Rocío construyó su casa de piedra y barro en un paraíso de Córdoba e inspira a muchas otras mujeres
Llegó a Achiras, un pequeño asentamiento en el monte cordobés, con poco más de 20 años y una hija de año y medio. De a poco, se animó a construir con sus propias manos su hogar con materiales naturales: "Creía que mo iba a poder, pero pude. Y si yo pude, otras pueden..."

Las sierras cordobesas tientan a cada vez más gente que se anima a construir su casa y vivir con más conexión con la naturaleza. Si días pasados te contábamos grandes experiencias como la de Momo Weich para levantar la suya o la aventura de Carina con sus 21 gloriosos metros cuadrados, hoy vamos a meternos en la historia de Rocío, que hizo con sus propias manos su hogar de piedra, adobe y madera. una movida de bioconstrucción que también pisa fuerte en la Patagonia.
Achiras, «La linda del sur cordobés»
Rocío se instaló en 2012 en Achiras, un pequeño asentamiento serrano en la provincia de Córdoba a 272 km de la capital provincial y a 70 km de la ciudad de Río Cuarto por la ruta provincial Nº 30.
Enclavada en las últimas estribaciones de las Sierras Comechingones, a 850 mts. sobre el nivel del mar, a Achiras le dicen «La linda del sur cordobés».




A su encantador circuito histórico, Achiras suma el atractivo de su entorno rural. Ese es el escenario donde Rocío empezó una aventura que nunca imaginó que llegaría tan lejos cuando llegó desde Buenos Aires en busca de una vida mejor.
De una carpa bajo los árboles a los cimientos de piedra
Todo comenzó en un terreno que no era más que un manto tupido de vegetación nativa. Sin asistencia profesional ni experiencia previa, Rocío se instaló bajo la copa de un árbol junto a su hija de un año.
«Yo llegué al valle en el 2012. No sabía qué iba a pasar, pero llegué y me armé la carpa por allá en un árbol. En ese momento tenía una hija de un año y vivíamos en una carpa y con una vida muy funcional. Solo usábamos lo necesario y pienso que es esto lo que te da vivir en un lugar así: tenés la oportunidad de vivir con lo imprescindible«, dijo en una entrevista con @CrónicasdelCambio-DMR.

A partir de ahí, el proceso de habitar el espacio exigió transformar el paisaje con técnicas de construcción natural.
En la bioconstrucción, las piedras de la zona cumplen un rol estructural vital: se utilizan habitualmente para los cimientos y las hiladas bajas, protegiendo los muros de la humedad del suelo y otorgando una base sólida capaz de sostener la estructura.
El pulso de la tierra: levantar paredes de barro
Sin maquinaria pesada ni planos complejos, Rocío asumió la obra completa mediante el trabajo artesanal y el esfuerzo físico bajo el sol.
«Yo levanté esta casa sola; yo puse todo el pulso. He levantado todas las paredes sola, la instalación de agua la he hecho sola… Son cosas que decía: ‘Esto yo no lo voy a poder hacer nunca’«, contó en ese mismo reportaje.
Esta autogestión total es uno de los mayores atractivos de la bioconstrucción con tierra, ya sea mediante adobes, quincha o tierra apisonada.
A diferencia de la construcción convencional con ladrillo cocido y cemento —altamente industrializada y costosa—, el barro permite que cualquier persona pueda aprender el oficio, amasar los materiales locales y levantar sus propias paredes, como explican los arquitectos que se dedican a la bioconstrucción.

Además, las propiedades de la tierra cruda aportan una gran ventaja habitacional: actúan como un potente aislante térmico natural que regula la temperatura interior, manteniendo el hogar fresco en verano y abrigado en invierno.
Autonomía y habitabilidad sin red
La elección de construir con los recursos del entorno suele ir de la mano de un estilo de vida autosuficiente. En el caso de Rocío, el proceso de consolidar su refugio requirió atravesar pruebas extremas, como convivir durante cuatro años sin suministro de electricidad. Lejos de ser un impedimento, la austeridad del refugio se transformó en el medio para lograr un bienestar profundo.
«Yo pensaba que mi sueño era la casa, pero, en realidad, la casa y la vida en el monte eran solo un medio para poder tener la felicidad y la gratificación de acompañar a mis hijas a crecer. Hoy, admiro que puedan estar con el teléfono; acordate que estuvimos 4 años sin luz», agregó.


Una inspiración para otras mujeres
Para Rocío, la bioconstrucción y la vida en el monte no son solo una elección arquitectónica, sino una ruptura con las rutinas urbanas y el consumo exacerbado: «Hay un montón de gente que sueña con esto. Se levantan, van enojados al laburo, toman cinco colectivos, hacen el mismo camino de vuelta y, al día siguiente, arrancan con la misma rutina. Eso no es vida», dice y recomienda salir al mundo a buscar otras alternativas..
Desde que comenzó a construir casas, cada vez más mujeres la siguen en las redes: se convirtió en una inspiración. Como dice ella: «Si otros podían, yo también. Y si yo puedo, otras pueden…»
Le escriben, le consultan, la apoyan y hasta una mujer, conmovida con su historia, se vino desde Ecuador para ayudarla con la obra. Entonces, se dio cuenta de que no estaba sola: aquella chica que llegó sin nada desde Buenos Aires se había convertido en una referencia en la búsqueda de lo que logró: una vida mejor.
Contacto: https://www.instagram.com/rocio.delasrosas/
Más info: De Música Rutera: https://www.youtube.com/watch?v=_ESxM7gMCOk

Las sierras cordobesas tientan a cada vez más gente que se anima a construir su casa y vivir con más conexión con la naturaleza. Si días pasados te contábamos grandes experiencias como la de Momo Weich para levantar la suya o la aventura de Carina con sus 21 gloriosos metros cuadrados, hoy vamos a meternos en la historia de Rocío, que hizo con sus propias manos su hogar de piedra, adobe y madera. una movida de bioconstrucción que también pisa fuerte en la Patagonia.
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