El peligro de ser nada
Desde el regreso de la democracia, los cuerpos armados han evolucionado hacia una profesionalización que convive con una crónica falta de presupuesto que deriva en escasez de medios y bajos salarios. Pero en los últimos años se agravó un problema estructural: la ausencia de una misión clara para sus integrantes. El kirchnerismo combina prepotencia en el trato con escaso conocimiento de los temas de defensa.
Horacio Jaunarena se apoltrona en el sillón de su estudio de la avenida Callao. Amable. Didáctico y minucioso en la materia a la que ha dedicado años desde su vocación por las cuestiones públicas: fue tres veces ministro de Defensa. Desde los duros días del gobierno de Raúl Alfonsín, sublevaciones carapintadas mediante. Luego, durante la ecléctica Alianza que lideró Fernando de la Rúa. Y finalmente en el 2002, cuando creía agotado su paso entre los uniformes, Eduardo Duhalde lo convocó para seguir lidiando con el poder militar en un tiempo que para la política sólo era oscuridad terminante.
–Mire –dice Jaunarena a este diario–, yo lo digo en mis memorias “La casa está en orden”: para los militares no hay peor escenario que, por omisión del poder político, no tengan ninguna misión que cumplir o, más: que si les dan una misión ésta sea tan presuntuosa, anacrónica, que no se pueda cumplir.
–Y por omisión del poder político hoy el poder militar argentino suma cero –acota.
En sus sabrosas memorias, este hombre que trajinó cara a cara con los fanáticos carapintadas estampa una información. “En un almuerzo con un destacadísimo general retirado del Ejército chileno, me expresó que a su juicio los argentinos creían que no tenían enemigos y que nadie los iba a atacar, por lo que resultaba comprensible que no les preocuparan los temas vinculados con la defensa. Seamos claros –concluye Jaunarena–, son pocos los que desde la teoría se atreven a decir que la Argentina no necesita contar con fuerzas armadas pero, en la práctica, el comportamiento de la mayoría de los que tienen poder de decisión refleja una actitud acorde con dicho pensamiento”.
Un diagnóstico con el que coincide otro analista de Defensa: Marcelo Sain. En su muy trabajado libro “Los votos y las botas” señala que el sistema de defensa del cual las Fuerzas Armadas son una de las vigas esenciales sigue sometido a “un proceso de desmovilización y de desarme de hecho”.
“Desarme psicológico”: ésta es la construcción a la que apela Alejandro Corbacho para definir su visión del raquitismo del poder militar del país. Director del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Ucema, con “desarme psicológico” describe una “condición, un estado mental que abarca lo que es la preparación, motivación, cohesión y moral, que son dimensiones importantes para el desempeño de una fuerza armada. Es un prisma, un encuadre, para observar y reflexionar sobre ella, sus posibilidades concretas de poder cumplir el rol por el cual existe o tiene sentido”.
En otras palabras: se puede tener la más poderosa fuerza armada pero, si no está mentalmente preparada para desempeñar eficazmente su misión, ese poder no gravita como factor de disuasión ni de acción.
No es motivo de estas líneas pasar revista a las limitaciones de medios que padecen las Fuerzas Armadas argentinas. Tampoco el desaliento que en su interior genera el bajo nivel salarial que perciben. En todo caso, en relación con lo primero valen dos datos.
• En el rango de buques de combate, la flota de mar se vertebra en a lo sumo 12 buques de superficie y dos submarinos. De los primeros, el grueso son corbetas con 25 años de antigüedad en promedio, de las cuales sólo cinco están operativamente aptas. Los submarinos –30 años promedio– sólo navegan tres semanas al año. Un adiestramiento exiguo dado el alto grado de preparación que requiere el arma submarina, un arma donde el primer error suele ser el último.
• En relación con el Ejército, valen dos datos rescatados del cúmulo de carencias a que está sometido: sus reservas de munición alcanzan para un puñado de horas de combate y su parque de transporte tiene un promedio de antigüedad no menor a los 37 años.
Respecto de los salarios, vale señalar una conclusión publicada en el libro “Pensando el país” que, organizado por Roberto Lavagna, compila opiniones de especialistas en distintos temas nacionales. Para el caso militar, se señala:
• Hay atraso salarial y desestructuración del sistema de retribuciones por el otorgamiento de incrementos salariales vía “suplementos”. Y la diferencia de ingresos entre el personal militar en actividad y en retiro es superior al 50%, siendo más significativa cuanto más alta es la jerarquía considerada. Esto implica un elemento objetivo de presión sobre quienes deben asesorar y asistir al decisor político en materia de defensa.
• Existe, además, un alto nivel contencioso y correlativos costos para el Estado por desfases en la liquidación de haberes, retiros y pensiones.
En relación con esto cabe señalar que hay más de 120.000 presentaciones ante la Justicia elevadas por otros tantos miembros de las Fuerzas Armadas –ya en actividad, ya en retiro efectivo– a consecuencia del daño infligido por la tramada madeja que define la política salarial militar.
Sin objetivos
–Pero corramos estos temas. ¿Sabe cuál es el problema más delicado que enfrentamos? Los militares no sabemos si le importamos a la política, al poder… ¡ése es el tema! –confiesa en un café un capitán de navío de Infantería de Marina que estaba en primer año de la Escuela Naval al momento del golpe del 76. Un dato este último interesante, al menos para forjar la historia de este presente de los militares. Hoy, a lo sumo, de aquellas Fuerzas Armadas de casi 150 hombres para aquel 24M sólo quedan no más de 100 oficiales. Al inicio de la dictadura eran cadetes en el último año de las academias o eran subtenientes y tenientes. O sea, tenían entre 21 y 25 años. Hoy son generales, contralmirantes, brigadieres o comodoros, capitanes de navío y coroneles.
–Hay ley de Defensa Nacional, hay planificaciones, hay anuncios de futuros más agradables… pero nunca llegan. Hay promesa de un presupuesto cercano al 2% del PBI para el 2020 pero, en realidad, nadie se ocupa de nosotros… ¿sabe el desaliento que esto genera? –comenta el marino.
La política del kirchnerismo
Movidos por la necesidad de no hacer política pero sí de ejercer poder en términos prepotentes, el kirchnerismo colocó a las fuerzas en la mira desde el vamos de su primer gobierno.
En un solo acto, a horas de asumir Néstor Kirchner descargó una purga terminante sobre la cúpula de las tres fuerzas: pasó a retiro tres docenas de los máximos mandos. De ahí en más la cultura para el manejo del espacio militar lo consolidó con mandos adocenados por el poder político. Control férreo blandiendo el pase a retiro para consolidar el disciplinamiento.
Esta práctica de poder genera interesantes reflexiones en el campo académico, donde se sigue consolidando el estudio de temas vinculados con la defensa.
Así, por caso, Gustavo Andrés Saralegui, de la Escuela de Defensa Nacional, destaca que vía el poco interés existente en el país por los temas de defensa se filtran culturas para su manejo por parte del poder político.
Contribuye a esto –señala– el hecho de “que el poder político civil entiende que manejando los asuntos de las Fuerzas Armadas mantiene el control civil a pesar de que los ministros civiles no ejerzan autoridad sobre las Fuerzas Armadas basados en la experiencia y el conocimiento específico”. Esto libera –siempre según Saralegui– varias realidades. Veamos:
• Se produce un raro equilibrio en las esferas de influencia donde, a cambio de la subordinación al poder civil, las Fuerzas Armadas disfrutan de una autonomía sobre los asuntos institucionales caseros. Rige el principio de “vivir y dejar vivir”.
• Sin embargo este concepto esconde la esencia de la degradación institucional; todo problema en el ámbito de Defensa es culpa de los militares, es un acuerdo tácito dado que ellos son los expertos en la materia. El poder político civil generalmente no asume su desconocimiento e impericia sobre temas de defensa nacional y el “fusible” termina siendo siempre la cadena de mandos de cada institución porque, en definitiva, son asuntos militares.
–Cuando esto sucede, cuando el gobierno echa a un general, un almirante, un brigadier, entonces los militares somos noticia. Luego seguimos sin saber para qué estamos –ironiza el marino que comparte una mesa de café con este diario.
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
Militares en la Argentina
(Continúa en la página 28)