El eje Cipolletti-Bariloche reafirma el provincialismo



Graciela Iuorno*

Al igual que en Neuquén, las culturas políticas locales primaron en la elección rionegrina, por sobre la “grieta” nacional. JSRN se mostró como una fuerza trasversal, policlasista y con un fuerte liderazgo, que quebró la hegemonía roquense en el Alto Valle.

A la hora de reflexionar sobre las recientes elecciones provinciales rionegrinas no se nos escapan del análisis los escenarios políticos de la Patagonia y el país, y las expectativas que las fuerzas políticas tanto del partido del gobierno y sus aliados -Cambiemos- como del kirchnerismo y del denominado peronismo federal. Todos esperaban con los resultados, primero Neuquén y luego Río Negro, poder evaluar la capacidad de interpelación popular y la preponderancia de sus espacios de cara a octubre de 2019.

Por una parte, la polarización nacional entre las fuerzas de la “grieta”, kirchnerismo y Cambiemos, dentro de los sistemas políticos subnacionales se vio obturada por los resultados obtenidos en la Norpatagonia, primero por el MPN y un mes después, por Juntos Somos Río Negro (JSRN), no pudiendo atribuirse ninguno una proyección tendencial para la presidenciales. Quizás las PASO de Entre Ríos puedan cumplir con este cometido para pensar en una futura escenificación nacional.

Por otro lado, los resultados electorales en ambas provincias posibilitan la continuidad por cuatro años más de un partido que lleva más 50 años en el poder en un caso y el otro, la posibilidad de cristalización de un “partido joven” con discurso y vocación provincialistas. Aquí observamos que las representaciones, las identidades sociales y comarcales, las organizaciones simbólicas, las prácticas políticas, el sentido común, el flujo informativo y comunicacional, dotados todos ellos de una carga afectiva, emocional y pragmática, han sido poderosos a la hora de la compulsa electoral, es decir las culturas políticas locales se impusieron.

Desde la reapertura institucional el modelo dicotómico “tradicional”, la alternancia “bipartidista”, no se impuso en la gobernación de Río Negro. Por lo contrario, se logró la predominancia del radicalismo durante casi tres décadas (UCR, 1983-2011). Partido caracterizado por sus marcas provincialistas y por alianzas con otras fuerzas políticas, marcas construidas desde el mundo de representaciones sociales y organizaciones simbólicas de su cultura política. Análisis que no realizaremos ahora, porque no es nuestro propósito y porque nos hemos detenido de manera exhaustiva en otras oportunidades.

Construcción provincialista

El proceso histórico cultural y político contiene más continuidades que rupturas -1957- tanto en discursos como en acción política, a través de un repertorio dotado de recursos individuales y colectivos que fueron estableciendo vínculos con las sociedades locales corporativas e individualistas. El discurso de la cuestión rionegrina en su integración, desarrollo y conformación definitiva como Estado en el régimen federal es una constante en la representación de la realidad socio-territorial desde la década del cincuenta del siglo pasado hasta el presente.

La reconstrucción de la historia reciente local nos lleva a explicarnos la sociedad y la política en clave triádica (radical-peronista-otra fuerza política); un “tercero incluido” que pluraliza la vida política y legislativa, claramente desde inicio de los años setenta con la fundación del Partido Provincial Rionegrino (PPR, 1972) posteriormente, con la creación del Movimiento Patagónico Popular (MPP, 1992) y recientemente con la constitución de Juntos Somos Río Negro (JSRN, 2015). Sintiéndose unos expresión y representación política más de centroderecha y otros más orientados hacia la centroizquierda.

Una situación poco conocida por los rionegrinos es la oportunidad histórica que se presentó en la década del sesenta cuando los dirigentes peronistas bajo el liderazgo local del escribano Llanos (1962) podrían haber interpretado la proscripción del peronismo como “condición circunstancial” para fundar una fuerza política provincial, como en el vecino territorio neuquino con la fundación del Movimiento Popular Neuquino (MPN, 1961). En su lugar se articularon verticalmente con el accionar político nacional con la formación del Partido Blanco de Río Negro (Iuorno, 2013, 68-69).

El discurso sobre la cuestión rionegrina en su integración y desarrollo en el régimen federal es constante desde la década de 1950.

La creación de un partido provincial -en mayo de 1972- vino de la mano del entonces interventor federal de facto de la provincia: Gral. Roberto Requeijo (1970-1972). Su propósito era presentarse a las elecciones para gobernador (1973) con un partido organizado a partir de los beneficios que otorga el control de los aparatos del Estado y de su liderazgo personal, en particular en la capital y espacios marginales. Con un proyecto al margen de las agrupaciones políticas “tradicionales”, recuperando las ideas “desarrollistas” de continuidad con plan del gobernador Edgardo Castello, centrado en el “corredor/eje del este” en detrimento del “eje valletano”, estratégicamente omitió involucrarse en su discurso en las cuestiones nacionales, priorizando los intereses provinciales.

En esas elecciones, 1973, triunfó el justicialismo y el PPR fue la segunda fuerza, desplazando al radicalismo a un tercer lugar en las intenciones cívicas. El resto de la historia del partido es más conocida a través de la prensa, por los acontecimientos electorales desde 1983 a 1991 cuando comienza su decadencia y participan en alianzas o desde gobiernos municipales. Y si refrescamos nuestra memoria, un dato no menor es su tercer lugar en varias elecciones, y otro dato más reciente es el cambio de denominación, por Propuesta Republicana (2014), que trajo fuertes críticas por parte de muchos de sus afiliados.

ROCA 07/04/19: ELECCIONES PARA GOBERNADOR 2019. VOTANTES VOTOS URNAS. FOTO: ANDRES MARIPE

Las culturas políticas emergen en el seno de una sociedad como producto de la historia (Berstein, 1997) y tratan de aportar soluciones integrales a los problemas fundamentales de los grupos.

En nuestro espacio la cultura política es mixta y “moderada” -ideológico/pragmática-, caracterizada por orientaciones a los logros individuales/privados pero también con expectativas construidas respecto del accionar del Estado, donde las continuidades toman ventaja a los cambios.

No obstante, la ampliación del caudal de elementos que la conforman nos permite, también, pensar en clave de identidades de género. Arabela Carreras es la primera gobernadora de la provincia y Nelly Frei fue presidenta de la Convención que tuvo a su cargo la redacción de la Constitución provincial en 1957. Una nota ilustrativa la constituye que ambas provienen políticamente de la ciudad de Bariloche.

En la Argentina de los noventa, la “cultura bizarra” (Terán, 2004) surgió como mezcla de populismo y “neoliberalismo” sobre un fondo de polarización económica que modificó la estructura socio-histórica del país, permaneciendo hasta el presente las actitudes corporativas, las especulaciones electorales, las formas arbitrarias de hacer política, la corrupción y la impunidad.

En abril de 2019, Juntos Somos Río Negro, como partido transversal (Iuorno, 2015) pudo capturar los votos de la opinión pública, con escaso énfasis en la clase social, asegurando el acceso a diversos grupos de interés y con un fuerte liderazgo personal, centrado en el eje Cipolletti-Bariloche que tensionó la hegemonía que Roca ejercía en la comarca valletana al imponerse sobre el Frente para la Victoria (FpV). La continuidad del discurso sobre la integración y el desarrollo provincial fueron claves para alcanzar el éxito electoral.

Una interpretación verosímil de la realidad social y unas propuestas de soluciones en consonancia a los problemas fundamentales planteados por los diversos grupos de las diferentes sociedades locales posibilitarán la continuación del proyecto político partidario provincial.

*Historiadora rionegrina (Cehepyc/Clacso)


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