Argentina, más parecida a Grecia

Redacción

Por Redacción

ROLANDO CITARELLA (*)

La turbulencia económica que atraviesa el mundo no debería ser un serio problema para la Argentina. Sí lo es para gran parte del mundo desarrollado, con Europa a la cabeza, pero no para aquellos países en vías de desarrollo que, si bien no están tan bien como hace unos pocos años, claramente están en mejor situación que la que los caracterizó en la mayor parte del siglo anterior. Tal es la situación de China, India, el sudeste asiático y prácticamente toda Sudamérica. Pero lamentablemente no es el caso de Argentina. Hoy nuestro país, aunque aún no lo parezca, se parece más a España, Portugal o Grecia que a Chile, Brasil, Uruguay y, mucho menos, a China. ¿Pero dónde están las similitudes con aquéllos y dónde las diferencias con estos últimos? La diferencia con los asiáticos es obvia, ya que en términos de productos manufacturados no hay quien pueda competirles, por sus bajos costos, horas de trabajo y una clara aceptación de las reglas del sistema capitalista. Con nuestros vecinos, que también como nosotros son productores de alimentos y materias primas, las diferencias vienen por lado de la seguridad jurídica y el respeto por las reglas de juego, y quizás lo más importante es que no se nota en ellos un divorcio con el sistema capitalista, tal como se observa en Argentina. Es que nuestra dirigencia política ha decidido encarar nuevamente, a pesar de su rotundo fracaso, la implementación de un sistema alternativo al capitalismo. No es comunismo ni es capitalismo. Es una rara mezcla. En los últimos 25 años hemos visto caer como fichas de dominó todos los países europeos que abrazaban el comunismo. Y a China, el país más poblado del mundo, tomando el mismo camino, aunque de manera más pragmática, que en pocas líneas significa: hacer capitalismo pero hacia afuera, decir que todavía no son los tiempos del comunismo, como para dar la impresión de que no están borrando todo lo hecho por Mao. Las razones de la caída del comunismo se pueden reducir a una sola: finalmente nadie trabaja. Bajo esta realidad, la alternativa que encontró Argentina es: dos países dentro de uno. Un país que trabaja y produce bienes y servicios que se venden en el mercado interno y externo, y otro país que vive de los impuestos que se cargan sobre el primero. Esto en sí mismo no está mal, ya que aun en el país más capitalista hay bienes y servicios que deben ser provistos por el Estado y financiados con impuestos. El problema se produce cuando dicha relación entre el país privado-productivo y el estatal adquiere una proporción que no es sustentable. Históricamente en la Argentina, cuando el gasto público no llegaba ni al 30% del PBI, los funcionarios públicos eran personas capacitadas, con vocación de servicio, que no en pocos casos renunciaban a mejores ingresos en la actividad privada. Por el lado de los agentes públicos, había una aceptación tácita por parte de la sociedad de que sus remuneraciones tenían que ser sustancialmente más bajas que las del sector privado, teniendo en cuenta: a) un régimen laboral más aliviado, con menos horas de trabajo semanal, menos exigencias, más vacaciones, etcétera; b) un mejor régimen jubilatorio (a más temprana edad y con haberes acordes a los sueldos en actividad); y c) estabilidad a ultranza (los desempleados siempre son del sector privado). Pero hoy, con el gasto público superando el 40% del PBI, aquella situación de “equilibrio” ha desaparecido. Las condiciones a), b) y c) se siguen manteniendo, pero su contrapeso (menores salarios) ya no está. Hoy los sueldos de funcionarios y empleados públicos ya superan al promedio de los salarios privados. ¿Usted conoce a alguien que haya renunciado al empleo público por un mejor salario privado?; ¿cuántas personas conoce que, a su criterio, estén sacrificando ingresos por trabajar en el Estado? La realidad hoy indica que todos quieren “salvarse” consiguiendo un puestito en el Estado. Y esto no se sustenta. Y acá es donde nos parecemos a la Europa con problemas. Argentina es Grecia hace unos años o, dicho de otro modo, Grecia es hoy lo que será Argentina en poco tiempo si no se cambia el rumbo… Si es que aún estamos a tiempo de hacerlo. (*) Economista


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