«Arnold Layne»: el ladrón que robaba ropa interior femenina para travestirse que Pink Floyd convirtió en su primer single

Hace 59 años, Pink Floyd grabó y editó su primer single, una pieza perfecta de pop psicodélico que cuenta la historia de un ladrón que robaba ropa interior femenina. ¿Existió Arnold Layne? Más o menos.

Por Juan Mocciaro

Para 1967, Pink Floyd era una banda sólida en el underground londinense y el ámbito intelectual universitario británico. Psicodélicos y experimentales en todos los sentidos posibles, sus shows eran un viaje en todos los sentidos posibles.


Todo estaba muy bien, pero, como dijo Nick Mason en el libro Pink Floyd: Song By Song (2017): “Sabíamos que queríamos ser estrellas del rock and roll y queríamos hacer sencillos”.

Por lo que se pusieron manos a la obra. Eso sí, antes, o acaso por eso mismo, firmaron con el gigante EMI. Y qué mejor para ser competitivos, que los pasen (mucho) por las radios y vender discos que escribir una canción sobre… un ladronzuelo que roba ropa interior de mujer para travestirse ante la mirada de nadie.


Por supuesto que el single en cuestión logró todos sus objetivos: fue censurado tonto como fue difundido, todos hablaron de él, vendió muy bien y sobre todo, y acaso lo que más (nos) importe: es una gran canción. Por supuesto que hablamos de “Arnold Layne”, el primer single de Pink Floyd.


En enero, la banda, que por entonces lideraba Syd Barret, fue al estudio Sound Techniques en el barrio londinense de Chelsea, para comenzar a trabajar en “Arnold Layne” y algunas otras canciones: “Matilda Mother”, “Chapter 24” y “Let’s Roll Another One”, que Waters renombró “Candy and a Currant Bun” y a parar al lado B del single.


¿Por qué fue “Arnold Layne el primer Lado A de Pink Floyd? Otra vez Nick Mason toma la palabra y amplía aquello de querer ser estrellas de rock y hacer singles: “Nos pareció la canción más adecuada para condensarla en tres minutos sin perder demasiado”. Parece que también les pareció adecuado que la letra cuente la historia de un tipo que se traviste con ropa interior femenina robada.


Lo cierto es que no todo fue censura. Mientras la emisora pirata Radio London prohibió la canción por sus referencias al travestismo y al robo de ropa interior, curiosamente fue la BBC la que no vio problema al respecto por lo que le dio mucha difusión. El single llegó a alcanzar el número 20 en las listas de éxitos del Reino Unido. Nada mal, por cierto.


Rick Wright, tecladista de Pink Floyd y alma mater del sonido de la banda: “El disco fue prohibido, no por la letra, porque no hay nada realmente objetable, sino porque van en contra de nosotros como grupo y de lo que representamos”. Buen punto, Rick.


¿Existió realmente Arnold Layne? Veamos: la historia de “Arnold Layne” tenía sus raíces en la vida real. Las madres de Barrett y Waters solían alojar a estudiantes como inquilinas gracias a un colegio femenino cercano. Era común ver tendederos llenos de ropa interior femenina en los jardines traseros de la zona. Y aunque no existía una persona llamada Arnold, sí existió un tipo que se robaba las prendas.


Syd Barrett comenzó a esbozar la canción a partir de la legendaria -y bastante ambigua por cierto- frase: “moonshine washing line”, inspirada en el enorme tendero que tenía Waters en su jardín trasero. A partir de ahí, Barrett comenzó a construir el personaje y decidió que Arnold necesitaba un pasatiempo, que resultó ser vestirse con ropa de mujer. “Resulta que a ‘Arnold Layne’ le encanta vestirse con ropa de mujer”, dirá en aquel 1967 Syd Barrett a Melody Maker. “A mucha gente le gusta, así que afrontemos la realidad”.


Lo cierto es que “Arnold Layne” es una gran canción pop que cumplía con todos los objetivos que la banda se había propuesta al ponerse a trabajar en ella. Condensa en poco menos de tres minutos la psicodelia de su sonido a partir de l trabajo de Rick Wright con el órgano Farfisa y de las líneas de bajo de Roger Waters. Pero, sobre todo, muestra la genialidad de Barret para trabajar la música de su tiempo.


Para 1967, Pink Floyd era una banda sólida en el underground londinense y el ámbito intelectual universitario británico. Psicodélicos y experimentales en todos los sentidos posibles, sus shows eran un viaje en todos los sentidos posibles.

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