Llegó a la Patagonia sin experiencia en invernaderos, pero encontró su cultivo ideal y hoy cosecha un fruto que escasea en invierno en Valle Medio
César Rivarola es del norte de Argentina, de Formosa, y llegó a la Patagonia en 2009 en busca de un futuro. Hoy desarrolla unas 5.000 plantas de un fruto fino con alta demanda local, mantiene producción durante el invierno gracias a los microtúneles e invernaderos y proyecta sumar nuevos cultivos a su huerta en Valle Medio.
César Rivarola llegó a la Patagonia en 2009, desde entonces trabajó con distintos tipos de cultivos. Foto: Juan Thomes.
“Vine al Sur sin conocer nada y terminé encontrando mi lugar en la producción”, remarcó César Rivarola al repasar un camino que comenzó hace 17 años, cuando dejó Formosa y llegó a la Patagonia en busca de nuevas oportunidades.
Lo atrajeron el clima, el agua y las posibilidades productivas de una región muy distinta a la de sus tierras natales. Durante los primeros años trabajó en cosechas, chacras y distintos empleos temporarios, hasta que en 2016 decidió apostar por un proyecto propio y encontró su cultivo ideal en Valle Medio.
Del cultivo de huerta a las frutas finas en la Patagonia

La relación con la tierra, sin embargo, venía de mucho antes. Su padre producía mandioca y maní en el norte argentino y fue allí donde nació su interés por la actividad. De los tres hermanos fue el único que eligió seguir el camino de la producción.
La decisión no estuvo exenta de desafíos. César nació sin una mano y durante años tuvo que abrirse paso en distintos trabajos rurales antes de iniciar su propio emprendimiento. Nunca habló de eso como una limitación.
“Como nací así, la cabeza ya la tengo preparada para hacer las cosas. Si algo no me sale de una forma, trato de buscarle la vuelta. Lo único que no puedo es agarrar algunas cosas, pero para trabajar nunca me impidió nada»,
César Rivarola, productor de Choele Choel.
Con esa misma lógica fue construyendo su recorrido en el Valle Medio. Cuando decidió iniciar ese camino apostó por distintos cultivos. Arrancó con zapallos junto a un amigo y más tarde incorporó tomates, morrones, melones, sandías, berenjenas y otras hortalizas.“Fui probando de todo un poco”, recordó César.

La participación en ferias le permitió conocer mejor la demanda local y observar qué productos tenían más potencial dentro de la zona de Choele Choel. Con el tiempo advirtió que algunos cultivos tenían una oferta muy amplia. Entonces comenzó a buscar alternativas que le permitieran diferenciarse. Fue allí donde aparecieron las frutillas.
“En la feria somos dos nomás los que llevamos frutilla, así que comencé a aprender más del fruto y me fue gustando más y más”, explicó César.
Cómo comenzó su pasión por el cultivo de frutas finas en Valle Medio
La historia comenzó casi por casualidad. Hace un año, su esposa llevó algunas plantas de la casa de una familiar con la intención de producir plantines de frutillas para vender tanto en la feria como a otros rubros en la ciudad.
César decidió reservarles un espacio y observar qué sucedía. Lo que parecía una prueba más entre tantas otras terminó cambiando el rumbo de su emprendimiento. “Las traje acá a la tierra y las puse para probar. Eran unas 70 plantas más o menos. Empezaron a sacar guía, después más guía y cuando me quise acordar tenía una cantidad impresionante de plantines. Nunca pensé que iba a terminar dedicándome a esto”, relató con gracia.

Hoy trabaja con variedades San Andreas, Albion y Aromas. A partir de aquellas primeras plantas logró desarrollar una producción cercana a las 5.000 unidades y se convirtió en uno de los pocos productores de frutilla que participan regularmente en las ferias de la zona.
“Voy mirando, leyendo y después pruebo. Algunas cosas salen bien y otras no, pero así fui aprendiendo. Lo bueno es que nunca terminás de aprender y si le ponés actitud siempre podés seguir”,
César Rivarola, productor de Choele Choel.
Además de producir la fruta, aprendió a multiplicar plantines y seleccionar las variedades que mejor se adaptan a las condiciones del Valle Medio. Ese proceso también incluyó una gran cantidad de pruebas y error que César admite con humildad. “Un mes se me murieron casi todas las plantas que estaban produciendo”, recordó sobre una enfermedad que afectó gran parte del cultivo.
Sin embargo, logró recuperarlo a partir de algunos ejemplares que sobrevivieron. “Quedaron algunos plantines abajo y fui sacando de ahí para volver a arrancar. Todo lo que está acá viene de aquellas plantas que sobrevivieron, son fuertes ahora”, explicó con orgullo César.
Producción en microtúneles e invernaderos: la innovación que fortaleció su proyecto de fruticultura en Valle Medio
Para mejorar los resultados incorporó micro y macrotúneles con acompañamiento técnico del INTA. Estas estructuras permiten proteger las plantas, adelantar cosechas y extender los períodos de producción. La diferencia puede verse incluso en pleno invierno. Mientras la mayoría de los productores ya finalizó la temporada, César continúa cosechando frutillas de buen tamaño.
“Es el primer año que tengo frutillas a esta altura. Ya estamos casi a fines de junio y sigo sacando algo. Cuando en campo ya no hay, por ahí seguís teniendo producción debajo de los túneles”, sostuvo el productor.

El aprendizaje fue, en gran medida, autodidacta. “No tengo asesor, todo lo aprendo por internet y después vengo acá y hago ensayo. Voy mirando, leyendo y después pruebo. Algunas cosas salen bien y otras no, pero así fui aprendiendo”, explicó César.
Además de las frutillas produce verduras de hoja, brócoli, repollos y repollitos de Bruselas. Durante el invierno son esos cultivos los que sostienen buena parte de los ingresos familiares, hasta que vuelve la temporada fuerte de la fruta fina.

Las frutillas, en tanto, continúan encontrando mercado incluso fuera de temporada. Parte de la producción llega a verdulerías, comercios y hoteles de la región.
Junto a su esposa, que está embarazada, y su hijo vive en una chacra prestada. En ese predio levantó los túneles, multiplicó los plantines y construyó el emprendimiento que hoy representa su principal fuente de ingresos.
A sus 38 años sigue pensando en el futuro. Le gustaría incorporar frambuesas y arándanos para ampliar la oferta de frutas finas. También sueña con construir un invernadero que le permita potenciar la producción de verduras de hoja. “Me gustaría conseguir un lugar propio y crecer como productor. Hace varios años que la vengo cultivando acá, siempre quiero conocer más lugares, probar más cultivos, me gusta mucho”, explicó.

Y aunque todavía tiene proyectos por delante, hay una idea que sigue guiando cada decisión que toma en la chacra. “En esto nunca terminás de aprender y si le pones actitud siempre podes seguir”, resumió el productor de Choele Choel.
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“Vine al Sur sin conocer nada y terminé encontrando mi lugar en la producción”, remarcó César Rivarola al repasar un camino que comenzó hace 17 años, cuando dejó Formosa y llegó a la Patagonia en busca de nuevas oportunidades.
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