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Marcelo Miras: cómo hizo para ser uno de los «enólogos estrella» de la Patagonia

Es el gran referente de la vitivinicultura argentina actual. Cómo sumó a su gran pasión a toda su familia. Entrevista en profundidad en su bodega en Fernández Oro.

Marcelo Miras junto a su hijo Pablo, durante la entrevista de «Río Negro» a ambos, en su bodega en Fernández Oro. Foto Florencia Salto

La bodega familiar Miras está ubicada en Fernández Oro, Río Negro. Sus vinos son elaborados con uvas procedentes de añosos viñedos, situados en distintas localidades de la provincia y del viñedo propio con variedades implantadas en 1958.
Malbec, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Trousseau y Torrontés son las variedades de uvas que se desarrollan en las chacras del Alto Valle. Bajo las marcas Miras y Miras Joven, la bodega produce alrededor de 80.000 botellas en ediciones limitadas, exportando a Estados Unidos, Canadá, Brasil, Perú, Alemania y Reino Unido.
Además de comercializar en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Chubut, Neuquén y Río Negro.

Una historia familiar, una historia de desafíos


Marcelo Miras
es el dueño y responsable de la altísima calidad técnica que han alcanzado los vinos de Bodega Miras. Asimismo, es el responsable de continuar con una de las actividades productivas que motorizó el desarrollo económico y social del Alto Valle.
También es responsable de armar un equipo de trabajo que tracciona hacia un mismo horizonte, un equipo conformado por todos los integrantes de su familia.


Ya siendo técnico agrónomo, Marcelo Miras decide continuar con sus estudios universitarios. Contando con el acompañamiento y confianza de sus padres y priorizando su pasión e intuición, se inscribe en la licenciatura en Enología e Industrias Frutihortícolas en la Universidad Juan Agustín Maza. Mientras estudia, trabaja en la finca aprendiendo de las fundamentales labores culturales.
De trazar desafíos se dibuja la vida de Marcelo Miras. A los 26 años, ya egresado, viaja desde San Rafael (Mendoza) a Roca junto con su compañera Sandra Ponce, sus dos pequeños hijos Andrés y Pablo y un Aconcagua de ilusiones.
En ese momento, nadie imaginaba que esta productiva región, entre la barda y el río Negro, sería el lugar de residencia hasta el día de hoy para toda la familia.


“Era un gran desafío. Sandra y yo dejábamos nuestra familia, nuestros padres, nuestros hermanos, los amigos, los compañeros de la facultad, de la actividad vitivinícola. Si bien Mendoza es vitivinícola por excelencia, veníamos a un desafío”, recuerda Miras.
La bodega Humberto Canale fue uno de los primeros lugares de experiencia y aprendizaje para el enólogo. La participación de Marcelo Miras en ese lugar fue clave.
Junto al equipo de trabajo de ese momento realizaron una gran tarea tanto en los viñedos como en la bodega. De esa intervención profesional nace la invitación para armar el actual polo vitivinícola de San Patricio del Chañar. “Surge la propuesta de armar la bodega Fin del Mundo. En ese momento, ya se habían plantado viñedos y se comenzaba a desarrollar todo lo que es la región del Chañar. Julio Viola ya había comenzado con su emprendimiento y me invitaron a participar”, inmortaliza los recuerdos de su recorrido y formación Marcelo Miras.
“Ese fue otro gran desafío. Hicimos un trabajo muy lindo con Julio y su familia. Junto con el equipo armamos todo. Participé desde los cimientos de ella. Poner en marcha una bodega nueva, en una región nueva, en términos vitivinícolas. En el país y en el mundo no existía San Patricio del Chañar como productora vitivinícola. Fue un desafío personal y profesional. Comenzar a elaborar vino con las uvas que se producían ahí, y el hecho de salir con vino de una nueva región y posicionar esos vinos, fue un gran trabajo”, rememora Miras y se emociona de semejante labor profesional.

Cinco hijos, tres nietos y una bodega con vinos de exportación


En paralelo al trabajo en las viñas de San Patricio del Chañar, Marcelo y Sandra renovaban sus desafíos profesionales y familiares.
El sueño de tener una bodega fue la nueva apuesta. Así se fueron destinando los fines de semana y las vacaciones para el nuevo proyecto. La elaboración de vinos primero alcanzó una escala suficiente para compartir entre amigos y colegas. Sin embargo, la participación de sus hijos en la producción amplió generosamente la cantidad de litros.


“En mi familia estuvimos elaborando, para consumir con los amigos y para la familia, muy pocas botellas. En el 2005 miramos el stock de la incipiente bodega y teníamos más de 6.000 botellas de vino, con lo cual era un volumen bastante grande para tomar con los amigos. Había superado un poco la expectativa. Entonces comenzamos a comercializarlos”, comparte entre anécdotas.
Andrés (37), Pablo (36), Celeste (31), Luciano (24) y Ana (22) son los cinco hijos de Marcelo y Sandra. Con distintas formaciones académicas y experiencias todos son parte de la bodega. Conocen cada una de las parras, saben de los momentos del proceso de la uva e intervienen activamente en el proyecto familiar. Las labores culturales propia de la actividad, la recolección de las uvas, la elaboración del vino, la crianza, el embotellado, el circuito de comercialización y comunicación de los vinos está a cargo de sus hijos e hijas.
Marcelo a través de la constancia, el trabajo y acompañamiento en el proceso de producción, ha sabido transmitir y seducir a esta familia que elije continuar con la misma sed de entusiasmo de su referente y padre.

Marcelo (der) y Pablo Miras. Foto Florencia Salto

La «Ruta del vino» en Río Negro


El enoturismo es un formato de turismo que se enfoca en promocionar las zonas de producción vitivinícolas. Ofrece a las bodegas la posibilidad de comunicar el origen y la calidad de sus productos.
La colaboración entre bodegas, empresarios e instituciones es fundamental. Caminos del vino es uno de los productos desarrollados en materia de políticas turísticas de la provincia de Rio Negro y reúne a una decena de bodegas para conocer y degustar.
Pablo Miras, hijo de Marcelo, es periodista, sommelier, futuro enólogo y está a cargo de la comercialización y comunicación de la bodega.
“En el último año y medio vimos que hay mucha gente que destina uno o dos días para recorrer las bodegas de la zona. Esto antes no pasaba. El turismo era más de paso. La nueva realidad, impulsa mucho más las ganas de empezar a recibir visitas. Estamos metiéndonos en ese tema y tratando de organizarnos con los trabajos propios de la chacra y la elaboración para dar respuesta a esta demanda”, comparte Pablo.
Por tratarse de un servicio más en la bodega se requiere de cierta coordinación y planificación interna.
Tenemos la bodega abierta al turismo. Como lo manejamos nosotros, al ser una bodega familiar, lo único que tratamos de hacer es coordinar las visitas con uno o dos días de anticipación para poder nosotros realmente tomarnos el tiempo necesario que la visita requiere”, explica Pablo Miras, actual gerente y operario de la bodega.

La cultura de un pueblo


El recurso hídrico, las condiciones climáticas, las horas de luz natural, el cielo limpio y la heterogeneidad de los suelos permiten llevar a delante una alta calidad de viticultura.
Río Negro convive con un patrimonio cultural, social, arquitectónico y económico viviente. La producción de vinos ha sido una de las actividades, junto con la producción de peras y manzanas, que motorizó la economía local. Contar el proceso de elaboración de vinos es contar también la historia de la región. Acompañar y colaborar con políticas de desarrollo productivo es acrecentar la compleja estructura económica (directa e indirectamente) que despliega la actividad vitivinícola.
“Como decía Alcides Llorente, cuando uno bebe un vino, uno bebe la cultura de un pueblo. Por eso cuando llevás vinos de la región, estás llevando la identidad de la zona”, concluye Marcelo Miras, junto a su hijo Pablo, en la entrevista con “Río Negro”

Contacto

Ruta Nacional Nro 22 Km 1208. General Fernández Oro, Río Negro
Tel +54 9 299 411 0408
Email: turismo@bodegamiras.com.ar


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