«Mis amigos dicen que estoy loco»: compró un vagón de subte abandonado por $700.000 y lo convirtió en su casa de fin de semana

Juan Iriarte buscaba una opción económica y la encontró en un depósito. Instaló el vagón en Canning, el corredor que más crece al sur del Gran Buenos Aires.  Mide 50 metros cuadrados y tras la restauración tiene tres dormitorios y lo disfruta a pleno con su familia.

Redacción

Por Redacción

Así es «El andén», con su estética de antigua estación.

Juan Iriarte, de 47 años, adquirió un vagón de subte de la Línea B —fabricado en Japón en 1957— por un valor de $700.000. El coche se encontraba en un depósito de Pilar, en estado de abandono desde 2016. La idea de este proyecto surgió durante el aislamiento por la pandemia; antes de dar con los vagones, Juan y su esposa evaluaron otras alternativas metálicas y económicas para aprovechar el terreno, como casas container y silos agrícolas reciclados.

-Estaba hecho un desastre y a la intemperie, con grafitis y con los vidrios rotos. Había que tratarlo con mucho cariño y con visión a futuro -explicó sobre el estado inicial de la unidad.

Así estaba el vagón.

Lo trasladó a un terreno en Canning, el 5 de agosto de 2021. Antes de ingresar la estructura al barrio privado que crece en uno de los corredores de mayor expansión al sur del Gran Buenos aires, debió realizar trabajos previos de pintura por exigencia de la administración:

-Me dijo que «te lo dejo traer si está bien arregladito». Por eso yo me iba hasta el depósito a pintarlo antes de que lo instalaran acá -contó.

En un momento intentó aplicarle un revestimiento texturado de color naranja, pero la chapa del vagón se dilata y flexiona tanto con los cambios de temperatura que terminó agrietando el material.


La colocó un revestimiento texturado pero se agritaba y debió pintarlo de gris otra vez.

Por eso, tuvo que volver a pintarlo de gris y usar una membrana líquida especial para lograr resistencia. Dos grúas posicionaron finalmente el vehículo sobre durmientes.

Cocina, comedor y living integrados.

El habitáculo mide 18 metros de longitud por 2,63 de ancho, abarcando una superficie de 50 metros cuadrados. Las labores de acondicionamiento demandaron tres meses:

-La obra fue fácil, ya tenía aberturas y todo. Fue hacer la división de los pisos, la conexión de agua y de luz. Es una casa que funciona -señaló.

El diseño interior comprende tres dormitorios, un baño, cocina, living y comedor. La capacidad de hospedaje alcanza a ocho personas mediante cuchetas y un sofá cama. En el exterior se ubican un deck, una parrilla y una pileta.

La pileta y el deck, ideales para los fines de semana.

El deck que construyó con sus propias manos no es solo una galería, sino que fue pensado adrede para simular un andén de estación de tren, completando la temática ferroviaria.

Juan y una obra que le da orgullo.

Respecto al comportamiento térmico del material metálico, indicó: «Por más aire acondicionado que tenga, es un horno. De noche, la chapa se enfría tanto que dormís tapado». Junto a su familia, viajan todos los viernes desde la Ciudad de Buenos Aires hasta Canning y regresan los domingos, disfrutando del lugar como un refugio clásico de descanso.

Sobre el impacto del proyecto y sus planes a futuro, concluyó entre risas: «Mis amigos me dicen que estoy loco. Si me gano el Loto, me compro un terreno en Punta del Este y llevo dos vagones».


Así es "El andén", con su estética de antigua estación.

Juan Iriarte, de 47 años, adquirió un vagón de subte de la Línea B —fabricado en Japón en 1957— por un valor de $700.000. El coche se encontraba en un depósito de Pilar, en estado de abandono desde 2016. La idea de este proyecto surgió durante el aislamiento por la pandemia; antes de dar con los vagones, Juan y su esposa evaluaron otras alternativas metálicas y económicas para aprovechar el terreno, como casas container y silos agrícolas reciclados.

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