Vapuleado por el voto bronca
Si sólo fuera cuestión de números, el gobierno, es decir, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, podría encontrar algo positivo en los resultados de las primarias del domingo, ya que, como los voceros oficiales insistieron en recordarnos, en todo el país el Frente para la Victoria consiguió más votos que cualquier otra agrupación organizada. Según la agencia de noticias gubernamental, Télam, “el kirchnerismo se consolida como primera fuerza del país” ya que “obtenía el 26,31% de los votos” para diputados y “el 27,45%” para senadores, pero sucede que en un país sin partidos políticos como el nuestro, ser primera minoría no significa mucho. Como la presidenta y sus simpatizantes entienden muy bien, en política las impresiones a menudo importan mucho más que los detalles matemáticos. En opinión de todos salvo los más obcecados, Cristina, quien hace menos de dos años fue reelegida con más del 54% de los votos, acaba de sufrir una derrota calamitosa. Si, como es bien posible, el kirchnerismo retrocede aún más en las semanas que nos separan de las elecciones legislativas de octubre, volverá a donde estuvo en el 2003 cuando, al borrarse Carlos Menem, Néstor Kirchner llegó a la presidencia a base del 22,24% del voto popular. El revés más penoso se produjo en la provincia de Buenos Aires, en la que Sergio Massa aventajó al candidato de Cristina, Martín Insaurralde, por más de cinco puntos, superando no sólo sus propias debilidades sino también el poder propagandístico del Estado nacional que, como ya es habitual, el oficialismo no vaciló en poner al servicio del “proyecto” kirchnerista. El triunfo, en verdad módico, de Massa no fue consecuencia de una campaña brillante, ya que la suya resultó llamativamente mediocre. Se debió a la voluntad de la mayoría de los bonaerenses de enviar un mensaje no muy amistoso a un gobierno nacional a un tiempo prepotente e inepto. Como ha ocurrido con cierta frecuencia a través de los años, en la provincia de Buenos Aires y muchos otros distritos se hizo sentir “el voto bronca” de sectores muy amplios que no se identifican plenamente con ninguna agrupación política determinada pero que han llegado a la conclusión de que la que está coyunturalmente en el poder se encuentra entre las peores. La reacción inicial de Cristina frente a la debacle fue intentar minimizarla, hablando como si, bien mirada, se tratara de, a lo sumo, un traspié menor atribuible a lo veleidosa que suele ser la gente. Asimismo, dijo que iba a “seguir profundizando el modelo”, como si a su entender lo que pedía el electorado era más kirchnerismo, no menos. Puede que sólo fueran palabras de circunstancia pronunciadas a fin de consolar a sus partidarios, asegurándoles de que pronto todo volverá a lo que toman por “la normalidad”, pero si lo que quería decir es que nada la obligará a modificar el rumbo, nos espera una etapa sumamente agitada. Mucho dependerá de la actitud asumida por los “barones” del conurbano bonaerense y por gobernadores provinciales aliados con el kirchnerismo. Algunos ya han dejado saber que, a su juicio, la responsable principal de la derrota fue Cristina, ya que había desempeñado un papel protagónico en la campaña electoral, insinuando así que están pensando en la conveniencia de abandonarla a su suerte para acercarse a Massa o, tal vez, a Daniel Scioli, con tal que el gobernador bonaerense se distancie un tanto de una presidenta que ha dejado de ser una fuente al parecer inagotable de votos y, claro está, de fondos. De ponerse en marcha una nueva migración peronista, lo que a esta altura parece inevitable, Cristina no tardaría en verse tan aislada que no le sería del todo fácil continuar gobernando con el estilo autoritario y unipersonal al que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, puesto que para la presidenta la alternativa, que consistiría en resignarse a que su “ciclo” está aproximándose a su fin y que por lo tanto ha llegado la hora de intentar preparar la sucesión pactando con ciertos adversarios, equivaldría a darse por vencida en la lucha épica que se imagina librando contra una coalición nefasta conformada por “las corporaciones”, “la oligarquía”, los medios periodísticos intrínsecamente malignos y la Justicia no democrática, lo más probable sería que procurara recuperar el terreno perdido emprendiendo una contraofensiva rencorosa.