“Decisiones, gestión y reelección”
La presente es sin orientación, beneficio o desmedro hacia ningún partido político en particular; pero sí desde la idea de lo que interpreto como política y las formas de gestión. No soy político, pero la política despierta sensaciones y, en oportunidades, necesidades de expresión que pueden llevarnos a pronunciarnos en relación a determinados temas. En las líneas de mando de toda organización hay conceptos indiscutibles que de alguna manera determinan el éxito de la gestión de un proceso. Algunos de estos conceptos son aptitud, actitud, misión, función, profesionalismo, integridad moral y uno de los más valiosos: compromiso. Si imaginamos a la organización de nuestro vapuleado Estado nacional como una empresa, que no dista mucho de serlo en su plena definición, nosotros los votantes somos una suerte de comité ejecutivo. A través de nuestras decisiones determinamos quiénes deben ser los gerenciadores de nuestra empresa, para lo cual, de una u otra manera, deben seducirnos con un modelo de gestión o proyecto de desarrollo y administración que garantice el funcionamiento y crecimiento de cada una de las áreas de nuestra empresa (justicia, salud, educación, seguridad, legislación, finanzas, etc.). Ese modelo de gestión que elaborarán debe estar en un todo de acuerdo con un eje conductor que es nuestra Constitución nacional. Ahora, cómo puede ser que esos empleados que hemos elegido pretendan tener más autonomía en las decisiones que el comité ejecutivo (sus patrones, los votantes), quien, en parte de su directorio, les delegó la responsabilidad profesional, moral y absoluta de administrar nuestra empresa. Bajo qué autoridad moral pueden determinar una crisis, que sólo existe en sus pretensiones de poder, para asumir responsabilidades que el comité ejecutivo no les delegó. Con qué autoridad moral pueden promover cambios en nuestros estatutos fundacionales (nuestra Constitución). Señoras/es, dedíquense a cumplir las tareas para las que fueron nombrados, gobiernen y legislen para lograr el funcionamiento y crecimiento antes citado. El comité ejecutivo decidirá cuándo y qué cambiar bajo los tiempos y normas de nuestro eje conductor, nuestra Constitución. En la actualidad es difícil que en cualquier actividad no se hable desde el éxito o fracaso de una determinada forma de accionar o desarrollar un proceso de gestión. En todo proceso de gestión uno de los factores fundamentales que intervienen, y marcan su éxito o fracaso, es la confianza que se genera desde el mismo proceso. La confianza se gana, no se impone ni se compra… quizás por ello en oportunidades sea tan escasa. Aumenta o disminuye en función de la percepción de riesgos que desde la gestión se emanan. “La confianza se puede conceptualizar como una cuenta corriente, donde las entradas son experiencias positivas que señalan que hay poco riesgo y las salidas las experiencias negativas que indican factores de riesgo potenciales. Son seis los productos financieros de esta singular cuenta corriente: 1) escuchar y entender, 2) cuidar los detalles, 3) cumplir las promesas, 4) clarificar las expectativas de lo que se ha de desempeñar y los objetivos que se han de cumplir, 5) actuar con integridad, 6) pedir disculpas cuando se hayan producido equivocaciones” (Luis M. Huete, “Servicios & Beneficios”). Se pueden expresar muchos conceptos desde las formas de gestionar y que lamentablemente el modelo actual no contiene, y como paradoja a todo ello en ninguno figura la palabra populismo directamente ligada a liderazgo. Mientras tanto nuestra “empresa” sigue a la deriva producto de una decisión de un directorio que nuevamente se equivocó, al optar por un modelo de gestión que sólo estaba basado en las ambiciones de poder de los gerenciadores postulados, que no contemplaba el desarrollo cierto de las áreas de nuestra empresa, nuestra nación. Héctor Dante Suárez, DNI 13.744.113 – Roca
Héctor Dante Suárez, DNI 13.744.113 Roca