De amistades y negocios

Redacción

Por Redacción

Aguirre se define como “un hombre de ventas”. Dice que trabajó para empresas líderes y para “el poderoso sindicato de camioneros de Bahía Blanca”. “Un día descubrí lo que era trabajar para las cooperadoras. Ganaba la institución y ganaba uno”, dice. Le dijeron que la Patagonia “era un terreno virgen” para esos negocios y desembarcó en Neuquén. Administró hasta cinco cooperadoras y asegura que “hizo muchísimo dinero”. “También gasté mucho, tuve una buena vida”, recuerda.

Cuando ocurrió el crimen Aguirre estaba fuertemente vinculado a la Policía de Río Negro. Era la cabeza de la cooperadora policial y se jacta de que le hizo “ganar mucha plata” a la institución. Se movía cómodo entre los altos mandos y selló una gran amistad con el entonces jefe de la Policía, Víctor Cufré. Incluso la Justicia investigó durante seis años la responsabilidad que tuvo Cufré en la salida de Juan Manuel Aguirre del penal de Roca para que pudiera festejar el Año Nuevo con su padre en Cipolletti. Cufré participó de esa cena con su esposa y los Aguirre. Terminó absuelto en 2014 con el argumento de que el detenido contó “con la debida custodia policial” durante la reunión. “Dicen que los amigos son en las buenas y en las malas”, dijo en el juicio el exjefe de la Policía.

Aquella cena fue en el departamento del 5º piso del edificio Cipolletti, que pertenecía a Ana pero que Aguirre, según afirma, tomó en parte de pago tras dividir una sociedad que tenía con ella y con otro matrimonio. Juntos administraban una cancha de fútbol 5. Hoy el inmueble se ve deteriorado y en sus paredes se adivina el paso de estos 16 años.

Aguirre asegura que el prestigio que perdió la Policía también perjudicó su actividad. “Hoy el negocio son las cooperadoras de los hospitales y la de bomberos, porque ya nadie cree en la fuerza policial”, dice. Ahora administra sólo una asociación, que le deja “sólo para vivir y no para abogados”. Atrás quedaron los tiempos de camaradería y más lejos el día en que se lo llevaron detenido pero le permitieron manejar su propio auto hasta el juzgado.

En la cárcel de Roca, también gracias a sus vínculos, le buscaron un lugar cómodo para él y su hijo. “Nos llevábamos muy bien con los demás presos. La mujer que tenía en ese momento me visitaba, me llevaba alimentos todos los días. Yo los dejaba en la heladera del pabellón y los compartíamos con todos”, recuerda.


Aguirre se define como “un hombre de ventas”. Dice que trabajó para empresas líderes y para “el poderoso sindicato de camioneros de Bahía Blanca”. “Un día descubrí lo que era trabajar para las cooperadoras. Ganaba la institución y ganaba uno”, dice. Le dijeron que la Patagonia “era un terreno virgen” para esos negocios y desembarcó en Neuquén. Administró hasta cinco cooperadoras y asegura que “hizo muchísimo dinero”. “También gasté mucho, tuve una buena vida”, recuerda.

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