Día del Consumidor: El impacto de la Ley de etiquetado frontal en nuestra salud

Cómo la Ley 27.642 y la educación alimentaria son herramientas clave para combatir enfermedades crónicas y fomentar un consumo responsable en Argentina.

Redacción

Por Redacción

Por Prof. Lic. Samuel B. García – Nutricionista / MP:108



El 15 de marzo se celebró el Día Internacional del Consumidor, Argentina debe reafirmar su compromiso con derechos esenciales: información clara, protección sanitaria y acceso a alimentos saludables. Este día nos recuerda que no somos pasivos ante el mercado, sino actores clave en la construcción de un sistema alimentario más justo y protector.

Más que simples compradores, somos ciudadanos responsables de nuestra salud y la de nuestras comunidades. En un país donde las enfermedades crónicas no transmisibles (como obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión) afectan a millones, urge adoptar una mirada crítica hacia lo que comemos. Factores como el sedentarismo y el consumo excesivo de ultraprocesados agravan esta realidad, pero herramientas como el etiquetado frontal nos fortalece para cambiarla.


La Ley de Etiquetado Frontal (Ley 27.642), es un pilar clave en esta batalla. Sus octágonos negros advierten de manera visible sobre exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías en ultraprocesados, haciendo la información accesible de un vistazo. Por ejemplo, un paquete de galletitas que antes parecía «saludable» por su envase colorido ahora muestra «alto en azúcar» y «alto en grasas saturadas», permitiendo comparar opciones en el supermercado. Estudios de la Universidad de Buenos Aires (2024) indican que un alto porcentaje de los consumidores ya modifican sus compras tras leer estos sellos, reduciendo la ingesta de productos críticos.


Educación alimentaria: Entender para decidir



El etiquetado solo es el comienzo, la educación alimentaria es esencial para entender la información y transformarla en acción concreta. Siendo esenciales los Programas de Entornos Escolares Saludables y la incorporación de contenidos específicos en los diseños curriculares de todos los niveles del sistema educativo.

El etiquetado solo funciona con educación alimentaria, la lucha contra las enfermedades crónicas exige alfabetización nutricional desde la infancia hasta la adultez. Un niño que identifica un «alto en azúcar» en un jugo envasado es un triunfo en la lucha contra las enfermedades crónicas.


Más que consumidores, seamos ciudadanos, exijamos políticas públicas más robustas, apoyemos productores locales de alimentos frescos y promovamos entornos saludables. Transformemos en un hábito: revisar las etiquetas al comprar, cocinemos con conciencia priorizando ingredientes naturales, y elijamos opciones locales. ¡Informados y saludables!


Por Prof. Lic. Samuel B. García - Nutricionista / MP:108

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