Bajo las sombrillas
RÍO NEGRO
La partida de Víctor Sodero Nievas del Superior Tribunal de Justicia quedará seguramente asociada en el recuerdo de los rionegrinos a la excentricidad de quien durante 13 años integró el máximo organismo provincial de Justicia. En el último año de su gestión, Sodero sobrevivió al estupor virulento del gobierno por su insólita intromisión, a horas de producido el homicidio del exgobernador Carlos Soria. Y logró luego que el gobernador pagara el costo de salvarlo de un juicio político que él mismo había pedido y que reunía acusaciones suficientes para poner fin a una carrera judicial. De modales afables y dotado de un particular sentido de la justicia que nunca le impidió acomodar sus fallos a sus preferencias políticas, el futuro del justicialista exsocio de Miguel Pichetto que durante años custodió los intereses de los gobiernos radicales en Río Negro es una incógnita. ¿Lejos de la política? Parece poco probable que cumpla con su declarado propósito. Para quien ha buscado y logrado protagonismo, la vida doméstica suele volverse insoportable. En la Justicia rionegrina, su partida es el fin de una etapa: la que el abogado de Sierra Grande marcó junto con Alberto Balladini y Luis Lutz, tan permeables como él a las orientaciones y preferencias del poder político, y que ya dejaron su lugar. Para el gobierno de Alberto Weretilneck, la oportunidad de cubrir una vacante en el STJ llega ensombrecida por el fracaso que le asestó la Legislatura el 19 de octubre a su deseo de incrementar a cinco el número de jueces del organismo judicial. No ha perdido las esperanzas de lograrlo. Y, para eso, es probable que aproveche su alianza con un sector del radicalismo y evite más costos personales respaldando con sigilo la iniciativa presentada por Bautista Mendioroz y Marta Milesi. Si logra que el internismo en el Frente para la Victoria deje de ser un impedimento a sus deseos, el éxito de la ampliación –si bien difícilmente implique para la Justicia un mejoramiento de la calidad y sí, en cambio, un mayor gasto– le permitiría satisfacer la reivindicación localista de Cipolletti. Esto, porque ya se comprometió a no impedir que la vacante que acaba de generar Sodero Nievas sea cubierta por otro profesional de la Primera Circunscripción. Sin embargo, otras son las urgencias de Weretilneck por estos días. La crisis institucional y política en Bariloche amainó su furia inicial, pero sigue mostrando picos de desacuerdos profundos. El juego de poder allí se centra, por un lado, en el proceso de revocatoria del intendente Omar Goye, que marcha a paso lento en un Concejo Municipal más ocupado en la agenda de la actual gestión interina y, por el otro, en imaginar una futura elección anticipada que, por ahora, no tiene objeto, fecha ni marco político. Si hasta hace unos días el sacrificio del chivo expiatorio en un evidente “todos contra Goye” unificaba a los sectores políticos , hoy el escenario es diferente. El protagonismo que asume poco a poco María Eugenia Martini es ahora lo que define posicionamientos. Y se hace evidente que las diferencias internas del Partido Justicialista siguen allí, donde estaban, e incrementadas en nivel. Y que también permanecen inalterados los desacuerdos que impidieron en Bariloche la conformación del Frente para la Victoria por resistencia del Frente Grande. Carlos Valeri, que afrontó una elección general cuando el poder de Soria convocaba a sellar la alianza, se siente ahora “recargado” tras el fracaso de la gestión de Goye y seguro candidato si se plantea una sucesión definitiva vía elecciones. Por eso, hará poco para que la intendenta interina Martini logre dar un rápido shock de ordenamiento y eficiencia a la castigada comuna del bello enclave turístico. El peronismo local le desconfía a Valeri y concentra dudas sobre qué hará al respecto el gobernador. ¿Cumplirá con el enunciado apoyo a la gestión de Martini o, en cambio, privilegiará los intereses de su partido, aun cuando el bienestar general de la ciudad quede atrapado en el fuego cruzado del conflicto entre ambas posiciones? Martini, con el respaldo de Miguel Pichetto y de Martín Soria, busca su lugar, diferenciándose de Valeri y de Gennuso, de Pueblo, su también aliado pero probable competidor. Dadas las circunstancias, es lógico suponer que, más allá del destino político de Martini, mucho del futuro de la ciudad dependa de la habilidad con que ella logre sobreponerse a los problemas que plantean el gremio Soyem, el Concejo, el poder de las cooperativas de personas asistidas por el Estado, la crisis social y el desfinanciamiento de la administración municipal. Para esto, es probable que le tenga más fe al aval nacional que al provincial. También en Viedma el justicialismo tiene un dilema complejo. La inminente elección de jefe comunal abre una instancia inesperada de acción política en la capital de la provincia, la única ciudad importante que le dio la espalda al oficialismo en los últimos comicios, en el 2011. Allí ganó el radicalismo, traccionado por la buena imagen del recientemente fallecido Jorge Ferreira. Ahora ambas fuerzas tendrán que rendir examen. Y, en principio, lo harán el 10 de febrero, cuando definirán sus candidatos a la compulsa de marzo. La UCR elegirá entre José Luis Foulkes y Mario De Rege en elecciones internas abiertas a los independientes. Ese mismo día, el Partido Justicialista elegirá entre Mario Sabbatella y Marcelo Nervi en elección interna cerrada, sólo para afiliados. Si la UCR convoca más electores –algo bastante probable al incluir el padrón de independientes–, tendrá a su favor un factor psicológico para sumar a su anterior triunfo. El gobierno provincial se muestra desinteresado por el resultado de Viedma, porque sabe que es una apuesta difícil. Pero su desdén encubre que, de algún modo, el riesgo es mayor para Pichetto que para Weretilneck, ya que la capital es la ciudad de residencia habitual del senador. Para el radicalismo, conservar Viedma es, más que un desafío, una necesidad imperiosa. Y, según sea el candidato, se verán fortalecidos o debilitados los distintos sectores internos. Si Mendioroz no logra llevar a buen puerto su alianza con De Rege, es probable que deba resignar su conducción en el bloque parlamentario y que vea complicados sus sueños de ir por la gobernación en el 2015. Si Foulkes no consigue hacerse con la ventaja, será un duro golpe para el equipo que acompañó a Ferreira. La campaña, en tanto, se vive bajo los árboles de la costa del río Negro o protegida por las sombrillas en El Cóndor. Ningún sector desaprovecha la ocasión de dialogar con los electores, bronceador y mate de por medio. No falta tanto para el 17 de marzo, cuando Viedma defina quién será su futuro intendente.
alicia miller amiller@rionegro.com.ar
DE DOMINGO A domingo
La partida de Víctor Sodero Nievas del Superior Tribunal de Justicia quedará seguramente asociada en el recuerdo de los rionegrinos a la excentricidad de quien durante 13 años integró el máximo organismo provincial de Justicia. En el último año de su gestión, Sodero sobrevivió al estupor virulento del gobierno por su insólita intromisión, a horas de producido el homicidio del exgobernador Carlos Soria. Y logró luego que el gobernador pagara el costo de salvarlo de un juicio político que él mismo había pedido y que reunía acusaciones suficientes para poner fin a una carrera judicial. De modales afables y dotado de un particular sentido de la justicia que nunca le impidió acomodar sus fallos a sus preferencias políticas, el futuro del justicialista exsocio de Miguel Pichetto que durante años custodió los intereses de los gobiernos radicales en Río Negro es una incógnita. ¿Lejos de la política? Parece poco probable que cumpla con su declarado propósito. Para quien ha buscado y logrado protagonismo, la vida doméstica suele volverse insoportable. En la Justicia rionegrina, su partida es el fin de una etapa: la que el abogado de Sierra Grande marcó junto con Alberto Balladini y Luis Lutz, tan permeables como él a las orientaciones y preferencias del poder político, y que ya dejaron su lugar. Para el gobierno de Alberto Weretilneck, la oportunidad de cubrir una vacante en el STJ llega ensombrecida por el fracaso que le asestó la Legislatura el 19 de octubre a su deseo de incrementar a cinco el número de jueces del organismo judicial. No ha perdido las esperanzas de lograrlo. Y, para eso, es probable que aproveche su alianza con un sector del radicalismo y evite más costos personales respaldando con sigilo la iniciativa presentada por Bautista Mendioroz y Marta Milesi. Si logra que el internismo en el Frente para la Victoria deje de ser un impedimento a sus deseos, el éxito de la ampliación –si bien difícilmente implique para la Justicia un mejoramiento de la calidad y sí, en cambio, un mayor gasto– le permitiría satisfacer la reivindicación localista de Cipolletti. Esto, porque ya se comprometió a no impedir que la vacante que acaba de generar Sodero Nievas sea cubierta por otro profesional de la Primera Circunscripción. Sin embargo, otras son las urgencias de Weretilneck por estos días. La crisis institucional y política en Bariloche amainó su furia inicial, pero sigue mostrando picos de desacuerdos profundos. El juego de poder allí se centra, por un lado, en el proceso de revocatoria del intendente Omar Goye, que marcha a paso lento en un Concejo Municipal más ocupado en la agenda de la actual gestión interina y, por el otro, en imaginar una futura elección anticipada que, por ahora, no tiene objeto, fecha ni marco político. Si hasta hace unos días el sacrificio del chivo expiatorio en un evidente “todos contra Goye” unificaba a los sectores políticos , hoy el escenario es diferente. El protagonismo que asume poco a poco María Eugenia Martini es ahora lo que define posicionamientos. Y se hace evidente que las diferencias internas del Partido Justicialista siguen allí, donde estaban, e incrementadas en nivel. Y que también permanecen inalterados los desacuerdos que impidieron en Bariloche la conformación del Frente para la Victoria por resistencia del Frente Grande. Carlos Valeri, que afrontó una elección general cuando el poder de Soria convocaba a sellar la alianza, se siente ahora “recargado” tras el fracaso de la gestión de Goye y seguro candidato si se plantea una sucesión definitiva vía elecciones. Por eso, hará poco para que la intendenta interina Martini logre dar un rápido shock de ordenamiento y eficiencia a la castigada comuna del bello enclave turístico. El peronismo local le desconfía a Valeri y concentra dudas sobre qué hará al respecto el gobernador. ¿Cumplirá con el enunciado apoyo a la gestión de Martini o, en cambio, privilegiará los intereses de su partido, aun cuando el bienestar general de la ciudad quede atrapado en el fuego cruzado del conflicto entre ambas posiciones? Martini, con el respaldo de Miguel Pichetto y de Martín Soria, busca su lugar, diferenciándose de Valeri y de Gennuso, de Pueblo, su también aliado pero probable competidor. Dadas las circunstancias, es lógico suponer que, más allá del destino político de Martini, mucho del futuro de la ciudad dependa de la habilidad con que ella logre sobreponerse a los problemas que plantean el gremio Soyem, el Concejo, el poder de las cooperativas de personas asistidas por el Estado, la crisis social y el desfinanciamiento de la administración municipal. Para esto, es probable que le tenga más fe al aval nacional que al provincial. También en Viedma el justicialismo tiene un dilema complejo. La inminente elección de jefe comunal abre una instancia inesperada de acción política en la capital de la provincia, la única ciudad importante que le dio la espalda al oficialismo en los últimos comicios, en el 2011. Allí ganó el radicalismo, traccionado por la buena imagen del recientemente fallecido Jorge Ferreira. Ahora ambas fuerzas tendrán que rendir examen. Y, en principio, lo harán el 10 de febrero, cuando definirán sus candidatos a la compulsa de marzo. La UCR elegirá entre José Luis Foulkes y Mario De Rege en elecciones internas abiertas a los independientes. Ese mismo día, el Partido Justicialista elegirá entre Mario Sabbatella y Marcelo Nervi en elección interna cerrada, sólo para afiliados. Si la UCR convoca más electores –algo bastante probable al incluir el padrón de independientes–, tendrá a su favor un factor psicológico para sumar a su anterior triunfo. El gobierno provincial se muestra desinteresado por el resultado de Viedma, porque sabe que es una apuesta difícil. Pero su desdén encubre que, de algún modo, el riesgo es mayor para Pichetto que para Weretilneck, ya que la capital es la ciudad de residencia habitual del senador. Para el radicalismo, conservar Viedma es, más que un desafío, una necesidad imperiosa. Y, según sea el candidato, se verán fortalecidos o debilitados los distintos sectores internos. Si Mendioroz no logra llevar a buen puerto su alianza con De Rege, es probable que deba resignar su conducción en el bloque parlamentario y que vea complicados sus sueños de ir por la gobernación en el 2015. Si Foulkes no consigue hacerse con la ventaja, será un duro golpe para el equipo que acompañó a Ferreira. La campaña, en tanto, se vive bajo los árboles de la costa del río Negro o protegida por las sombrillas en El Cóndor. Ningún sector desaprovecha la ocasión de dialogar con los electores, bronceador y mate de por medio. No falta tanto para el 17 de marzo, cuando Viedma defina quién será su futuro intendente.
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