Wolverine en la tierra de los samurais
Hugh Jackman vuelve a ponerse en la piel del superhéroe mutante.
Liliana Martínez Scarpellini (DPA)
Cuando una saga como “X-Men” alcanza su sexta entrega es porque el apetito por sus personajes y su particular estilo no ha decaído ni mucho menos. Y esto ha beneficiado en gran medida a Marvel Comics y al hombre que se ha metido en la piel de superhéroe en varias ocasiones, Hugh Jackman, que ahora vuelve con “ Wolverine inmortal”, que se estrena mañana en la región. De ella se ha dicho que puede ser la mejor de todas las películas hasta la fecha, una que despertó mucho interés desde sus comienzos por el hecho de haber estado en manos de un guionista como Christopher McQuarrie y con Darren Aronofsky listo para dirigirla. Pero una serie de imprevistos, como el terremoto de Japón de marzo de 2011, provocaron variaciones en la producción de la cinta y un cambio de manos. James Mangold pasó a reemplazar a Aronofsky y el guión, en principio inspirado en la obra de Akira Kurosawa, dio un giro hacia lo que ha terminado siendo una cinta de acción pero con mucha carga sobre el argumento. En este caso, el personaje interpretado por Jackman, ya más que habituado a las patillas y las armas punzantes del lobo mutante, viaja a Japón tras los eventos de la anterior cinta, “X-Men: The Last Stand”, donde se encuentra con un viejo conocido. Ese encuentro tiene consecuencias muy negativas para él, como el hecho de perder la inmortalidad y tener que enfrentarse a muerte contra los samurais. Es un factor muy novedoso que altera completamente el discurso de la cinta. “Logan se da cuenta de que todo el mundo al que quiere se muere, y que su vida está llena de dolor. Así que al final prefiere escapar de todo”, explica el propio Jackman. El protagonista aduce que Logan “está en su punto más bajo, un lugar fantástico para empezar a construir esta historia”. Así, de todos los poderes mutantes, se decanta por la posibilidad de teletransportarse de un lugar a otro. Tras una década interpretando al personaje, el actor australiano admite que “nunca pensó que llegaría tan lejos”. “Pero debo reconocer que desde que me metí de lleno en “X-Men” mi sueño siempre fue llegar a esta parte, la ambientada en Japón”. Para Mangold, la parte física es muy importante por la estética que aporta la película. “Pero sin perder la capacidad del drama, algo a lo que siempre he estado acostumbrado por mis trabajos anteriores”. Jackman explica que ser parte del universo “X-Men” le obligó a realizar importantes cambios en su dieta para ganar peso y consistencia. Su colega Dwayne Johnson le aconsejó consumir 6.000 calorías al día a base de mucha carne, arroz y pollo, que con el debido ejercicio se convirtieron en masa muscular. Eso y el entrenamiento le ayudaron a adaptarse a las exigencias del guión, en una historia que de acuerdo a la productora Lauren Schuler-Donner está centrada en la relación entre Wolverine y Mariko, la hija del líder del crimen organizado japonés y lo que pasa en el país nipón. Es un marco en el que el personaje de Jackman aprende nuevas técnicas de combate frente a un despliegue samurai, ninja, katana y otras formas de artes marciales y combates mano a mano. Por eso la etapa final del rodaje tuvo lugar en Tokyo y otras partes de la geografía japonesa, además de Gales y Australia. Todo para un presupuesto superior a los 100 millones de dólares y con expectativas de hacer caja como las anteriores entregas.
Con un guión inspirado en la obra de Akira Kurosawa, este filme pone mucho acento en el argumento.
Liliana Martínez Scarpellini (DPA)
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