Memoria y democracia
A 50 años del golpe de Estado que inició la etapa más oscura de nuestra historia moderna, la Argentina atraviesa una profunda paradoja. Diversos estudios de opinión pública señalan que si bien el rechazo al autoritarismo y el respaldo a la democracia como sistema se mantienen muy firmes entre la población, existe gran insatisfacción con el funcionamiento concreto de las instituciones y un temor latente a que hechos similares a los ocurridos en la última dictadura puedan repetirse.
Una serie de encuestas de Pulsar UBA, Zuban Córdoba, Explanans y Amnistía Internacional revelan que, en un contexto global de lo que los analistas llaman “la tercera ola de autocratización global”, la sociedad argentina mantiene a la memoria histórica como un fuerte escudo protector.
Los hallazgos de Pulsar UBA demuestran que el conocimiento de lo ocurrido el 24 de marzo es un patrimonio nacional consolidado. El 76% de los ciudadanos identifica con precisión la fecha como un hito del quiebre institucional profundo. Asimismo, más allá de que muchos cuestionan el accionar de organizaciones armadas violentas que erosionaron la democracia, un sólido 63% considera que no hay justificación para la realización del golpe y la responsabilidad es atribuida principalmente a la junta militar encabezada por Videla, Massera y Agosti.
La mayoría considera a la dictadura como una periodo muy negativo con sentimientos de dolor, temor y condena total.
En el sondeo de Zuban Córdoba, un 86% está de acuerdo con que fue un periodo de violación a los derechos humanos, crisis económica y falta de libertades.
No es un conocimiento vago. El informe de Amnistía señala que más del 90% de la población reconoce la existencia de desapariciones, torturas, centros clandestinos y apropiación de bebés y una abrumadora mayoría respalda que se siga promoviendo la memoria y conmemorando la fecha. Una mayoría respalda la continuidad de los juicios y existe un rechazo transversal a posibles indultos a militares condenados (87%). El sondeo de Explanans aporta un matiz: un tercio de los encuestados critica que la defensa de los derechos humanos sea atrapada por lógicas partidarias.
Sin embargo, este consenso sobre el pasado convive con percepciones más complejas sobre el presente democrático. Si bien la democracia sigue siendo el sistema preferido y un valor instalado en la sociedad argentina (con niveles de apoyo cercanos al 80%, según distintas encuestas) existe una fuerte crítica a su funcionamiento actual.
Casi la mitad de los consultados por Zuban Córdoba considera que funciona de manera inadecuada y el sistema enfrenta tensiones en un contexto político marcado por la fragmentación, la desconfianza y la polarización política, agrega Explanans.
Otro aspecto relevante es la percepción de futuro. Si bien la mayoría de los argentinos considera improbable otra dictadura, crece la preocupación por posibles retrocesos: un 56% de los jóvenes teme vivir hechos similares a los de los tenebrosos 70 y 80, una alerta latente sobre la estabilidad democrática.
Estas preocupaciones se ven reforzadas por el contexto internacional. Un reciente informe de la institución V-Dem, la autoridad global más respetada en medición de calidad democrática, el mundo vive un proceso de “autocratización acelerada”: por vigésimo año consecutivo las libertades han retrocedido y el nivel de democracia para el ciudadano promedio global llegó a niveles de 1978.
Incluso países industrializados que se consideraban “faros” del mundo libre como Estados Unidos o Italia han sufrido deterioros sin precedentes en controles institucionales y libertades cívicas.
En su capítulo argentino, la organización alerta sobre el riesgo de una “erosión desde adentro” del sistema, con avances sobre la independencia judicial, ataques a la prensa, la concentración de poder en el Ejecutivo y la polarización tóxica, que deslegitima a los adversarios políticos y les niega derechos.
Este consenso democrático (aún con tensiones y carencias) y el “blindaje social” a la defensa de los derechos humanos aparecen como una fortaleza de la Argentina frente a la ola regresiva global y nos recuerda que la memoria y el compromiso con el “Nunca Más” no son solo ecos del pasado sino una hoja de ruta activa frente a las nuevas amenazas que acechan a las libertades civiles y el pluralismo a todo nivel.
A 50 años del golpe de Estado que inició la etapa más oscura de nuestra historia moderna, la Argentina atraviesa una profunda paradoja. Diversos estudios de opinión pública señalan que si bien el rechazo al autoritarismo y el respaldo a la democracia como sistema se mantienen muy firmes entre la población, existe gran insatisfacción con el funcionamiento concreto de las instituciones y un temor latente a que hechos similares a los ocurridos en la última dictadura puedan repetirse.
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