Chávez nuestro que estás…

Por Redacción

Cuando Karl Marx sentenciaba que la historia se repite, “una vez como tragedia y otra como farsa”, no pudo prever que, más de un siglo y medio más tarde, personajes que creen inspirarse en sus doctrinas se las arreglarían para confirmarlo de manera tan delirante como acaban de hacer los chavistas venezolanos. Desbordados por los gravísimos problemas que están atribulando “el socialismo del siglo XXI”, a los partidarios del extinto comandante Hugo Chávez no se les ha ocurrido nada mejor que suplicarle ayuda desde el más allá. Con la esperanza de que el caudillo fallecido les dé una mano, los fieles han confeccionado una versión sui géneris del padrenuestro cristiano que comienza “Chávez nuestro que estás en el cielo, en la tierra, en el mar y en nosotros, los y las delegadas, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu legado para llevarlo a los pueblos de aquí y de allá” para entonces pedirle protegerlos de “la tentación del capitalismo” y “librarnos de la maldad de la oligarquía”. Puede que, por ser un personaje que prefiere el misticismo presuntamente oriental al cristianismo, el presidente Nicolás Maduro, el que asistió a la presentación en un teatro caraqueño de la “oración del delegado”, tenga sus dudas acerca de la eficacia de la plegaria; según él, Chávez ya lo visita con frecuencia encarnado en un pajarito que, para alentarlo, le silba gratamente, de tal modo asegurándole que no lo ha abandonado a su suerte. Tal y como están las cosas, es por lo menos comprensible que los comprometidos con el chavismo confíen más en el líder irremediablemente muerto que en su desafortunado sucesor viviente. Si bien la revolución bolivariana hacía agua cuando el comandante aún estaba entre nosotros, desde que falleció todo ha ido de mal en peor. A pesar de poseer reservas petroleras gigantescas, Venezuela ha conseguir depauperarse hasta tal punto que sus habitantes se han visto privados de bienes de primera necesidad. El país tiene extensas zonas aptas para la agricultura y podría ser un gran exportador de alimentos, pero tiene que importar casi todo. En cuanto a la industria, es tan rudimentaria que ni siquiera es capaz de suministrar papel higiénico en cantidades suficientes. Asimismo, los apagones son cotidianos, falta agua, de ahí las “duchas socialistas” rapidísimas recomendadas por Chávez en sus años finales, e incluso es necesario importar petróleo liviano. Otra hazaña que ha de motivar orgullo entre los esforzados bolivarianos es la de haber provocado la tasa de inflación más alta del mundo, superior a la registrada por la Argentina. También han hecho de Venezuela uno de los países más violentos del planeta. O sea: la revolución bolivariana ha resultado ser un desastre descomunal que ha dejado a Venezuela postrada. Así y todo, según las encuestas de opinión Maduro conserva un índice de popularidad en torno al 35%, lo que hace pensar que su país seguirá hundiéndose por mucho tiempo más ya que los chavistas, llenos de rencor, se encargarían de frustrar cualquier intento de restaurar un mínimo de cordura. Hace algunos días Maduro prometió reavivar su gestión con un “sacudón” económico, pero parece que a último minuto se amilanó y decidió continuar por el rumbo alocado que ha llevado Venezuela a la situación calamitosa en la que se encuentra. La falta de novedades significantes, aparte de la defenestración de un ministro considerado “aperturista”, fue tomada por una señal de que un país que en teoría podría estar entre los más prósperos del mundo continuaría protagonizando una especie de “antiepopeya” esperpéntica, lo que debería ser motivo de angustia para los chavistas de otras partes de América Latina. Al fin y al cabo, si lo que les preocupa es el bienestar de los millones de pobres de sus países respectivos, se habrán enterado de que las recetas chavistas son contraproducentes, para decirlo de la forma más suave posible, de modo que les convendría ensayar algo radicalmente distinto, pero sucede que, lo mismo que el difunto comandante y quienes rezan para que los ayude a salir del pantano viscoso en el que los ha depositado, están más interesados en resistirse a “la tentación del capitalismo” y en castigar a lo que todavía queda de “la oligarquía” tradicional que en mejorar las condiciones de vida del grueso de sus compatriotas.

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