El Fondo Monetario y la metáfora del doctor
Pulso Económico
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La ciencia económica se debate desde hace dos siglos en una falacia interna, que envuelve y engaña a quienes decimos ser parte de la misma.
Sucede que la economía esta intrínsecamente vinculada al ser social, en tanto busca explicar los comportamientos de las personas a la hora de encontrar aquellos bienes y servicios que satisfacen sus necesidades infinitas. Sin embargo, a la hora de formular dichas explicaciones, y más aún a la hora de elaborar cursos específicos de acción, la ciencia económica pretende de sí misma el calificativo de “ciencia exacta”, adjetivo que sólo le cabe a las ciencias duras, como la matemática, la biología o la física.
La falacia tiene su origen en la potencia de los modelos que la ciencia económica utiliza para explicar el comportamiento social. Los mismos son maquetas, basadas en supuestos rara vez reales, que funcionan como mecanismo para intentar comprobar que la secuencia lógica “si A y B entonces C”, puede servir para representar la forma en que los agentes económicos toman sus decisiones.
La dificultad se potencia, cuando dichos modelos se extrapolan a lo macro, y se utilizan para la elaboración de políticas públicas, substanciando en programas las ideas de tal o cual facción política. Naturalmente es el electorado el que convalida dichos programas. Pero a la vez es esa misma convalidación la que la ciencia económica utiliza como reaseguro de su carácter de “ciencia exacta”, algo de lo que a todas luces carece.
La metáfora del doctor
Es en esta autopercepción de científicos exactos en la que se basan una y otra vez los economistas, para utilizar lo que se conoce como “metáfora del doctor”. La misma refiere al sistema económico de un país como si se tratara de un paciente y al hacedor de política económica como si fuera un doctor. El razonamiento habilita al economista a “recetar” el remedio más adecuado cuando evalúa que la economía “está enferma”, e incluso le permite hacer aseveraciones trágicas y apocalípticas sobre “el futuro de la economía”, en caso de no seguir adecuadamente el “tratamiento”.
Es muy común entonces escuchar a los especialistas en la materia emitir diagnósticos del tipo “la economía nacional necesita cirugía mayor…”, o del tipo “estas medidas son dolorosas, pero muy necesarias para sanear el país…”. Tales aseveraciones tuvieron lugar en boca de distintos economistas al analizar el regreso al FMI. Uno de ellos, exfuncionario del Ministerio de Economía durante la gestión de Roberto Lavagna, aseguró en uno de los programas políticos más vistos de la TV: “Argentina era un paciente que entró a la Guardia con una severa hemorragia. El acuerdo con el FMI sirve para obturar la salida de sangre”.
El razonamiento no sólo lleva en las entrañas la falacia fundacional descrita de la ciencia económica, esconde además la intencionalidad ideológica de quien en determinado momento de la historia se cree convalidado para determinar cómo son las cosas y cómo en realidad debieran ser.
Utilizando “la metáfora del doctor”, se fabrica una composición de supuesta enfermedad, se diagnostica un doloroso tratamiento y se justifican así las medidas más impopulares. La necesidad de una economía sana es la sentencia que sirve a la vez como premisa, y como justificativo para las penas que traerá el medicamento.
El ajuste
Si recortar gastos, suprimir programas sociales, despedir empleados públicos, devaluar la moneda y “sincerar” las tarifas de los servicios públicos es de por sí traumático por el fuerte efecto recesivo que genera en los sectores más vulnerables, mucho más lo es cuando todas estas medidas se llevan adelante al mismo tiempo (o en un lapso muy breve).
“Me duele tomar algunas decisiones, lo que generan, pero es el camino de la verdad”, expresó alguna vez el presidente Mauricio Macri. Las palabras del primer mandatario se asemejan bastante a la figura de un pediatra explicándole a un niño que debe darse la inyección: “Duele, pero es necesario…”.
En efecto, es lo que viene para la economía nacional. El impacto del ajuste será duro en términos de empleo, actividad, y sobre todo por la caída inexorable del salario real, con paritarias que obtendrán como máximo un 20% y precios que crecerán casi un 30%.
El acuerdo con el organismo multilateral significará la eliminación completa de los subsidios a la energía, lo que implica nuevos aumentos de tarifa en el segundo semestre del año. El veto presidencial al proyecto opositor que buscaba congelar el precio de la energía era condición necesaria para alcanzar el acuerdo con el Fondo. El mandatario estuvo dispuesto a pagar el costo político. “Las tarifas estuvieron distorsionadas por años. No se puede evitar el ajuste en las tarifas. Un aumento menor sería igual que darle una aspirina a un enfermo terminal”, indicó uno de los economistas más afines al gobierno. La metáfora del doctor, siempre presente.
El remedio, no siempre es el adecuado
¿Fue acertado apostar desde el inicio al gradualismo financiado con deuda, postergando un ajuste que finalmente llegará de todas formas? ¿Era absolutamente inviable un esquema monetario diferente al de las “metas de inflación” utilizadas por la conducción del BCRA? ¿Era en verdad el Fondo Monetario Internacional la única carta que le quedaba por jugar al gobierno de Mauricio Macri? La respuesta dependerá de la visión de cada especialista. En todo caso, se tratará siempre de juicio de valor.
En los cursos de lógica elemental se aprende que si la premisa que da origen a un razonamiento es falsa todo el razonamiento que se construye a posteriori carece de validez.
La economía no es una ciencia exacta. Lejos está por lo tanto de generar diagnósticos y recetas certeras, cual médico especialista.
Quienes se escudan en este tipo de explicaciones manifiestan en realidad sus propias ideas y su propia cosmovisión, las que los llevan a tomar ciertas decisiones en materia de política económica. La “mejor receta” en determinado momento de la historia guarda estrecha relación con la ideología del “doctor”. La subjetividad propia de la premisa sugiere que de ninguna forma determinada fórmula guarda el atributo de ser la “única” o la “mejor”, sino simplemente una receta más de las tantas posibles.
Una forma sencilla de evaluar la eficacia de un tratamiento médico es consultar cuáles han sido los resultados de la misma terapia en otros pacientes. La terapia de ajuste que ofrece el FMI puede tener matices, pero mantiene los históricos principios fiscales de austeridad y recorte en las partidas del gasto. Argentina ha probado el remedio en otras etapas de su historia reciente y los efectos colaterales han sabido ser mucho más fuertes que la solución al problema que se intentaba solucionar.
“Esta vez es distinto” se aventura cada vez que declara en público el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne. Sus palabras son necesarias para alivianar el escenario que viene. Son también un rezo para que en efecto el remedio indicado esta vez haga efecto, y los problemas estructurales de la economía nacional logren encontrar cura definitivamente.
Datos
Datos
- 28%
- La inflación que la mayoría de los consultores privados estima para el acumulado del 2018.
- 2,7%
- El déficit fiscal como porcentaje del PBI pautado en el acuerdo con el FMI para este año.
- $ 225.000
- Los millones que se recortarían en el 2018 para alcanzar el objetivo de déficit fiscal. En el 2019 serían $ 150.000 millones más.