Mujeres al mando: romper el miedo sobre dos ruedas
De escuela de conducción a red de contención: el proyecto que busca derribar barreras culturales y abrir nuevas oportunidades. Belén Couso creó una comunidad que impulsa a cientos de colegas a aprender a manejar motos, ganar confianza y construir autonomía.
El mundo de las motos empieza a cambiar de la mano de iniciativas que buscan romper viejos esquemas. Una de ellas es Mujeres al Mando®, el proyecto creado por Belén Couso que combina formación, comunidad y acompañamiento para que más mujeres se animen a conducir.
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La propuesta no solo apunta a enseñar a manejar, sino a algo más profundo: “Aprender, animarse y por sobre todas las cosas perder el miedo”, una idea que atraviesa cada una de las actividades que impulsa la comunidad motoquera, la más grande de Latinoamérica.

De una experiencia personal a una comunidad
El origen del proyecto está directamente ligado a la propia historia de su fundadora. “Mujeres al Mando® nació a partir de mi propia experiencia. Cuando empecé a andar en moto, me encontré con un ambiente donde había muy pocas mujeres y casi todos los espacios de aprendizaje estaban pensados para hombres”, explica Couso.
Ese contexto marcó un punto de partida claro. “Muchas querían empezar, pero no sabían por dónde hacerlo, les faltaba confianza o simplemente no encontraban un lugar donde sentirse cómodas”, agrega. Frente a ese escenario, la respuesta fue crear un espacio propio: “Por eso decidí crear una comunidad donde las mujeres pudieran aprender, hacer preguntas sin miedo, capacitarse y compartir experiencias”.
Con el paso del tiempo, la iniciativa creció. “Ese espacio se transformó en una escuela de conducción, una comunidad y una red de apoyo que busca fomentar la autonomía, la seguridad vial y la independencia”, resume.
Barreras culturales y falta de información
A pesar de los avances, los obstáculos siguen presentes. “La principal barrera sigue siendo cultural. Todavía muchas mujeres creen que la moto ‘no es para ellas’ o reciben comentarios que las desaniman antes de empezar”, señala.
A esto se suman otros factores: “La falta de información confiable, el miedo a caerse o a manejar en el tránsito y, muchas veces, la ausencia de espacios de formación pensados desde una perspectiva más cercana y empática”.
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Incluso en etapas posteriores aparecen dificultades. “Existe mucha desinformación al momento de elegir una moto o el equipamiento adecuado, lo que puede generar frustraciones o incluso poner en riesgo la seguridad”, advierte. Frente a este panorama, el objetivo es claro: “Derribar todas esas barreras con capacitación, acompañamiento y una comunidad que impulsa en lugar de juzgar”.
Formación que transforma
La propuesta de Mujeres al Mando® abarca distintas instancias de aprendizaje. “Desarrollamos capacitaciones de conducción para distintos niveles, clínicas de perfeccionamiento, talleres de mecánica básica, seguridad vial, viajes en moto y manejo en diferentes condiciones”, detalla Couso.
El alcance del proyecto también es federal. “Durante varios años recorrimos distintas provincias llevando estos programas y también otorgamos becas para que más mujeres pudieran acceder a la formación”. El impacto, según explica, va mucho más allá de lo técnico. “Muchas participantes terminan usando la moto para trabajar, estudiar, viajar o simplemente recuperar independencia en su vida cotidiana”. Y concluye: “Ver esa transformación es uno de los mayores logros de la comunidad”.
Acompañar desde el primer paso
Uno de los momentos clave para quienes se inician es la compra de la primera moto. Allí también aparece el rol de la comunidad. “Los errores más comunes son comprar una moto demasiado grande o pesada para empezar, priorizar únicamente la estética o dejar de lado aspectos fundamentales como el equipamiento de protección, el mantenimiento y los costos reales de uso”, explica.
Por eso, el enfoque es integral: “La idea es que la primera experiencia sea positiva y genere confianza para seguir creciendo. Acompañamos desde el consejo e información”.
Más oportunidades dentro del sector
El proyecto también busca ampliar el horizonte laboral. “Desde el inicio buscamos mostrar que el motociclismo también puede ser una herramienta de desarrollo profesional”, afirma.
En ese camino, los resultados empiezan a verse. “Acompañamos a mujeres que comenzaron a trabajar utilizando la moto como medio de movilidad, otras que se convirtieron en instructoras, creadoras de contenido, organizadoras de eventos o emprendieron proyectos vinculados al sector”.
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Además, la articulación con distintos actores amplía las posibilidades. “Trabajamos junto a empresas, organismos públicos y destinos turísticos desarrollando acciones de capacitación, turismo y seguridad vial”, agrega.
Una red que crece en todo el país
El crecimiento no se limita a Buenos Aires. “Realizamos actividades y capacitaciones en distintas provincias argentinas, incluyendo la Patagonia, siempre con el objetivo de acercar formación y generar comunidad”, señala Couso.
La respuesta fue contundente. “Cada encuentro tuvo una respuesta muy positiva. Encontramos mujeres con muchas ganas de aprender, compartir experiencias y generar redes locales que continúan activas después de cada capacitación”.
Y destaca un punto en común: “Las necesidades eran muy similares en todo el país: acceder a formación de calidad, ganar confianza para conducir y contar con una comunidad que acompañe el proceso”. Ese enfoque federal, concluye, es clave: “Ese espíritu sigue siendo uno de los pilares de Mujeres al Mando®”.
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