Una taza de té
Roca
Nan-in, maestro japonés que vivió en la era Meiji (1868-1912), recibió a un profesor universitario que había acudido a informarse sobre el Zen.
Nan-in sirvió té. Llenó la taza de su visitante, y siguió vertiendo.
El profesor se quedó mirando el líquido derramarse, hasta que no pudo contenerse: “Está colmada. ¡Ya no cabe más!”.
“Como esta taza –dijo Nan-in– está usted lleno de sus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarle el Zen a menos que vacíe su taza antes?”.
Querido lector, ahora que podemos hablar, querría decirle algo: el amor es eterno más allá de lo que ocurra entre las personas.
Si una pareja, que se lleva muy bien, se escucha, conversa, hace las cosas en conjunto y se demuestran afecto, va siempre a bañarse en un río cercano, donde se divierten y disfrutan, por una serie de desentendimientos súbitos e inesperados se separa, ¿el río donde se bañaban juntos se seca?
Así es el amor, está siempre allí para el que lo quiera vivir y compartir.
Alberto Félix Suertegaray
DNI 14.169.481