De la desaparición de las clases y otros mitos
En uno de los libros más interesantes publicados en este tiempo, el antropólogo Alejandro Grimson sostiene que uno de los mitos instalados entre los argentinos dice que “ya no hay clases sociales ni modos de organización tradicional. Antes había empresarios, trabajadores y clases medias. Ahora, en cambio, todo es tan complejo que no es posible hablar de clases ni de genuinas organizaciones gremiales”. Opina Grimson: • En un pasado simplificado podía creerse que la sociedad capitalista se dividía en burgueses y proletarios. Los campesinos, los pequeños propietarios y pequeños tenderos, las clases medias, venían a complicar el cuadro social. • Durante el siglo XX no sólo las clases y la estructura de clases se han complejizado y se han globalizado; también surgieron los “movimientos sociales”, ligados a reivindicaciones étnicas, de género o medioambientales. Estas demandas atraviesan las clases sociales y mantienen con ellas relaciones paradójicas. A muchos cronistas les gusta decir que “había una vez clases sociales” y que ahora, que estamos actualizados, “ya no las hay”. Sólo hay reclamos contra la minería contaminante, por la recuperación de los territorios de los pueblos originarios o bien por el matrimonio igualitario o contra la violencia de género. • Pero no. Hubo y sigue habiendo reclamos de clases. Es cierto que en el pasado muchos creyeron que ésta o aquella (los obreros, los campesinos u otras) tenían un rol histórico inexorable y que la historia se movía en una determinada dirección. También las naciones, sus héroes o la humanidad tenían destinos ineludibles. Hoy sabemos que la historia la hacen los seres humanos en sus pugnas y en sus lenguajes. Nada es seguro ni divino. • Sucede que las clases van y vienen. Por ejemplo, pocos años después de que se anunciara “el adiós al proletariado” y el “fin del trabajo” las identificaciones de clases adquirieron una nueva potencia política. Si algo se había afirmado de manera reiterada en las últimas décadas era que los nuevos movimientos sociales tendían a dejar a un lado las identificaciones de clase. Pero en Argentina, desde los barrios más empobrecidos, los “trabajadores desocupados” se organizaron para reclamar al Estado políticas que generaran trabajo. Así, una de las formas de organización popular más visibles y relevantes de los últimos años es, justamente, una organización de clase. (Alejandro Grimson en “Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos”; Siglo XXI, Buenos Aires, 2011)