¡Atención, amantes de los gatos! Descubrieron una nueva especie en Bolivia después de 100 años

Un ejemplar criado por error como mascota doméstica en los Yungas reveló tras un estudio genómico histórico que pertenece a una especie totalmente nueva para la ciencia, reordenando el árbol genealógico de los felinos sudamericanos. La investigadora principal no descarta que su territorio pueda extenderse hacia el norte de Argentina, abarcando provincias como Jujuy.

Redacción

Por Redacción

Foto: Reuters.

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Durante más de un año, una familia común en Bolivia vivió bajo la absoluta convicción de que estaba cuidando, alimentando y criando a un simple e inofensivo gato doméstico. El animal consumía habitualmente huevos y pastas, pero al mismo tiempo manifestaba conductas peculiares como acechar gallinas, emitir maullidos completamente diferentes a los habituales y comportarse con los instintos propios de un depredador natural.

Esa convivencia cotidiana en el ámbito rural dio pie a una revelación científica monumental que fue publicada formalmente en la prestigiosa revista Current Biology. El descubrimiento no solo representa la identificación de la primera nueva especie de felino silvestre descrita en más de cien años, sino que además transforma por completo la manera en que la ciencia comprende la diversidad oculta de los pequeños felinos manchados del continente.


El origen del misterio: la mascota que revolucionó a la ciencia


Según relató Nat Geo, la historia de este ejemplar comenzó cuando un hombre local lo encontró siendo apenas una cría de pocos meses sobre una carretera próxima a una zona boscosa en la ecorregión de los Yungas de Bolivia. El poblador decidió llevarlo a su vivienda familiar convencido de que se trataba de una raza doméstica común. Tras aproximadamente un año de convivencia en el ámbito doméstico con este animal claramente salvaje, la familia comprendió que lo mejor para el ejemplar era trasladarlo a un refugio especializado, derivándolo finalmente al Santuario de Vida Silvestre Senda Verde.

Fue en ese santuario subtropical donde la bióloga boliviana Paola Nogales-Ascarrunz, exploradora de National Geographic y fundadora del Programa de Investigación de Félidos Bolivia, recibió en 2016 un aviso sobre la llegada de lo que describieron como «un gato extraño». Como investigadora principal, acudió a observar al animal de cerca y quedó profundamente fascinada por sus rasgos singulares. En esa primera visita, la especialista le tomó un centenar de fotografías al ejemplar, que se trataba de un macho de 10 años de edad.

Foto: Reuters.

En cuanto a sus características físicas, el felino posee un rostro pequeño y arrugado, orejas cortas y redondeadas, bigotes sumamente largos y un pelaje cubierto de manchas grandes con forma de rosetas similares a las de los leopardos. Mide aproximadamente 46 centímetros desde la cabeza hasta el extremo del cuerpo y pesa solo unas 3 libras (1,3 kilogramos), lo que lo hace notablemente más pequeño que un gato doméstico promedio.

Los pobladores locales lo conocen como «tilcayo» debido a que los abuelos de la comunidad utilizaban ese término, aunque la palabra no posee un significado particular ni en español ni en el idioma quechua. En un principio, los científicos asumieron que se trataba de un miembro de la especie Leopardus tigrinus, conocida comúnmente como tigrino, oncilla o gato tigre.


La profunda reestructuración del árbol genealógico felino


El verdadero giro en la investigación ocurrió en 2019, mientras la bióloga preparaba un folleto educativo sobre los felinos de Bolivia y notó que las rosetas de su felino fotografiado eran mucho más grandes que las de las fotos de referencia procedentes de la vecina Brasil. Al pensar que había algo completamente erróneo en la clasificación tradicional, y tras perfeccionar sus habilidades en el análisis genético, Nogales-Ascarrunz se asoció con el genetista Eduardo Eizirik —de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, quien lleva unos 25 años intentando ordenar todo el género Leopardus— y con el investigador coautor Jonas Lescroart, de la Universidad de Amberes.

Para resolver el enigma genético, los especialistas recurrieron a una técnica conocida como museómica, la cual hace posible extraer y secuenciar el ADN guardado en especímenes de colecciones científicas antiguas de museos para compararlo con muestras de animales vivos. El equipo secuenció los genomas completos de 38 individuos pertenecientes al género Leopardus. Esta inmersión profunda en la genética demostró que lo que antes se consideraba una sola especie era en realidad un complejo de especies, recordando hitos previos como las evidencias de 2013 que dividieron a L. tigrinus en dos y la propuesta de 2024 que separó otra línea genética.

El nuevo estudio formaliza que el grupo de los gatos tigre sudamericanos está compuesto por al menos cinco especies distintas: Leopardus tilcayo, Leopardus guttulus, Leopardus emiliae, Leopardus pardinoides y Leopardus tigrinus.

Asimismo, describieron una nueva subespecie en Perú llamada Leopardus tigrinus antisuyo, caracterizada por un pelaje marrón amarillento, manchas estrechas y alargadas, y una cola fina que termina en punta.

El análisis genómico determinó que Leopardus tilcayo se separó evolutivamente de los demás gatos tigre hace aproximadamente 1,4 millones de años. Los investigadores también destacaron la extrema dificultad de estudiar a los pequeños gatos silvestres, los cuales son muy buenos ocultándose al punto de que un espécimen de museo fue originalmente catalogado como un margay hasta que la dirección de los pelos de su nuca permitió identificarlo correctamente como gato tigre.

Foto: Nat Geo.

Los vacíos de conocimiento y los desafíos de conservación


A pesar de la magnitud histórica que implica haber hallado la primera nueva especie de felino desde el gato de los pajonales en 1923, todavía existen numerosos interrogantes básicos sobre la vida cotidiana de Leopardus tilcayo.

Hasta el momento se desconoce con precisión qué comen exactamente en libertad, cuáles son sus depredadores, cómo se reproducen y cuál es el tamaño poblacional real o la distribución geográfica completa de la especie. Si bien se confirmó que habita en la ecorregión de los bosques nubosos de los Yungas sobre la pendiente oriental de la cordillera de los Andes, la investigadora principal no descarta que su territorio pueda extenderse hacia el norte de Argentina, abarcando provincias como Jujuy.

El único ejemplar identificado con absoluta certeza permanece bajo cuidado permanente en el refugio Senda Verde —donde es llamado cariñosamente Tigrino— debido a que la impronta humana adquirida durante su crianza inicial y los problemas derivados de su dieta precaria le impiden regresar a su hábitat natural.

Debido a que los pequeños gatos silvestres son excepcionalmente difíciles de avistar y las cámaras trampa remotas a menudo no aportan suficientes evidencias distintivas, el equipo impulsa nuevos registros genéticos y fotográficos. Eizirik advierte que al comprobarse que los gatos tigre no son una sola especie sino cinco, cada una debe ser evaluada de manera independiente para su conservación. Esta necesidad de protección se vuelve urgente frente a las amenazas graves que sufren los Yungas, tales como la deforestación, las quemas destinadas a la agricultura, la minería de oro y los conflictos letales con los pobladores locales por ataques a aves de corral.


Durante más de un año, una familia común en Bolivia vivió bajo la absoluta convicción de que estaba cuidando, alimentando y criando a un simple e inofensivo gato doméstico. El animal consumía habitualmente huevos y pastas, pero al mismo tiempo manifestaba conductas peculiares como acechar gallinas, emitir maullidos completamente diferentes a los habituales y comportarse con los instintos propios de un depredador natural.

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