“Antídoto contra el populismo”

Por Redacción

Afortunadamente para el futuro de los argentinos, en los últimos tiempos diversos pensadores han hecho foco en el populismo, ubicando este fenómeno como la causa fundamental de la anémica institucionalidad republicana, equidad social y desarrollo económico que padecemos. Para graficar respecto de la gravedad que esa patología política tiene en nuestro país, con acierto se la ha catalogado como una verdadera religión ( Aleardo F. Laría. “La Religión Populista”. Ed. Nuevohacer. 2011). Es bastante evidente que la gran mayoría de nuestra dirigencia política todavía no se ha percatado de ello ni de su gravedad y así, en mayor o menor medida, oficialistas y opositores día a día irresponsablemente abrevan en la turbia religión del populismo. Si coincidimos en que el populismo es la causa de la decadencia tanto institucional como socioeconómica de nuestro país, la pregunta que se impone es cómo encontraremos el camino para superarlo, teniendo en consideración que la cultura política ampliamente mayoritaria del país se encuentra atenazada por el discurso y las prácticas populistas. Una religión laica como el populismo ha calado tan hondo en la cultura argentina no sólo por lo que se practica en la política sino, en mayor medida, por lo que se piensa. En consecuencia, es imposible abandonarla si antes no se percibe con claridad que por este camino se nos aleja el futuro al que aspiramos para nosotros y nuestra descendencia. Ahora bien, ¿cómo los argentinos podrán asumir y comprometerse con un pensamiento político no populista, teniendo en cuenta que este discurso tiene una melodía muy seductora a los oídos de la mayoría porque nos ha arrullado desde la infancia con lo que de buena fe nos enseñaban nuestros padres y abuelos radicales o peronistas? Además, en nuestro país no sólo participan del festival populista los perdedores en el reparto de los bienes sociales sino también, y en mayor medida creo yo, ganadores, como por ejemplo los graduados universitarios que habitualmente son los grandes beneficiarios del sistema populista. Anunciaba en el título que debemos encontrar un antídoto al populismo que nos permita primero pensar de una forma distinta para después actuar en consecuencia. Ahora bien, ¿cuál es ese antídoto? Para quien esto escribe, se trata de pensar con una visión o estrategia de largo plazo –evaluar el país de las décadas pasadas y proyectar el de las próximas– porque en ese ámbito el pensamiento populista aparece con toda su intrínseca falsedad y nefastas consecuencias. En el corto plazo o en los temas de la coyuntura donde se mueve hoy todo el pensamiento y la acción política de la Argentina el discurso y las prácticas populistas son invencibles. En el terreno de las suposiciones no cuesta ningún esfuerzo imaginar a dónde iría a parar, por ejemplo, el capital político de casi todos los candidatos de las pasadas elecciones, si se expresaran con sincero conocimiento sobre lo que le hace falta al país, para que en las próximas décadas no continúe retrocediendo como ocurre desde hace por lo menos 70 años, según resulta de todos los indicadores internacionales de calidad institucional, social y económica. No se me escapa que, parafraseando a un célebre pensador del siglo pasado, alguien podría sostener que en el largo plazo todos estaremos muertos, lo que no obstante su obviedad resulta una expresión fuera de contexto, meramente demagógica y populista porque de lo que aquí se trata no es de nuestra propia satisfacción, sino de la de quienes nos sucederán. En síntesis: para salir de la trampa que nos vienen tendiendo desde las primeras décadas del siglo pasado quienes encarnan sólo distintas versiones del mismo populismo, me parece que debemos comenzar a pensar en una agenda para la Argentina de la próxima década y no sólo para las próximas elecciones, porque si seguimos enfrascados en el corto plazo, no estaremos muertos, pero nuestro país cada vez se alejará más del destino de calidad institucional, equidad social y desarrollo cultural y económico con el que todos soñamos. Eduardo del Río DNI 8.422.364 Zapala

Eduardo del Río DNI 8.422.364 Zapala