Cómo saber si el cansancio que sentís es estrés o falta de sueño: las señales que ayudan a diferenciarlos

Sentirse agotado no siempre significa que necesites dormir más. El estrés también puede provocar una sensación constante de cansancio. Especialistas explican cuáles son las diferencias entre ambos y qué señales conviene observar para saber qué le está pasando realmente al cuerpo.

Redacción

Por Redacción

Hay días en los que cuesta levantarse de la cama, mantener la concentración o llegar con energía al final de la jornada.

Hay días en los que cuesta levantarse de la cama, mantener la concentración o llegar con energía al final de la jornada.

Hay días en los que cuesta levantarse de la cama, mantener la concentración o llegar con energía al final de la jornada. En esos casos, la explicación parece sencilla: «estoy cansado». Sin embargo, detrás de esa sensación pueden esconderse causas muy distintas.

Aunque muchas personas asocian el agotamiento exclusivamente con dormir poco, los especialistas advierten que el estrés también puede generar una fatiga intensa, incluso en quienes descansan varias horas por noche. La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) y la Asociación Americana de Psicología (APA) coinciden en que ambas situaciones pueden compartir síntomas, pero tienen mecanismos diferentes y requieren soluciones distintas.

Cuando el problema es la falta de sueño


La falta de sueño aparece cuando una persona no duerme las horas suficientes o cuando el descanso pierde calidad y deja de ser reparador.

Según la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) y la Sleep Research Society, los adultos deberían dormir al menos siete horas por noche de manera habitual para favorecer un adecuado funcionamiento del organismo y reducir el riesgo de distintos problemas de salud.

Cuando el cansancio está relacionado con dormir poco, suelen aparecer síntomas como:

  • bostezos frecuentes;
  • dificultad para mantener los ojos abiertos;
  • necesidad constante de dormir una siesta;
  • sensación de pesadez física;
  • menor capacidad de concentración;
  • olvidos o distracciones;
  • reflejos más lentos.

Una característica importante es que la energía suele recuperarse después de una o varias noches de buen descanso.

Cuando el origen puede ser el estrés


El estrés produce un efecto diferente.

Aunque el cuerpo esté agotado, el cerebro permanece en estado de alerta. Muchas personas describen esta situación diciendo que están «cansadas, pero no pueden apagar la cabeza».

La Asociación Americana de Psicología (APA) explica que el estrés sostenido activa los mecanismos de respuesta del organismo y puede provocar síntomas físicos y emocionales como:

  • pensamientos repetitivos;
  • preocupación constante;
  • irritabilidad;
  • tensión en cuello y hombros;
  • dificultad para relajarse;
  • despertares durante la noche;
  • sensación de estar siempre «acelerado».

En estos casos, dormir más horas no siempre alcanza para recuperar la energía.

¿Por qué el estrés también genera agotamiento?


Cuando una persona atraviesa una situación estresante, el organismo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina.

En condiciones normales, estas sustancias ayudan a responder frente a desafíos o amenazas. El problema aparece cuando permanecen elevadas durante semanas o meses.

El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) señala que el estrés crónico mantiene al organismo en un estado permanente de activación, lo que incrementa el desgaste físico y emocional y favorece la aparición de fatiga persistente.

Por eso muchas personas sienten que están exhaustas aunque hayan dormido una cantidad razonable de horas.

Cinco preguntas para saber qué puede estar ocurriendo


Si bien un diagnóstico siempre debe hacerlo un profesional, responder estas preguntas puede orientar el origen del cansancio.

1. ¿Dormiste menos de siete horas durante varios días?

Si la respuesta es sí, probablemente exista una deuda de sueño.

2. ¿Te cuesta dormir o te cuesta mantenerte despierto?

Las personas con estrés suelen tener dificultades para relajarse al acostarse.

Quienes tienen falta de sueño, en cambio, generalmente sienten que podrían quedarse dormidos en cualquier momento.

3. ¿Tu cabeza sigue funcionando cuando llega la hora de dormir?

Si aparecen listas mentales, preocupaciones o pensamientos que no lográs detener, el estrés podría estar desempeñando un papel importante.

4. ¿Después de dormir bien seguís igual de cansado?

Si el agotamiento persiste a pesar de descansar correctamente durante varios días, es posible que el origen no sea solamente la falta de sueño.

5. ¿Tenés otros síntomas físicos?

Dolores musculares, molestias digestivas, contracturas, dolor de cabeza o palpitaciones suelen acompañar períodos prolongados de estrés.

Muchas veces ocurren al mismo tiempo


Los especialistas recuerdan que estrés y falta de sueño suelen retroalimentarse.

La National Sleep Foundation explica que dormir poco aumenta la respuesta del organismo frente al estrés, mientras que el estrés dificulta conciliar un sueño profundo y reparador.

Como consecuencia, se genera un círculo vicioso: cuanto peor dormimos, más vulnerables somos al estrés; y cuanto más estrés acumulamos, peor descansamos.

Qué hábitos ayudan a recuperar la energía


Independientemente de cuál sea el origen del cansancio, existen medidas que favorecen un mejor descanso.

La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda:

  • mantener horarios regulares para acostarse y levantarse;
  • evitar el uso del celular y otras pantallas durante la última hora antes de dormir;
  • reducir el consumo de cafeína durante la tarde;
  • realizar actividad física de forma regular;
  • practicar ejercicios de respiración o relajación antes de acostarse;
  • escribir las preocupaciones o las tareas pendientes para el día siguiente, una estrategia que ayuda a disminuir la rumiación mental.

Cuándo conviene consultar al médico


Si el cansancio dura varias semanas, empeora con el tiempo o interfiere con el trabajo, el estudio o las actividades cotidianas, es importante buscar una evaluación médica.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recuerdan que la fatiga persistente también puede estar relacionada con anemia, alteraciones de la tiroides, apnea del sueño, déficit de vitaminas, depresión u otras enfermedades que requieren diagnóstico y tratamiento.

En definitiva, sentirse agotado no siempre significa que haga falta dormir más. A veces el cuerpo necesita descanso; otras veces, lo que necesita es bajar el nivel de estrés. Aprender a reconocer las diferencias puede ser el primer paso para recuperar la energía y mejorar la calidad de vida.


Hay días en los que cuesta levantarse de la cama, mantener la concentración o llegar con energía al final de la jornada. En esos casos, la explicación parece sencilla: "estoy cansado". Sin embargo, detrás de esa sensación pueden esconderse causas muy distintas.

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