Vino la ruptura

Redacción

Por Redacción

Luego de pronunciar la presidenta Cristina Fernández de Kirchner aquel discurso de reasunción en el que procuró diferenciar entre las huelgas legítimas y las que a su entender son para extorsionar o chantajear, al líder sindical Hugo Moyano no le quedó más alternativa que la de contraatacar. Lo hizo el jueves pasado, Día del Camionero, en una arenga en la que, además de lamentar la transformación del PJ en “una cáscara vacía, vaciada de peronismo”, un “instrumento que el poder político maneja a su antojo”, afirmó que más de la mitad del 54% de los votos que consiguió Cristina en las elecciones presidenciales fueron de los trabajadores, no sólo de los “chicos bien”, o sea, de los integrantes de La Cámpora que desplazaron a los sindicalistas y los veteranos del PJ en las listas. Moyano estará en lo cierto: aunque es imposible medir el aporte de “los chicos bien” al triunfo de la presidenta, sería absurdo compararlo con el de los millones de “votos cautivos” de sectores que siempre respaldan a los candidatos peronistas sin preguntarse por sus ideas o sus propuestas. Es de suponer, pues, que de cerrar filas los muchos militantes peronistas que se sienten agredidos por el avance atropellado de La Cámpora, el conflicto entre ellos y la agrupación encabezada por el hijo de la presidenta que se ve como la guardia pretoriana cristinista dominará la política nacional en los meses próximos, reeditando, es de esperar en clave pacífica, las batallas de casi 40 años atrás que ocupan un lugar de privilegio en la versión kirchnerista de la historia del país. Si sólo fuera cuestión de poder político formal, el desafío planteado por Moyano no preocuparía demasiado al oficialismo que, además de contar con la autoridad moral procedente del resultado electoral, está en condiciones de hacer valer su superioridad numérica en el Congreso. Asimismo, mientras que por ahora la imagen pública de Cristina es muy buena, la de Moyano difícilmente podría ser peor; como diría el general Juan Domingo Perón, el camionero es un piantavotos. Así y todo, la lucha no es tan desigual como quisieran creer los incondicionales de Cristina que, según parece, se han convencido de que ha llegado la hora de aprovechar plenamente el triunfo que se anotaron en las urnas, aplastando cualquier foco de rebelión que les llame la atención. Mal que les pese, aun cuando los demás jefes sindicales se nieguen a acompañarlo, como jefe indiscutido de los camioneros Moyano es capaz de provocar una multitud de problemas; fue por esta razón que Néstor Kirchner lo eligió como aliado estratégico. Moyano también cuenta con “aliados estratégicos” importantes: una tasa de inflación muy elevada, el ajuste poselectoral que el gobierno ha comenzado a aplicar y que no tardará en hacerse sentir en los inmensos barrios depauperados del conurbano bonaerense y la amenaza planteada por la crisis mundial. Mucho ya ha cambiado a partir del 23 de octubre y no sorprendería que la fase inicial del segundo período presidencial de Cristina se viera caracterizado por un grado descomunal de conflictividad social. De ser así, el famoso “relato” de la presidenta resultaría contraproducente, por basarse en el triunfalismo económico, en la manipulación descarada de las estadísticas y en la convicción aparente de que el país seguirá haciéndose cada vez más próspero y más consumista gracias a un “modelo” que apenas se verá afectado por las calamidades del resto del planeta que, de tomarse en serio la propaganda kirchnerista, está enfermo de neoliberalismo. La situación sería otra si el gobierno hubiera tomado la precaución de advertirnos que el país tendría que enfrentar una etapa muy dura y por lo tanto todos deberían prepararse para hacer sacrificios, pero por suponer que un mensaje así tendría consecuencias electorales negativas optó por difundir uno mucho más optimista, lo que lo pone en desventaja frente a sindicalistas que no vacilarán en acusar a Cristina de despreciar al pueblo trabajador y de estar más que dispuesta a obligarlo a pagar buena parte de los costos del ajuste, privándolo de las “conquistas” conseguidas, según tradicionalistas como Moyano, gracias a la militancia de peronistas auténticos sinceramente comprometidos con el gobierno de Perón que, según el camionero, fue con mucho “el mejor de la historia” y por lo tanto muy superior al de Cristina.


Luego de pronunciar la presidenta Cristina Fernández de Kirchner aquel discurso de reasunción en el que procuró diferenciar entre las huelgas legítimas y las que a su entender son para extorsionar o chantajear, al líder sindical Hugo Moyano no le quedó más alternativa que la de contraatacar. Lo hizo el jueves pasado, Día del Camionero, en una arenga en la que, además de lamentar la transformación del PJ en “una cáscara vacía, vaciada de peronismo”, un “instrumento que el poder político maneja a su antojo”, afirmó que más de la mitad del 54% de los votos que consiguió Cristina en las elecciones presidenciales fueron de los trabajadores, no sólo de los “chicos bien”, o sea, de los integrantes de La Cámpora que desplazaron a los sindicalistas y los veteranos del PJ en las listas. Moyano estará en lo cierto: aunque es imposible medir el aporte de “los chicos bien” al triunfo de la presidenta, sería absurdo compararlo con el de los millones de “votos cautivos” de sectores que siempre respaldan a los candidatos peronistas sin preguntarse por sus ideas o sus propuestas. Es de suponer, pues, que de cerrar filas los muchos militantes peronistas que se sienten agredidos por el avance atropellado de La Cámpora, el conflicto entre ellos y la agrupación encabezada por el hijo de la presidenta que se ve como la guardia pretoriana cristinista dominará la política nacional en los meses próximos, reeditando, es de esperar en clave pacífica, las batallas de casi 40 años atrás que ocupan un lugar de privilegio en la versión kirchnerista de la historia del país. Si sólo fuera cuestión de poder político formal, el desafío planteado por Moyano no preocuparía demasiado al oficialismo que, además de contar con la autoridad moral procedente del resultado electoral, está en condiciones de hacer valer su superioridad numérica en el Congreso. Asimismo, mientras que por ahora la imagen pública de Cristina es muy buena, la de Moyano difícilmente podría ser peor; como diría el general Juan Domingo Perón, el camionero es un piantavotos. Así y todo, la lucha no es tan desigual como quisieran creer los incondicionales de Cristina que, según parece, se han convencido de que ha llegado la hora de aprovechar plenamente el triunfo que se anotaron en las urnas, aplastando cualquier foco de rebelión que les llame la atención. Mal que les pese, aun cuando los demás jefes sindicales se nieguen a acompañarlo, como jefe indiscutido de los camioneros Moyano es capaz de provocar una multitud de problemas; fue por esta razón que Néstor Kirchner lo eligió como aliado estratégico. Moyano también cuenta con “aliados estratégicos” importantes: una tasa de inflación muy elevada, el ajuste poselectoral que el gobierno ha comenzado a aplicar y que no tardará en hacerse sentir en los inmensos barrios depauperados del conurbano bonaerense y la amenaza planteada por la crisis mundial. Mucho ya ha cambiado a partir del 23 de octubre y no sorprendería que la fase inicial del segundo período presidencial de Cristina se viera caracterizado por un grado descomunal de conflictividad social. De ser así, el famoso “relato” de la presidenta resultaría contraproducente, por basarse en el triunfalismo económico, en la manipulación descarada de las estadísticas y en la convicción aparente de que el país seguirá haciéndose cada vez más próspero y más consumista gracias a un “modelo” que apenas se verá afectado por las calamidades del resto del planeta que, de tomarse en serio la propaganda kirchnerista, está enfermo de neoliberalismo. La situación sería otra si el gobierno hubiera tomado la precaución de advertirnos que el país tendría que enfrentar una etapa muy dura y por lo tanto todos deberían prepararse para hacer sacrificios, pero por suponer que un mensaje así tendría consecuencias electorales negativas optó por difundir uno mucho más optimista, lo que lo pone en desventaja frente a sindicalistas que no vacilarán en acusar a Cristina de despreciar al pueblo trabajador y de estar más que dispuesta a obligarlo a pagar buena parte de los costos del ajuste, privándolo de las “conquistas” conseguidas, según tradicionalistas como Moyano, gracias a la militancia de peronistas auténticos sinceramente comprometidos con el gobierno de Perón que, según el camionero, fue con mucho “el mejor de la historia” y por lo tanto muy superior al de Cristina.

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