Un plan completo para ir a Meliquina, un paraíso entre playas y montañas

A días de comenzar el verano, la villa se prepara con muchas expectativas para una muy buena temporada, debido al alto número de consultas y reservas. El lago tiene diversas y extensas playas y hay miles de actividades para hacer.





Arranca la temporada de calores, sol pleno y cielos azules, y todos gritan ¡Vamos a Meliiiiii! El lago Meliquina, nace en la desembocadura del Río Hermoso, y es la cita obligada de cada inicio de temporada. Un paraíso ideal para pasar un día diferente en una aldea de montaña neuquina. 

Para llegar, tomas la ruta 40, o el camino de los Siete Lagos como yendo a Villa la Angostura, y a apenas unos 25 km surge la ruta 63, ahí, justo en donde Gendarmería Nacional tiene un destacamento. Seguís unos 4 kilómetros por el ripio, y a la izquierda, entre retamas de amarillo furioso y coloridos lupinos, nace el camino que te lleva a la cabecera del lago, unos 600 metros en bajada.

“A días de comenzar el verano, la villa se prepara con muchas expectativas para una muy buena temporada, debido al alto número de consultas y reservas que tenemos para enero y febrero. Desde la Asociación, con la colaboración de 80 emprendimientos, todos los días de 11 a 17, hasta el 15 de marzo, se atenderá en la oficina de turismo sobre la ruta 63, frente al destacamento de bomberos”, dijo Mariela Colla que es la presidenta de la Asociación Vecinal de Villa Meliquina.

Foto: Patricio Rodríguez.

En ese lugar hay wifi y gracias a Cotesma, sumaron un mapa interactivo, que se puede consultar mediante código QR y está disponible todo el año.

En territorio del Parque Nacional Lanín, tenés un espacio amplio para estacionar el vehículo, hay una bajada para lanchas, y después una extensa playa hacia la izquierda, siempre bañada por el agua azul y fría del lago Meliquina, que te llevan hasta el río Hermoso.

En el río, podés quedarte en una “pampita”, que sirve de cancha de frisby y paleta, o cruzarlo (está bastante bajo por las sequias) y seguir unos kilómetros mas por las playas pedregosas.

Foto: Patricio Rodríguez.

Es el lugar ideal para el descanso en familia, los chicos corren y juegan libremente, solo hay que estar atentos cuando se meten al agua, ya que el sector no cuenta con servicio de guardavidas. A muchos les encanta bucear, en busca de cucharas y moscas que quedan atrapadas en las ramas y arboles de la costa.

“El lago tiene diversas y extensas playas como la Central, Punta del lago, Península. Se puede nadar, hacer kitesurf, pesca. El río bordea todo el pueblo y tiene unos rincones hermosos. A pocos kilómetros, cerca de Casa de Piedra, tenemos los rápidos y los pozones de Caleufu. En el pueblo hay pequeños recorridos, tres miradores y sumaremos, los fines de semana, en la plaza, una feria de artesanos y emprendedores”, contó Mariela Colla.

Los kayaks con habilidosos timoneles de todas las edades, llenan de color, el azul profundo del lago. Apenas a unos 20 metros de la costa, el veril cae abruptamente y las aguas se oscurecen.

Foto: Patricio Rodríguez.

Es habitual ver pescadores a toda hora. Cuando el sol se esconde, llegan con sus moscas y su arte del casteo, o con señuelos que emulan pequeños peces.

Algunos mas osados, se animan a bucear algunos minutos a pesar del frío del agua, que se siente sobre todo al pasar los 2 metros bajo la superficie, en busca de tesoros imaginarios. Allí el espectáculo es único, decenas de truchas de diversas formas y tamaños, entre arco iris y marrones, nadan entre algas y troncos durmientes.

“Es un paraíso único, para alejarte de la ciudad. Es importante que respetes las velocidades máximas porque es un camino de montaña y que circules con las luces encendidas”

Mariela Colla que es la presidenta de la Asociación Vecinal de Villa Meliquina.

Después de la diversión, viene bien un merecido almuerzo. No se puede hacer fuego, así que conviene llevar algo practico. También hay un parador que ofrece buena gastronomía. Y después, las condiciones son ideales para una siesta en la reposera, entre lupinos, ñires y calafates, bajo la sombra o a pleno sol, con el arrullo del río que acompaña el momento mágico.

Foto: Patricio Rodríguez.

A las 7 de la tarde, el sol comienza a descender y juega alas escondidas tras las montañas. Hay que juntar el campamento, ya que se puede poner fresco.

Los mas pacientes, van armando sus cañas para ir en busca de un trofeo. Las truchas tan ansiadas se activan a esa hora, cuando los insectos bajan al lago a saciar la sed. Si te quedó agua para el mate o un café caliente, mientras las montañas mezclan sus sombras, la hora “mágica” llega con su convite al espectáculo del atardecer y la paz.

Es importante recordar que esta prohibido acampar y hacer fuego, en esta temporada en donde las sequías extremas son un “polvorín”, se pide que seas extremo en el cuidado. Volvé con tu basura, y si ves restos de vidrios, metales, papeles, por favor llevalos y evitas la posibilidad que se genere un incendio.

Foto: Patricio Rodríguez.

Servicios y precios


– La villa si ofrece una amplia variedad de lugares para hospedarse: hostel, apart hotel, cabaña, camping organizados y agrestes. En este sentido, es muy importante acampar en lugares habilitados. También tiene lugares con buena gastronomía.

– Una cabaña para 4 personas se consigue desde los 10.000 pesos.

– Para comer una pizza con una pinta de cerveza artesanal, el precio rondará los 1250 pesos.

– Pernoctar un día en el camping sale 250 por persona, aproximadamente.

– Si está fresco, podés ir a la casa de té de Valle Encantado y un te con brownie , para dos personas, sale 1500 pesos.

La cabecera de Meliquina, es un lugar agreste por excelencia, no existe ningún servicio, no hay baños, ni electricidad, ni guardavidas, solo el lago, las playas y el bosque para disfrutar durante el día.

En la oficina de informes, la gente de la villa, los esperan con muy buena onda.

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