De carne somos: mientras el consumo interno de carne vacuna cae a su nivel más bajo en 20 años, las exportaciones viven un boom
Menos cabezas de ganado, el auge de las dietas veganas y los bolsillos ajustados, llevaron el consumo de carne vacuna a mínimos históricos. Al mismo tiempo, los precios en el exterior y el acuerdo comercial con EEUU, generan un boom de exportaciones. La palabra de los protagonistas, productores, frigoríficos y carniceros.
Los argentinos están dejando de lado un consumo que, hasta hace poco, los definía: la carne vacuna. Si bien cambios en las costumbres de alimentación — la mayor adopción de dietas vegetarianas o veganas, por ejemplo — pueden haber influido en la caída, fuentes de toda la cadena productiva afirman que lo que manda es el bolsillo. Y, mientras algunos celebran el cambio porque trajo aparejado un boom exportador, otros lo lamentan.
Según el informe de mayo de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), en los primeros cinco meses de 2026, el consumo de carne cayó un 11,1%. Hoy, está en 47,5 kilos por habitante al año, el registro más bajo de los últimos veinte años.
El documento también afirma que la industria frigorífica vacuna registró niveles de actividad históricamente bajos. En mayo de 2026 se faenó poco más de un millón de cabezas de hacienda vacuna, lo que representa una caída interanual del 7,3% (una baja de más de 127 mil cabezas). En el acumulado de enero-mayo de 2026, la faena sumó 4,94 millones de cabezas, una contracción del 9,8% respecto al mismo período de 2025: el nivel de actividad más bajo de los últimos diez años.
Menor oferta y bolsillos ajustados
Para Miguel Schiariti, titular de CICCRA, una de las principales razones es climática. “En 2023 comenzó una sequía de 4 meses y medio que nos dejó 500.000 terneros menos. Porque cuando las vacas no comen, las vacas no ovulan y si no ovulan no hay posibilidad de que exista ternero”, dijo Schiariti a RÍO NEGRO. “En 2024 y 2025 tuvimos 4 meses de inundaciones en el mismo periodo y las vacas también comieron mal. En esos tres años, perdimos el 6% del stock: un millón y medio de terneros menos”, dijo.
“A eso hay que sumarle las condiciones económicas: la pérdida de poder adquisitivo”, agregó. Menor oferta trae mayores precios: comparado con mayo del año pasado, el rubro de carnes y derivados acumuló una suba del 45,8% anual, mientras que la inflación en el mismo período fue de 33,2%. El kilo de asado costó en promedio $17.237: en el año subió 57,1%. También registraron subas interanuales fuertes la caja de hamburguesas congeladas (57,5%, con un precio de $ 7.759,4) y el kilo de cuadril (55,8%, $ 21.163,9).
Para Schiariti, los números no son alarmantes porque la población se inclina por proteínas animales más baratas pero, según afirma, de igual calidad. “Cayó el consumo de carne vacuna, pero aumentó el de las otras. Antes consumíamos entre 70 y 80 kg de carnes en general, y hoy consumimos 116 kg entre vaca, pollo y cerdo”, dijo.

La diferencia de precio, agregó, responde al menor tiempo de producción y al mayor ratio de conversión de alimento en carne del pollo y el cerdo. Además, afirma el referente, “en la Unión Europea, comen 20 kg de carne vacuna por año y en Estados Unidos, 48. Seguimos siendo de los principales consumidores de carne vacuna del mundo”.
Las exportaciones, en un boom
Por otro lado, mientras cae el consumo interno, en el primer cuatrimestre de 2026, las exportaciones de carne vacuna aumentaron casi 10% en comparación con el mismo período de 2025. Y si bien China sigue siendo el principal destino de la carne argentina, los envíos al gigante asiático cayeron un 1,8% interanual en el primer cuatrimestre.
En cambio, tras el acuerdo firmado con el presidente norteamericano Donald Trump, las exportaciones a Estados Unidos de carne vacuna se cuadruplicaron en el primer cuatrimestre de 2026, que se usa sobre todo para la fabricación de hamburguesas. Además, la gestión Milei, a un mes de asumir, permitió a la industria frigorífica exportar los cortes “populares” que estaban vedados para su despacho al exterior por un decreto de 2021.
“¿Por qué hoy un productor va a vender la carne adentro para que el pueblo argentino coma la carne barata cuando tiene la oportunidad de exportarla a mucho más valor?”
Héctor Pérez, dueño de Tito Pérez e Hijo
Para Héctor Pérez, dueño de Tito Pérez e Hijo, empresa radicada en la provincia de Buenos Aires y dedicada a la producción y distribución de carne bovina, el boom exportador se debe a las fuertes subas del valor internacional. “Está cada vez más requerida en el mundo. Históricamente, el valor del novillo en pie estaba entre 80 centavos de dólar y 1,20. Y hoy estamos en casi 4 dólares”, dijo Pérez a RÍO NEGRO.
Para el matarife, esto genera un cambio en los productores. “¿Por qué hoy un productor va a vender la carne adentro para que el pueblo argentino coma la carne barata cuando tiene la oportunidad de exportarla a mucho más valor?”, se preguntó. Además, afirmó que si la situación sigue así, se va a dejar de faenar terneros.
“No conviene vender un ternero de 300 kg, porque no le va a ser tan rentable como un animal de más edad, que pesa más de 400”, dijo. “Va a tener que ser como en el resto del mundo: mucho volumen y poco margen”, agregó.
Dato
- 47,5 Kg.
- El consumo anual de carne vacuna por habitante en 2026. Es el registro más bajo de los últimos 20 años.
Según Pérez, van a prevalecer los locales más grandes y supermercados, mientras que las carnicerías de barrio van a reducirse en cantidad. Precisamente, son estos negocios los que más sufren la transformación actual.
El pulso de mano a mano con el cliente
Después de trabajar 18 años en el sector, en 2023, Lucas Sepúlveda montó su propia carnicería, Los Gordillos, en el barrio La Martina 2 de General Roca. Según Sepúlveda, hace tres años, “una carnicería de barrio vendía unos 500 kg por día. Nosotros hoy estamos entre 150 y 200” entre carne de vaca, pollo y cerdo.
Para Sepúlveda, la caída no fue solo en carne vacuna. Según dijo, a la gente “le cambió el bolsillo” y ahora busca cortes con menos desperdicio (es decir, con menos hueso) para aprovecharlos más, o compra cantidades mínimas para el consumo diario.
“Antes, un domingo al mediodía o un sábado de la noche, las familias se juntaban a comer un asado. Hoy lo hacen con suerte una vez al mes”
Lucas Sepúlveda, carnicería Los Gordillos (Gral. Roca)
“Antes, un domingo al mediodía o un sábado de la noche, las familias se juntaban a comer un asado. Hoy lo hacen con suerte una vez al mes”, afirmó. Además, dijo, sus clientes compran cada vez más con tarjeta de crédito o pidiendo fiado. Las propias carnicerías, afirman Sepúlveda y otras fuentes del sector, están cada vez más ahogadas en deudas con los productores.
“La gente no tiene plata”, resume el carnicero. “Estamos acostumbrados a la carne de vaca. Hoy, el cliente elige pollo o cerdo solamente porque son mucho más económicos”, agrega. Para Schiariti, el cambio es inevitable. “La carne vacuna va a costar más. Es lo que ocurre en prácticamente todo el mundo occidental. Es un cambio cultural, pero los argentinos nos vamos a acostumbrar”, concluyó.
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