Cuidar animales y viajar por el mundo sin pagar hospedaje: como funciona el housesitting
Cuidar perros, gatos y otros animales puede convertirse en una oportunidad para conocer nuevos destinos y culturas. A través de voluntariados con familias y refugios, es posible colaborar algunas horas al día a cambio de alojamiento y otros beneficios.

Viajar por el mundo no siempre implica reservar un hotel, organizar excursiones o recorrer cada destino por cuenta propia. También existen alternativas que permiten conocer otros lugares desde una experiencia cotidiana: convivir con familias, compartir sus rutinas y colaborar en el cuidado de sus animales. Para quienes sienten una especial afinidad por las mascotas, convertirse en cuidador puede abrir una puerta a nuevas experiencias.
Las oportunidades son variadas. Algunas familias necesitan a alguien que pasee a sus perros, juegue con ellos y se ocupe de su alimentación mientras trabajan. Esa actividad se conoce como housesitting. Otras buscan una persona que permanezca en su casa durante sus vacaciones, cuide a las mascotas y se encargue de algunas tareas domésticas. Estas estadías pueden extenderse desde una semana hasta varios meses.
También existen voluntariados en refugios y protectoras de animales rescatados. En esos espacios, las tareas pueden incluir la alimentación, la limpieza de los sectores donde viven, el acompañamiento y la atención de animales que necesitan cuidados especiales. En todos los casos, el compromiso es fundamental: no se trata solamente de compartir tiempo con perros y gatos, sino de asumir la responsabilidad por su bienestar.
Qué se necesita para cuidar animales
No siempre hace falta contar con un título o una formación profesional para comenzar, aunque conocer el comportamiento animal y sus necesidades básicas es una ventaja. Existen cursos en línea que permiten adquirir herramientas sobre alimentación, salud y psicología animal. También es posible sumar experiencia a través de colaboraciones voluntarias en refugios de la propia ciudad.
Entre las habilidades más importantes se encuentran la empatía y la paciencia. Cada animal tiene su propio carácter, sus tiempos y experiencias previas, por lo que es necesario respetar sus reacciones y construir un vínculo de confianza. La capacidad de observación también resulta clave para reconocer cambios de comportamiento que puedan advertir sobre algún problema de salud.
La responsabilidad incluye, además, saber cómo actuar ante una emergencia. Antes de aceptar una propuesta, es importante conocer los datos del veterinario de referencia, las indicaciones de alimentación, los horarios y cualquier cuidado especial que requiera el animal. La comunicación con la familia anfitriona o con los responsables del refugio permite evitar malentendidos y establecer con claridad las tareas.
Cómo viajar cuidando animales por el mundo
Esta modalidad de viaje con alojamiento gratuito ha crecido tanto en los últimos años, que cada vez podemos encontrar más webs dedicadas a poner en contacto a dueños y cuidadores. En todas ellas hay que crearse un perfil, bien sea de cuidador, bien de propietario, explicando profusamente quiénes somos, nuestra experiencia cuidando animales o nuestra disponibilidad para ello. Cuando haya un “match”, una conexión entre propietario y cuidador, es altamente probable que el propietario quiera hacer una entrevista al segundo, que normalmente será por videollamada.
Una de las plataformas que reúne este tipo de oportunidades es Worldpackers, donde se publican propuestas de voluntariado con familias y refugios de distintos países. La modalidad consiste en colaborar algunas horas al día y recibir, a cambio, alojamiento y, según cada acuerdo, beneficios adicionales como comidas o actividades.
La plataforma tiene presencia en más de 140 países y ofrece experiencias en diferentes ámbitos, desde hostels y granjas orgánicas hasta centros holísticos y proyectos vinculados con el cuidado animal. De esta manera, quienes buscan viajar con un presupuesto más ajustado pueden reducir uno de los principales gastos de cualquier recorrido: el hospedaje.
En algunas plataformas es obligatorio pagar una cuota que funciona como pago de seguridad y primer filtro para que solo personas realmente interesadas en hacerse cargo de animales entren en la comunidad. Esta membresía oscila entre los 30 y los 80 euros y suele pagarse una sola vez, anualmente.
Por ese precio sale menos viajar, considerando lo que cuesta el alojamiento durante, por ejemplo, una semana, en una casa en la playa. Y ahora, la pregunta del millón: Si hago housesitting, ¿me sale todo el viaje gratis? La respuesta es “no”. Lo único que no pagaremos es alojamiento, pero los pasajes, la comida y el resto de gastos que implique esa salida correrán a nuestro cargo.
Otras páginas populares en el mundo para practicar housesitting son House Careers, además de Trusted Housesitters, una de las que cuenta con más usuarios y en la que es más fácil encontrar casa, Mindmyhouse, de las más baratas, Rover, que se orienta más al cuidado de perros, o la española Gudog, una de las plataformas más exclusivas, ya que sólo admiten al 15 % de los aspirantes a cuidadores. No es obligatorio inscribirse en solitario, ya que se puede hacer en pareja o con familia.
Antes de postularse, conviene leer con atención las condiciones de cada propuesta, revisar qué tareas incluye, cuántas horas de colaboración exige y qué beneficios ofrece. También es importante evaluar si la experiencia y las habilidades propias se corresponden con las necesidades de los animales que estarán a cargo.
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