Decime qué se siente

Por Redacción

CRISIS BRASILEÑA

La reapertura de las importaciones para fruta con el riesgo de carpocapsa desactivado por su previa refrigeración, la eventual eliminación de retenciones o aumento de los reintegros no devolverán al mercado brasileño el dinamismo de su demanda, ni resolverán el desquicio de precios relativos, financiamiento, logística y quiebras de empresas que ya ha empezado a mostrar sus efectos en nuestras economías regionales. Brasil, la 7ª economía mundial, recibe más del 20% del total de exportaciones argentinas, constituyendo no sólo nuestro principal mercado, sino que nos compra un monto que alcanza lo mismo que el 2º, China; el 3º, Estados Unidos y el 4º, Chile, juntos. Para la economía de Río Negro, esa dependencia es aún mayor abarcando desde la venta manzanas al turismo, desde la cebolla a las concesiones petroleras, gasoductos, etc.

La economía brasileña cae actualmente a un ritmo del 1,6% anual y el consumo de las familias se contrae en similar proporción por primera vez desde el 2003. Su sector agropecuario sustituyendo parte de nuestras exportaciones crece al 4% anual, alentado por una devaluación del real superior al 43% durante el último año y al 18% durante el primer semestre del 2015. La Argentina durante el mismo período ha devaluado el peso un 7%, incorporando a sus costos una inflación superior al 30%. El comercio con nuestro principal socio ha disminuido en proporción mayor que la brecha cambiaria descripta que lleva la competitividad de nuestro tipo de cambio bilateral a la peor posición de los últimos 15 años, a los conflictivos tiempos de la convertibilidad.

Después de ganar las elecciones en segunda vuelta por mayoría absoluta con un programa de retraso cambiario similar al argentino, Rousseff advirtió que el descontrol de la política fiscal y la monetaria estaba sumiendo al país en una grave situación que afecta el consumo, la inversión y el desempleo, con un descontento popular generalizado. Por eso después de las manifestaciones en contra de la priorización económica de la realización del Mundial de FIFA, convocó a Joaquim Levy, un prestigioso “Chicago Boy” economista ortodoxo, que se ganó el apodo de “manos de tijera” como nuevo ministro de Economía para encabezar un proceso de ajuste resistido por distintos actores económicos y por los propios aliados. La inflación ya alcanza el 8,5% anual, el mayor índice desde el 2003, superando en casi un 40% la pauta oficial que sostiene la política monetaria de su Banco Central. La pasada semana Dilma pidió “paciencia y comprensión” por la cadena nacional. La sociedad respondió con cacerolazos y manifestaciones en al menos 12 capitales regionales. El Congreso acaba de rechazar un paquete de medidas de austeridad que incluía un aumento en el impuesto a la renta.

El descrédito de Dilma por los escándalos de corrupción y la intensidad de la crisis económica han elevado la imagen negativa de Rousseff al 65%, sólo comparable a la de Collor de Mello antes de ser destituido. El ministro Levy acaba de ser internado de urgencia por embolia pulmonar, lo que le impedirá participar de la gira de reactivación de lazos con “el imperio” programada para esta semana. La presidenta Dilma Rousseff contará, sin embargo, con el acompañamiento de 11 ministros y más de 80 empresarios que conforman la comitiva oficial que viaja a ver a Obama luego de haber suspendido abruptamente su anterior visita del 2013 al tomar conocimiento de las tareas de espionaje estadounidense que la afectaban.

“(Ésta) es una visita cuya descripción no puede circunscribirse sólo al área económica y comercial. Es una visita esencialmente política, de reanudación del diálogo, pero muy bien concebida en términos de contratos en el área empresarial”, resumió la relevancia del evento el subsecretario general político de la Cancillería brasileña Carlos Antonio Paranhos. El hecho de que las empresas responsables de las grandes obras de infraestructura hayan visto racionado por el escándalo el acceso al crédito, puede impedir impulsar la obra pública como pretenden para relanzar la economía moribunda. Tal vez esto motoriza la urgencia de Brasilia por atraer recursos del exterior.

El escándalo de Petrobras en Brasil involucró judicialmente a 29 contratistas y 18 legisladores, altos funcionarios del Ejecutivo nacional que incluyen a la mano derecha de Dilma y al propio Lula. La Justicia ha establecido que se recibieron y pagaron más de u$s 2.000 millones en coimas y lavaron más de u$s 4.000 millones, de los cuales 700 se atribuyen al Grupo Odebrecht, cuyo CEO ya fue detenido por fraude en licitaciones, corrupción, lavado de dinero y desvío de dinero público. Es un grupo empresario con representación en 23 países, con una facturación anual de más de u$s 30.000 millones de dólares, que inició sus actividades en la Argentina en la provincia de Río Negro a inicios de 1987 con la construcción de la central hidroeléctrica Pichi Picún Leufú. Actualmente Odebrecht ejecuta el Programa de Acción para Certificación en Seguridad, Medio Ambiente y Salud para el área de Negocios Internacionales de Petrobras, encargado del control de la integridad y de la verificación de sus pasivos ambientales en las áreas de refinerías, puertos, terminales terrestres y sobre cursos de agua, unidades petroquímicas, campos de producción y estaciones de servicio, que fue objeto de graves acusaciones en diversos ámbitos de los que se hiciera eco esta columna de opinión y durante la audiencia pública para la renovación de las concesiones petroleras. También Odebrecht participó en el postergado proyecto del tren de potasio de la empresa brasileña Vale organizando el Consorcio Río Colorado (CRC), una UTE constituida especialmente para esta obra. Es la misma empresa constructora que edificó el estadio que se derrumbó en Brasil en el 2013, que construyó el acceso Oeste y que dejó sin construir, sin explicaciones plausibles sobre el uso de los fondos entregados, el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento.

Emilio Odebrecht señaló a la revista Época de Brasil que “tendrán que construir tres celdas más: para mí, Lula y Dilma” si es que su hijo Marcelo, encarcelado, presidente de la empresa que lleva su nombre, no logra librarse.

En Brasil ya se ha presentado un hábeas corpus preventivo para librar al expresidente Lula de la detención que ya tendría dispuesta el juez respectivo. Lula, que encabeza las encuestas, no duda en canibalizar a su designada sucesora afirmando: “Dilma está en el fondo del pozo, el PT por debajo del fondo del pozo y yo, también en el fondo del pozo” o “Ese gabinete es una desgracia. No hay nadie que salga a dar una buena noticia. El otro día pregunté a la presidenta: ‘Compañera, ¿cuándo fue la última vez que dio una buena noticia al país?’ Y ni se acordaba”.

Mientras esos tiempos llegan, me pregunto: ¿qué se sentirá ver que la corrupción es juzgada y condenada, que motorizada por la Justicia del resto del mundo, el relato de una década es desenmascarado, que se piden cuentas de lo malversado, coimeado y lavado en el fútbol, en la obra pública, en los contratos petroleros, etc.?

¿Frente a la crisis brasileña, que rápidamente se derramará sobre el resto de sus socios regionales, cambiarán simplemente de interlocutor para la continuidad de sus prebendas, los apóstoles de “Lachinoamérica”?

¿Seguirá ignorando la Justicia argentina el accionar de la Justicia de otros estados que sindican con nombre y apellido a cómplices, receptores de coimas y de lavado permaneciendo inactiva hasta que llegan los pedidos de Interpol, como ha ocurrido en el caso FIFA?

¿Algunos dirigentes argentinos como Lula pretenderán encabezar la oposición a los dirigentes surgidos de su propia decisión y con sus propios equipos, desligándose de sus responsabilidades?

¿Cómo será todo eso?, Brasil al menos, decime qué se siente.

Javier García Guerrero

Ingeniero

Javier García Guerrero