“Démosle el valor justo a la palabra ‘pobres’”
Yo voy a morir la vida como todos, hago artesanías, no hago arte; soy folclore, no soy cultura; capacito, o sea que soy un recurso humano, trabajo con mis brazos; como miles, soy también un número más; soy crónica roja o necrológica; no soy personaje del año y para el que me quiera atacar, valgo menos que una bala y no soy pobre… pobre es el que habla de la pobreza y no hace nada… el que tiene objetos de valor, cámaras, tele, celulares, autos y no prescinde de nada para dar… La pobreza intelectual daña más que la vivencial. ¿Pobre?, pobre era mi abuelo que en su pobreza era digno y honesto, culto con su primaria precaria, pero con una letra de perito. Sin que lo vieran, se fijaba cuán grande era el agujero de los zapatos de mi viejo y les ponía cartón para intentar que no creciera, por lo menos hasta el aguinaldo, y que sus pies no se mojaran. No hacía colas en la municipalidad, no cortaba calles, él trabajaba y si hacía colas era para buscar más y más trabajo, no pedía, no se quejaba, no tomaba tierras; pagar su casa le llevó su vida, y también disgustos. Basta de justificar lo injustificable, de legalizar lo ilegal, de perder la vida en manos de una lacra drogada e inimputable que, encima, le damos el poder de introducir una bala más en una urna a los 16 años, porque va a elegir a otro ladrón por un subsidio o un par de zapatillas y no ve que el votado es asesino como él, porque va a matar a miles más por falta de medicamentos en hospitales, por falta de trabajo, por un sistema corrupto y autoritario, más para el que más tiene. Típico patoterismo barato del que no sabe pensar. Aplaudamos al que se levanta o se acuesta a las tres de la mañana por trabajo y me refiero a los de la misma edad con las mismas posibilidades en escuelas públicas. Al argentino se lo bien califica de prepotente, agrandado y corrupto y el sistema te enseña la agachadita o la famosa viveza criolla, pero todos nos callamos en las colas interminables o caminamos y caminamos porque nos tienen como pluma al viento y no reaccionamos, nos quejamos pero con quien no corresponde en momentos imprecisos y en lugares inoportunos ¿y hablamos de los pobres? Trate de contratar a un pobre con total legalidad para un trabajo y verá que también con total desparpajo le dice no, gracias por ese dinero no. ¿De qué pobre hablamos? El pobre del interior come de sus gallinas, de su huerta, se abriga al fuego de su leña, construye su casa de madera, hace trueque con sus vecinos, no espera nada de nadie, tiene manos y piernas. Los de la ciudad son mancos y les sobra lengua en cuestiones de pedir y las piernas las usan para ir a cortar rutas, con ideales de otros, por dos pesos. El verdadero pobre tiene dignidad, no pide sino trabaja, no corta rutas, corta malezas; no toma tierras, le pide asilo a un familiar; no mata, aprende a tragar bilis; no aprovecha comedores escolares, regala su paquete de fideos a otro; no pega, cierra sus puños y piensa en cómo dividir un pan en siete partes; no protesta, usa su palabra para decir gracias, perdón, permiso. Ése es el pobre que conozco y que valoro, como aquel que va agarrado de un hilo del último vagón del tren o enganchando su único saco transpirado en las puertas del subte, oliendo ese sudor a humanos, horda de humanos que se apuran para ver si llegan a darles el beso de buenas noches a sus hijos o el último beso en un hospital oscuro a alguno de sus padres. Si llegan claro está, si no terminan enmarañados entre hierros retorcidos de un tren que tiene pasaje al cielo. Pero bueno, viajaban en tren, eran pobres, dirá algún elegido por nosotros, en un jacuzzi tomando champán. ¿Pobres? pobres eran los de antes, con valores, con respeto; los de hoy, insolentes, avivados, irrespetuosos, sin valor por la vida ajena; ésos son asesinos, no pobres, para los cuales para que no molesten tienen más consideraciones por parte del gobierno que las que tienen con usted. Pobre es una palabra muy grande para que se la adjudiquen ellos. Hay que tener mucha espalda para que le toque ser pobre y sobrevivir . ¡A tu salud abuelo, a tu salud papá!, “chapeau”. Beatriz Giusti, DNI 17.025.759 Neuquén
Beatriz Giusti, DNI 17.025.759 Neuquén