Orgullo intacto y reconocimiento
Muñiz, Buenos aires
Alejandro De Muro
DNI 5.081.245
demuroalejandro4@gmail.com
Mi primera desazón deportiva la sufrí en 1958, con apenas 10 años, después del denominado “Desastre de Suecia”. Nuestra Selección había quedado fuera del Mundial, en primera ronda, y padecido un humillante 6 a 1 ante Checoslovaquia.
Mi nieto Manuel, con 12 años, tuvo el privilegio de ver la consagración del elenco Albiceleste en Qatar y, hace horas, la obtención del subcampeonato ante el mejor rival del torneo. Habrá que reconocerlo.
El equipo de Scaloni se despidió con una actuación deslucida pero que no afecta, sin embargo, un desempeño general meritorio. Hubo remontadas y, en muchos casos, victorias épicas. Se perdió sin escatimar esfuerzos.
De partidario, casi avergonzado, he pasado a ser hincha confeso y exultante. Mérito atribuible, en gran parte, a Menotti y a Bilardo que hicieron posible una favorable alteración en el ánimo de millones de argentinos de mi generación.
Durante décadas, mi modelo a seguir fue Brasil con Pelé a la cabeza. Ahora, los tiempos han variado y los rendimientos no solo son otros sino que nuestra ventaja, sobre la Verdeamarela, además de notoria, se ha vuelto incuestionable.
Jugadores de la talla de Di Stefano y Pedernera, mucho tiempo atrás, y de Riquelme y Ortega, más recientemente, no lograron ninguno de los tres lauros ecuménicos. No sería mala idea, en función de lo mucho que se prodigaron por la divisa nacional, hacerlos virtuales copartícipes de los títulos obtenidos.
El fútbol argentino asiste, a pesar del circunstancial 1 a 0 ante España, a un magnífico cambio de era. A un merecido regocijo después de tantos años de frustración. Celebremos.
Muñiz, Buenos aires
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