país.

La primera mujer, en Europa y en el mundo, que fue elegida jefa de Estado en unas elecciones fue la islandesa Vigdis Finnbogadottir en 1980. Actualmente Europa cuenta con tres jefas de Estado: la irlandesa Mary McAleese, reelegida en 2004, que había sustituido en 1997 a Mary Robinson, elegida a su vez en 1990, la letona Vaira Vike-Freiberga elegida en 1999 y reelegida en 2003, y la finlandesa Tarja Halonen, elegida en 2000 y reelegida en 2006.


PARIS (AFP) - La elección de Ségolène Royal como candidata del partido socialista para las presidenciales francesas de abril y mayo de 2007 se enmarca dentro de un movimiento todavía tímido en Europa que comienza a situar a mujeres en puestos políticos de importancia. La primera mujer candidata a presidenta en Francia fue Arlette Laguiller (Lucha obrera) en 1974. Desde entonces, esta líder de izquierda se presenta a cada elección, pero al igual que las féminas que la imitaron posteriormente, como por ejemplo la ecologista Dominique Voynet, lo hace sin esperanza de resultar elegida.

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