Maru, la maestra jardinera que convirtió un antiguo almacén de ramos generales en el primer hotel del pueblo
Maru Pechín dejó las aulas para rescatar una emblemática esquina de 1927. Restauró los pisos de pinotea originales, mantuvo viva la mística de la vieja peluquería del pueblo y transformó el turismo rural a 100 kilómetros de Buenos Aires.

En el kilómetro 92 de la Ruta Nacional Nº 3, cruzando el acceso «Presidente Raúl Alfonsín», el ritmo vertiginoso de la autovía se diluye por completo. Allí emerge Abbott, una apacible localidad del partido de San Miguel del Monte de calles de tierra y tardes silenciosas. En este rincón bonaerense de 600 habitantes, el paisaje urbano está dominado por tesoros arquitectónicos rescatados del olvido. El máximo exponente de esta tendencia es el flamante Hotel Abbott, un proyecto familiar que logró rescatar una esquina mítica de 1927 para transformarla en el primer y único hospedaje formal del pueblo, cambiando para siempre su matriz turística.
Los cimientos de una esquina con memoria
La estructura actual, levantada a finales de la década del 20, fue originalmente la residencia y motor comercial de la familia Lo Sasso. Bajo sus techos altos, Doña Rosa Morgante y sus hijos, Armando y Luis, dinamizaron la vida de una comunidad en pleno desarrollo.


Durante décadas, el lugar funcionó como el gran Almacén de Ramos Generales de la zona. En sus estanterías altas de madera se conseguía absolutamente todo lo necesario para la vida de campo: desde libros y perfumes hasta bazar y armería. En un sector de la propiedad funcionaba también la peluquería del pueblo, comandada por Armando. Por sus sillones de barbero pasaron las cabezas, los debates políticos y las anécdotas de generaciones de vecinos, forjando recuerdos que hoy flotan en el aire restaurado del lugar.
«Esta esquina fue siempre el corazón del pueblo. El desafío era devolverle la vida respetando esa mística», explica Maru Pechín, alma mater de la reconversión.
El giro de vida de una maestra jardinera
La transformación del espacio corre en paralelo a la de su mentora. Maru Pechín dejó atrás su profesión de maestra jardinera para convertirse en hotelera y anfitriona por intuición. Al frente de este proyecto familiar, volcó su energía en una restauración meticulosa: se recuperaron los pisos de pinotea originales, se sanearon los techos altos y se restauraron las imponentes puertas y ventanales que solían abrirse a los primeros pobladores.


El proyecto avanzó por etapas. Lo primero en abrir, en diciembre de 2022, fue el restaurante La Esquina. Comandado en cocina por Carolina Velázquez y Gabriela Pérez, el lugar rinde homenaje a los sabores del hogar con pastas amasadas a mano, pastel de papas, canelones y guisos invernales, además de tardes de té con tortas caseras.
Dos años más tarde, el sueño se completó con la inauguración del sector de hotelería. Con un diseño arquitectónico que rinde homenaje a las antiguas estancias bonaerenses, el hotel cuenta con 11 habitaciones amplias decoradas en una paleta de blancos y marrones rústicos. El acceso a los cuartos se realiza a través de una clásica galería semicubierta —ideal para la lectura o unos mates— que enmarca las vistas hacia un extenso parque con piscina y un horizonte verde.
Un suelo forjado por pioneros y leyendas
Para entender el valor de esta esquina, es necesario desandar la historia profunda de Abbott. Los orígenes de estas tierras se remontan a 1771 como un paraje de paso, pero la consolidación llegó a principios del siglo XIX de la mano de Don Pablo Galván, amigo personal de Juan Manuel de Rosas, quien estableció allí su pulpería: “la esquina de Galván”, paso obligado de carretas y receptoría del primer correo. El territorio respira épica criolla: en las cercanías aún se evoca la existencia de un jagüel colonial donde descansó el General Juan Lavalle en su histórico avance hacia Navarro.
Hacia 1855, las tierras fueron adquiridas por Don Santiago Craig, quien introdujo el primer alambrado de la zona en 1876. Sería finalmente su viuda, Doña Arvina López de Craig, quien donaría las cinco hectáreas para que el Ferrocarril del Sud construyera la estación local, obra a cargo del ingeniero inglés Samuel Abbott, cuyo apellido bautizaría al pueblo.
Hitos del patrimonio de Abbott
- 1912: El singular destacamento policial de la época, donde el suboficial encargado del orden público vivía y custodiaba el pueblo dentro de un vagón de tren adaptado en la parte sur de la estación.
- 1920: Fundación del Lawn Tennis Club, reflejo de la fuerte influencia británica ligada a los ingenieros ferroviarios.
- 1924: Inauguración de la Capilla Santa Margarita de Cortona, construida gracias a la donación de tierras de Margarita Cunniham de Garrahan y la colecta de los vecinos.
Del «turismo de paso» a la desconexión total
Hasta la apertura del hotel, la localidad carecía de infraestructura hotelera, limitando la experiencia del visitante a una escapada de pocas horas. Hoy, el Hotel Abbott invita a quedarse. Con servicios que incluyen desayuno buffet casero y bicicletas para recorrer las calles de tierra del pueblo en dos ruedas, la casona demuestra que los espacios históricos no precisan ser demolidos ni museificados en frío; pueden integrarse a la vida moderna a través de la cultura, la hospitalidad y el turismo sustentable.
Contacto: https://www.hotelabbott.com.ar/

En el kilómetro 92 de la Ruta Nacional Nº 3, cruzando el acceso "Presidente Raúl Alfonsín", el ritmo vertiginoso de la autovía se diluye por completo. Allí emerge Abbott, una apacible localidad del partido de San Miguel del Monte de calles de tierra y tardes silenciosas. En este rincón bonaerense de 600 habitantes, el paisaje urbano está dominado por tesoros arquitectónicos rescatados del olvido. El máximo exponente de esta tendencia es el flamante Hotel Abbott, un proyecto familiar que logró rescatar una esquina mítica de 1927 para transformarla en el primer y único hospedaje formal del pueblo, cambiando para siempre su matriz turística.
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