ANALISIS: Un final de gira sin el desenlace esperado

Por Redacción

Casualidad o indirecta, Gordon Brown decidió invitar a un grupo de historiadores a la comida que compartió en Downing Street con George W. Bush.

Entre la sopa de guisantes con menta y el roast beef, el presidente de Estados Unidos habrá tenido tiempo para preguntarse, en el último día de su gira de despedida por Europa, por el lugar que él mismo ocupará en la historia. Y es que el encuentro de Bush con los viejos socios, incluyendo un desayuno con su amigo personal Tony Blair, puso fin a un viaje que para muchos tuvo carácter de nota necrológica.

La reseña del presidente, que abandonará el cargo dentro de medio año, no podía quedar completa sin referencia a las protestas de sus críticos, que también en Londres volvieron a sonar fuerte. Miles de opositores a la guerra salieron a las calles en el barrio gubernamental con carteles con lemas como «terrorista» y «criminal de guerra». Hubo 25 detenidos. El estadounidense insistió en defender su guerra contra el terrorismo y se mostró indiferente a su notable impopularidad tanto en Estados Unidos como en Europa. «En este mundo no puedes ser líder si te mueves por algo tan cambiante como los datos de un sondeo de popularidad», declaró a la cadena británica Sky News.

Contradiciendo las especulaciones de la prensa sobre presuntas disonancias entre Londres y Washington, Bush y Brown se mostraron alegres alegres y en armonía. El estadounidense incluso conversó con el hijo pequeño del premier, que después agradeció con efusión su compromiso contra el terrorismo y elogió las brillantes relaciones entre Reino Unido y Estados Unidos. A Bush también le habrá gustado que Brown anunciara un aumento de tropas británicas en Afganistán: Estados Unidos lleva tiempo luchando por que los europeos refuercen su compromiso en este país. Un politólogo bromeó que, a este ritmo, el tejano terminará por sentirse cómodo con el premier: al final Brown logrará ser tan impopular como Bush.