El día después del temporal en Chimpay: «es muy triste porque la gente vive de las chacras»
El temporal sorprendió al anochecer y dejó daños en viviendas, servicios y producción.RÍO NEGRO recorre las calles del Valle Medio y en diálogo con los vecinos, reconstruye como la caída de árboles, techos volados y pérdidas en chacras marcan el día después del temporal.

Chimpay amaneció entre ramas y árboles caídos, cables de luz colgando, sectores sin electricidad ni agua, clases suspendidas y una sensación de miedo que todavía se respira. La tormenta duró poco, pero en cuestión de minutos arrasó con todo. Durante la noche, los bomberos trabajaron sin descanso para despejar caminos, y apenas salió el sol, el municipio y distintas organizaciones salieron a la calle para empezar a reconstruir lo que quedó.
Antes de comenzar la jornada, el intendente Gustavo Sepúlveda habló con Laura Budimir, de FM Ceferino. “Como todos saben, anoche tuvimos una tormenta muy fuerte, con mucha piedra y viento, que afectó a varias familias. Hubo voladuras de techos, roturas de vidrios y, en muchos casos, también entró agua a las viviendas”.
Sobre los primeros relevamientos, explicó: “Anoche registramos al menos tres casas muy afectadas. Hay mucho por hacer”. Y pidió precaución: “Tengan mucho cuidado al circular por las calles porque hay muchos cables colgando y en el suelo. Es muy peligroso. Anoche el personal de EdERSA hizo lo que pudo, pero eran pocos y había muchísimo trabajo”.

El jefe comunal no dudó en dimensionar lo ocurrido: “Fueron apenas 10 o 15 minutos, pero realmente devastadores. Los vecinos más grandes dicen que hacía años que no se veía algo así”. En zonas rurales y barrios, el impacto fue desigual pero contundente. “La colonia Santa Gregoria quedó prácticamente aislada por la caída de árboles. En el barrio Unión también hay cortes de luz y daños importantes. Hay pinos y otros árboles caídos, así que el trabajo que tenemos por delante es grande”.
RÍO NEGRO llegó al Valle Medio y, en diálogo con vecinos, reconstruyó cómo se vivieron esos minutos de agua y piedra que parecieron eternos. “En nuestro caso, ya estábamos algo anticipados por lo que podía pasar porque habíamos visto un video de la localidad vecina de Chelforó. Al menos yo, en mi casa, empecé a desenchufar cosas pensando que iba a ser solo lluvia”, cuenta Micaela.

Pero lo que llegó fue otra cosa. “Cuando empezó la tormenta fue todo inmediato, entre las 20:10 y las 20:20. Empezó a caer piedra con un viento muy fuerte. Salí a cerrar un postigo que había quedado abierto y me golpeó un poco en las piernas, pero nada grave, solo golpes”.
Adentro, la casa también sintió el impacto. “Se empezó a filtrar agua, por la misma intensidad de la piedra”, dice. En el patio, una rama cayó con fuerza: “Se desprendió parte de un árbol y tiró un poste”. El recuerdo todavía le pesa. “Fue mucha angustia, mucho miedo. Por suerte no pasó nada más serio. Hubo daños materiales, como techos y autos, pero dentro de todo son cosas que se pueden recuperar”.
A pocas cuadras, Pedro y Patricia Gamboa miran su casa como si no fuera la misma. El temporal arrancó de raíz el techo y dejó las chapas esparcidas por la zona. “Es un peligro, porque no sabés dónde terminan. Algunas llegaron hasta las vías”, cuentan. A pesar de todo, repiten el mismo alivio que se escucha en el pueblo: “Gracias a Dios no pasó nada más grave, ningún vecino salió lastimado”.

Los relatos coinciden en la violencia del fenómeno. “Decían que las piedras eran grandes y que, cuando empezó el viento, parecía como un tornado. Ahí fue cuando se levantaron las chapas y se las vio volar”, explican. Al momento de la tormenta, la casa estaba vacía. “Por suerte no había nadie. Nuestra hija había estado durante la mañana, pero a la tarde se fue a la chacra. Había alerta amarilla y preferimos que no se quedara sola”.
El agua entró por las ventanas, pero el golpe más fuerte fue el techo. También, la respuesta inmediata. “Los vecinos nos llamaron. Vinieron enseguida el intendente, la Policía y los Bomberos. Estuvimos trabajando hasta las tres de la mañana”, dicen.
Uno de los servicios más comprometidos es el agua potable. Ramón Bastías, a cargo de la cooperativa de agua local, lo explica: “Hoy estamos complicados con el servicio porque, al caerse los cables de energía, no podemos hacer funcionar las bombas para suministrar agua potable”. El trabajo es contrarreloj. “Tanto nuestro personal como la gente de EdERSA están trabajando para poder restablecer el servicio durante el día”.

Desde el municipio, la asistencia se organiza con todos los sectores. “Quienes necesiten ayuda pueden comunicarse con Desarrollo Social, conmigo directamente o con Bomberos y la Policía. Estamos trabajando de manera articulada a través del COEM para dar respuestas”, indicaron.
Pero el golpe más profundo está en la producción
“En muchas chacras ya quedaba poca fruta, y con esto prácticamente se pierde todo. Ha sido una temporada muy dura”, advirtió el intendente. Y el impacto no es solo económico: “Esto afecta no solo a los productores, sino también a los trabajadores que esperan la temporada para hacer una diferencia. Va a ser un invierno complicado”.
Ramón Bastías, también vinculado a la actividad, lo resume sin rodeos: “Fue un temporal terrible, que afectó a toda la comunidad. Todo lo que es alfalfa y fruta fue muy golpeado. A la mayoría de las empresas las afectó mucho y seguramente esto va a marcar el final de la temporada en la zona”.

En su caso, además, el daño fue directo. “Yo tengo una granja educativa para chicos, con animales. Nos rompió todo el espacio donde la gente se reúne, con mesas. Se cayó parte de un nogal y también los pinos altos que tenemos desde hace más de 40 años. A uno lo arrancó de raíz”.
La conclusión, en boca de los propios protagonistas, es contundente: “Ya hay comentarios firmes de algunas empresas que dan por terminada la temporada. Fue algo muy atípico: unos 20 minutos de granizo grande, con mucha agua y un viento muy fuerte. Eso destruyó tanto la alfalfa, hortalizas, como la fruta, la manzana y la pera que quedaba”.
En Chimpay, el día después no es solo de limpieza y reparación. Es, también, el inicio de una cuenta más larga, la de las pérdidas, la de la reconstrucción y la de un invierno que, esta vez, se anticipa más difícil.

Chimpay amaneció entre ramas y árboles caídos, cables de luz colgando, sectores sin electricidad ni agua, clases suspendidas y una sensación de miedo que todavía se respira. La tormenta duró poco, pero en cuestión de minutos arrasó con todo. Durante la noche, los bomberos trabajaron sin descanso para despejar caminos, y apenas salió el sol, el municipio y distintas organizaciones salieron a la calle para empezar a reconstruir lo que quedó.
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