El Frente Amplio limita el Poder Ejecutivo de Uruguay
Emilio J. Cárdenas (*)
Uruguay es ciertamente uno de los países latinoamericanos que más honestamente respeta las instituciones de la democracia. Por convicción. Esa es, además, su tradición, de la que desde luego puede estar legítimamente orgulloso. No obstante, acaba de suceder un patológico episodio que no parece corresponder a esa actitud. Para nada. El Poder Ejecutivo estaba negociando activamente el posible acceso del país al llamado TISA (Trade in Services Agreement), acuerdo que incluye a 23 países, entre los cuales están Chile, Colombia, Costa Rica, Perú, Panamá y Canadá. No están, en cambio, dos de los países hoy más proteccionistas y en peor estado de la región: Argentina y Brasil. Se trata de un acuerdo referido al comercio de servicios que, para el Uruguay, es bien importante, desde que los servicios conforman nada menos que el 67% del PBI de los orientales y generan el 79% del empleo privado. Hablamos de actividades como los servicios financieros, los de esparcimiento, el transporte y algunos otros, con exclusión de la salud y la educación. Ya se han completado 13 rondas diferentes de negociaciones y muy pronto el acuerdo será seguramente una realidad. De pronto el Plenario Nacional del llamado Frente Amplio, marco político que conforma la coalición oficialista del gobierno uruguayo, se pronunció mayoritariamente en contra del acceso de Uruguay al TISA. Emocionalmente. Lo hizo empujado y hasta fogoneado por el expresidente José Mujica, hoy senador, que parece dedicado a torpedear de mil maneras la gestión de su correligionario, Tabaré Vázquez. Curiosamente, las negociaciones sobre el TISA se iniciaron bajo su mandato. Esta vez Mujica les puso la proa, lo que intentó justificar argumentando que China, la segunda economía del mundo, no ha sido invitada a incorporarse. Y que, en todo caso, debería negociarse a caballo del Acuerdo del Pacífico y no por separado. Presionado por esas circunstancias, el presidente Tabaré Vázquez decidió instruir a su buen canciller, Rodolfo Nin Novoa, que se retire de las negociaciones. Lo que es insólito, cuanto menos. Por esto, el senador blanco, Luis Lacalle Pou, dijo que Vázquez no ejerce su autoridad. Lo que es grave e inusual. Lo cierto es que los votantes no eligen a los partidos políticos sino a las personas que oportunamente fueron por ellos proclamadas como candidatos y que luego se imponen como consecuencia de la voluntad popular expresada en las urnas. Así de simple. De lo contrario el Frente Amplio hasta habría destruido –al inmiscuirse en las conductas del Ejecutivo uruguayo– la división de poderes que surge de la Constitución nacional, asumiendo de hecho la casi totalidad de ellos. La oposición interpelará a Rodolfo Nin Novoa, que ciertamente no es responsable de lo sucedido. Para nada. Tanto es así que acaba de declarar, con razón, que “lo que pasó en estos días no es bueno para Uruguay”. Es así, obviamente. Para Uruguay, un inesperado barquinazo. Feo. Pero así es la izquierda, que siempre desconfía de la libertad, incluyendo la libertad comercial, como queda visto. Por todo esto el porcentaje de aprobación del presidente Tabaré Vázquez está hoy por debajo del 40%. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas