De arreglar PC en bicicleta a ser expertos de Apple en Neuquén: la historia de dos hermanos que llevan15 años de éxito

Lo que comenzó como un favor entre amigos se convirtió en un referente del ecosistema en la región. Los hermanos Salazar construyeron un proyecto basado en autogestión, calidad y cercanía, donde la tecnología es inversión y el trato humano sigue siendo el principal diferencial en plena era digital.

Por Martina Sehmsdorf

La historia de los hermanos Gabriel y Daniel Salazar empieza con una mochila, una bicicleta y un objeto que en 2011 parecía sacado de una película de ciencia ficción: el iPhone. Por aquellos años, ver el logo de la manzana en el Alto Valle era una rareza; quien tenía uno, probablemente lo había traído del exterior.

Los comienzos y lo que cambió el rumbo del negocio


“Arrancamos casi sin buscarlo”, recuerda Gabriel, de 41 años. En los inicios, Daniel recorría las calles de Neuquén en bicicleta brindando servicio técnico a domicilio. Fue un accidente doméstico de un amigo, Sergio, lo que cambió el rumbo del negocio. Se le había roto la pantalla de su teléfono y, en un mundo sin tutoriales ni repuestos, la reparación parecía imposible.

Los hermanos aceptaron el desafío, importaron la pieza y lograron lo impensado. Ese fue el kilómetro cero de una trayectoria que hoy cumple 15 años de vigencia, posicionándolos como pioneros en brindar soporte a la marca desde Mendoza y La Pampa hacia todo el sur argentino.

A diferencia de otros servicios técnicos que optaron por la multimarca o reparaban diversos electrodomésticos, los Salazar decidieron especializarse exclusivamente en Apple: MacBook, iMac, iPad y Apple Watch.

“Decidimos dar respuesta en un nicho de reparación y venta enfocado en la calidad. Es como tener un taller de Lamborghini: quien tiene un vehículo de esa magnitud, busca un lugar seguro”, explican.

Servicio técnico especializado: la base de estos 15 años


Aunque hoy son una tienda referente en ventas, el corazón del proyecto sigue siendo el servicio técnico especializado, la base que les dio el aval de estos 15 años. Bajo el lema “Estamos para que tu vida no se detenga”, los hermanos entienden que un equipo roto significa un negocio parado o una familia incomunicada. “Sabemos que si se rompe la compu, el celular o el reloj, se frena el día del cliente; por eso nos enfocamos en dar una respuesta profesional”, afirma Daniel.

Este camino no estuvo exento de obstáculos. Los emprendedores recuerdan épocas de economía compleja con trabas a la importación y, fundamentalmente, el impacto de la pandemia de Covid-19 en 2020. Paradójicamente, el confinamiento fue uno de sus periodos de mayor actividad. “Nunca trabajamos tanto”, aseguran. Con el mundo encerrado, la tecnología fue el único puente para estudiar y mantener el vínculo con los seres queridos. Los hermanos se volvieron facilitadores esenciales para familias que necesitaban poner a punto sus equipos para la nueva normalidad.

Más allá de la innovación, el fenómeno de Apple en nuestro país y en la Patagonia es una combinación de economía e identidad. En un mercado volátil, estos dispositivos han logrado posicionarse como una suerte de “moneda de refugio tecnológica”: son de los pocos que retienen su valor de reventa y son percibidos no como un gasto, sino como una inversión a largo plazo.

A esto se le suma un componente aspiracional innegable; hoy, el ecosistema de la manzana es la llave de entrada a un estándar estético y profesional. Poseerlo comunica pertenencia a una cultura de diseño y eficiencia indispensable para proyectar la marca personal en el mundo digital.

El diferencial humano frente al avance tecnológico 


A pesar de contar con una plataforma de e-commerce consolidada, para los dueños de Apple Style Neuquén el éxito no se mide solo en transacciones. Con la inauguración de su tienda en el centro de la ciudad, buscan recuperar el valor de la charla cara a cara.

“En esta época de tanta inteligencia artificial, el trato humano es nuestro diferencial”, señala Gabriel. La tienda recibe desde nativos digitales hasta adultos mayores que buscan asesoramiento para tareas que parecen simples, como una transferencia de datos o una configuración inicial. Para ellos, no es solo vender un equipo, sino acompañar al usuario en el uso diario.

Daniel recuerda una anécdota que resume esta confianza: “Una clienta jubilada estaba en un Apple Store de Miami y nos llamó a nosotros para preguntarnos qué equipo comprar. Confiaba más en nuestro criterio que en el del vendedor que tenía enfrente”.

Esta fidelidad se traduce en números: hoy la tienda cuenta con excelentes calificaciones en Google, alimentadas por comentarios reales de usuarios que los acompañan desde hace más de una década. “Ya atendemos a la segunda generación; vienen los hijos de aquellos primeros clientes”, comentan con orgullo.

Rincón con sello patagónico y para la comunidad


Una de las propuestas más innovadoras del nuevo local es el sector “Shot on iPhone”. Inspirado en las campañas globales de la marca, este rincón es un homenaje a la comunidad local. Allí se exhiben fotografías capturadas por los propios clientes con sus dispositivos, demostrando que no hace falta ser un profesional para lograr resultados increíbles.

Desde paisajes de la Patagonia hasta postales de Grecia o España, las fotos sin filtros ni retoques muestran la potencia de las cámaras de diversos modelos, desde los más antiguos hasta los últimos lanzamientos. Los hermanos invitan a todos los usuarios de la zona a compartir sus capturas a través de sus canales digitales (Instagram o WhatsApp) para formar parte de este museo vivo.

Al mirar hacia atrás, luego de 15 años de trabajo, la esencia se mantiene intacta: el compromiso de dos hermanos que supieron ver el futuro en una pantalla táctil y que hoy, consolidados, apuestan a seguir creciendo junto a su comunidad.



La historia de los hermanos Gabriel y Daniel Salazar empieza con una mochila, una bicicleta y un objeto que en 2011 parecía sacado de una película de ciencia ficción: el iPhone. Por aquellos años, ver el logo de la manzana en el Alto Valle era una rareza; quien tenía uno, probablemente lo había traído del exterior.

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