Piedra, madera y vistas al mar: así es «Nuestro Amor», la casa de Eduardo y Elina Costantini en Uruguay

Construida en Punta Piedras, la vivienda apuesta por líneas simples, materiales naturales y ambientes abiertos que aprovechan las vistas privilegiadas del Atlántico.

Por Redacción

Ubicada frente al océano Atlántico, en una de las franjas más exclusivas de José Ignacio, Uruguay, la residencia que Eduardo y Elina Costantini bautizaron «Nuestro Amor» se presenta como una obra donde arquitectura, paisaje y diseño interior dialogan de manera permanente.

Implantada sobre un terreno privilegiado de Punta Piedras, con más de cien metros de frente al mar, la vivienda fue concebida para integrarse con el entorno costero y aprovechar al máximo las visuales hacia el océano, las formaciones rocosas y las puestas de sol que caracterizan a esta zona del departamento de Maldonado.

Una arquitectura pensada desde el paisaje


La obra fue diseñada por el arquitecto Diego Félix San Martín, quien trabajó junto a Eduardo Costantini bajo una premisa clara: respetar la esencia natural del lugar.

La casa se desarrolla sobre un lote de gran profundidad y se ubica a pocos metros del mar, protegida por las rocas que caracterizan la geografía de Punta Piedras. La implantación busca minimizar el impacto visual y potenciar la conexión con el paisaje mediante amplias superficies vidriadas y espacios exteriores que funcionan como una extensión natural de los ambientes interiores.

Según relató el empresario en distintas entrevistas, el proyecto se definió tras estudiar durante años las condiciones del terreno, los vientos predominantes, el recorrido del sol y las mejores perspectivas hacia el océano.

Piedra, madera y una estética de lujo relajado


Uno de los aspectos más destacados de la residencia es la selección de materiales nobles que refuerzan el vínculo con el entorno.

El revestimiento exterior en piedra dialoga con las formaciones rocosas de la costa, mientras que la madera aparece tanto en decks como en detalles constructivos y mobiliario, aportando calidez a una arquitectura de líneas contemporáneas.

La propuesta evita los excesos y apuesta por una estética minimalista, donde predominan los tonos neutros, las texturas naturales y una cuidada combinación entre rusticidad y sofisticación.

Interiores abiertos al mar


En el interior, la vivienda desarrolla una atmósfera serena marcada por la presencia constante del paisaje.

El living principal se organiza alrededor de grandes ventanales de piso a techo que enmarcan el horizonte marítimo. Un sofá modular de gran escala, mesas bajas de madera, textiles en fibras naturales y luminarias de diseño completan una composición que privilegia la comodidad sin resignar elegancia.

La paleta cromática se apoya en blancos, arenas, verdes profundos y maderas claras, generando una sensación de continuidad entre los espacios interiores y exteriores.

Los ambientes sociales se conectan directamente con una amplia galería revestida en piedra clara, equipada con sectores de estar y contemplación que desembocan en una piscina de borde infinito diseñada para fundirse visualmente con el mar.

El dormitorio como refugio frente al océano


La suite principal continúa el mismo lenguaje arquitectónico del resto de la vivienda.

Los amplios paños vidriados permiten que la luz natural y las vistas sean protagonistas, mientras que el mobiliario de líneas simples y los textiles claros refuerzan la sensación de calma.

La habitación fue concebida como un espacio de contemplación, donde el paisaje funciona como parte integral del diseño interior.

Una casa que combina arte, naturaleza y arquitectura


Más allá de sus dimensiones y comodidades —que incluyen gimnasio, oficinas privadas, múltiples dormitorios y áreas de descanso—, la residencia se destaca por una búsqueda arquitectónica que pone en valor la ubicación excepcional del terreno.

La presencia de obras de arte, los techos de gran altura, los espacios abiertos y la integración entre piedra, madera, agua y vegetación convierten a esta casa frente al mar en un ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea puede dialogar con el paisaje sin competir con él.

En José Ignacio, donde la naturaleza sigue siendo el principal atractivo, la vivienda de los Costantini encuentra su identidad precisamente en esa relación equilibrada entre diseño, confort y entorno.


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