El maíz, una herramienta clave para la eficiencia en la producción bovina
La ingeniera agrónoma María Gabriela Garcilazo, del INTA Valle Inferior, explica cómo el uso estratégico del maíz en la dieta de los bovinos permite mejorar la ganancia de peso, acortar los ciclos productivos y lograr una mejor calidad de carne, siempre que se respete el manejo nutricional y el período de adaptación de los animales.
El maíz ocupa un lugar central en la alimentación bovina por su alto aporte energético. Así lo señala la Ing. Agr. María Gabriela Garcilazo, técnica del INTA Valle Inferior, quien remarca que el grano es fundamental tanto en sistemas de recría como de terminación, aunque su uso debe ajustarse a cada categoría animal y objetivo productivo.
“El principal aporte del grano de maíz es la energía”, explica Garcilazo. Su alto contenido de almidón lo convierte en una fuente concentrada que favorece el desarrollo corporal y, especialmente, la acumulación de grasa, un factor determinante en la etapa final previa a la faena. Sin embargo, advierte que no se trata solo de incorporar maíz, sino de saber cómo, cuándo y en qué cantidad hacerlo.
Uno de los puntos clave es la forma de suministro del grano. El maíz puede ofrecerse entero, partido o molido, y la elección depende del peso del animal y del sistema de alimentación. En terneros de hasta 200 o 250 kilos, el grano entero suele ser bien aprovechado. En estos casos, el maíz funciona como un complemento dentro de dietas basadas en pasturas.
Cuando se trata de suplementar animales en pastoreo -por ejemplo, sobre alfalfa en otoño- y el maíz representa una porción menor de la dieta total, se recomienda utilizar el grano partido o molido. “En pequeñas cantidades, el animal lo aprovecha mejor de esa manera”, señala la técnica. En cambio, en los sistemas de engorde a corral, donde el maíz constituye la mayor parte de la ración, el uso de grano entero resulta imprescindible para evitar desórdenes digestivos.
El desafío del rumen y la adaptación
Más allá de la categoría, Garcilazo insiste en un concepto central: el bovino es un rumiante preparado para digerir forrajes. Su sistema digestivo funciona gracias a microorganismos adaptados al consumo de pasto. Cuando se reemplaza parte de ese forraje por grano, es necesario un proceso de adaptación.

“El riesgo aparece cuando el maíz se suministra de golpe”, explica la especialista. En esas condiciones, puede producirse acidosis ruminal, un trastorno metabólico provocado por la rápida fermentación del almidón y la caída del pH en el rumen. Dependiendo de la proporción de grano en la dieta, el período de acostumbramiento puede variar entre 15 y 25 días.
En este marco, comienzan a incorporarse nuevas tecnologías nutricionales, como el uso de complejos enzimáticos o multienzimáticos que se mezclan en la ración y facilitan la digestión del almidón. Estas herramientas permiten acortar el período de adaptación e incluso iniciar dietas con grano desde el primer día, reduciendo el riesgo de problemas digestivos. Experiencias recientes mostraron resultados positivos, sin registros de acidosis en los animales suplementados.
Energía no es todo: el rol de la proteína
Otro aspecto fundamental es el equilibrio nutricional. El maíz aporta energía, pero no cubre todos los requerimientos del animal. “Hablamos de dietas balanceadas, que respondan a lo que cada categoría necesita”, explica Garcilazo.

En animales jóvenes, como terneros en recría, la demanda de proteína es elevada porque están formando musculatura. En estos casos, el maíz debe complementarse con fuentes proteicas adecuadas. En cambio, en animales en terminación, la prioridad es la energía, ya que el objetivo es el engrasamiento final antes de la faena.
«El grano es una herramienta estratégica para la producción bovina, siempre que se aplique con conocimiento, planificación y respeto por la fisiología del animal».
También existen diferencias entre el maíz grano seco y el maíz húmedo. Este último, que se ensila antes de alcanzar la humedad de cosecha del grano seco, presenta una mayor disponibilidad del almidón en el rumen. “Es más blando y las bacterias acceden más rápido, lo que libera energía con mayor velocidad”, explica. Por ese motivo, su manejo requiere aún más cuidado para evitar acidosis.
Más eficiencia y mejor carne
Desde el punto de vista productivo y económico, la inclusión de maíz en dietas de terminación permite acortar los ciclos y aumentar la ganancia diaria de peso. Aunque el grano tiene un costo, el balance suele ser positivo: más kilos en menos tiempo y una mejor calidad de res.
“El uso del maíz bien manejado nos asegura eficiencia y previsibilidad”, concluye. En definitiva, el grano es una herramienta estratégica para la producción bovina, siempre que se aplique con conocimiento, planificación y respeto por la fisiología del animal.
Para profundizar en estos aspectos, se realizará el 1° Encuentro de Maíz Bajo Riego en la Norpatagonia, el próximo 5 de marzo en la Cámara Frutícola Agraria de Cervantes (Río Negro), de 8 a 17.30 horas. La jornada técnica reunirá a productores, asesores y especialistas con el objetivo de analizar estrategias para maximizar el rendimiento del maíz en la región, optimizar el manejo del riego y recorrer a campo distintos híbridos adaptados a las condiciones patagónicas. La participación será gratuita, con inscripción previa.
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El maíz ocupa un lugar central en la alimentación bovina por su alto aporte energético. Así lo señala la Ing. Agr. María Gabriela Garcilazo, técnica del INTA Valle Inferior, quien remarca que el grano es fundamental tanto en sistemas de recría como de terminación, aunque su uso debe ajustarse a cada categoría animal y objetivo productivo.
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