“El populismo sigue siendo poder”
“Yo me topé con el peronismo, me acerqué a él viendo en él un instrumento, una ventana que me permitiera reflexionar a partir de ese fenómeno otros fenómenos que lo trascienden pero se enlazan con él en materia de visiones del mundo”.
Loris Zanatta, el italiano que desmenuza al peronismo
Carlos torrengo carlostorrengo@hotmail.com
–¿Qué le devuelve el mirar al peronismo desde esa “ventana”? –Me otorga un instrumento para reflexionar fenómenos que trascienden en sí mismos al peronismo. Me encontré con él trabajando sobre América Latina. Lo sentí, palpé, viviendo aquí un año a finales de los 80. No me fascinó, no me identifiqué con él. Incluso lo asumí con prejuicios heredados de la visión europea que se tiene sobre él, prejuicio abonado con simplismo también: era un fenómeno autoritario-dictatorial. Pero me atrapó como objeto de investigación y ahí me di cuenta de que a través de él estaba abierta la posibilidad de estudiar fenómenos políticos universales. –¿Lo quitó de la historia argentina? –No en un sentido estricto. Pero soy de los historiadores que sostienen que la historia es siempre universal. Nosotros sectorizamos la historia para estudiarla, pero toda historia tiene su entrelazamiento con lo universal. Desde este convencimiento el peronismo se me presentó como un nudo de suma importancia para explicarme mucho de la dialéctica en que se ha movido desde la política el mundo latino. –¿Derecha-izquierda? ¿Tradiciones que hacen a formas de ejercer el poder? –No a lo primero, categorías que no me dicen mucho. Me interesaba, interesa aún, el peronismo en el marco de las dos tradiciones en que se hamaca, desde el pensamiento occidental; por un lado la tradición preiluminista, orgánica, corporativa, popular, que arraiga incluso fuertemente en la visión católica del mundo, y por el otro, la tradición iluminista. –¿Racionalismo? –Desde donde germina el constitucionalismo liberal, el inmanentismo. Pero si desde este juego de tradiciones abordé al peronismo lo hice también advertido de que no son dos tradiciones tajantemente encontradas sino que se cruzan en tanto alternativas de modernidad. En este marco el peronismo emerge como populismo, en la idea de pueblo que tiene, antiliberal y directamente vinculado con la tradición orgánica preiluminista. Yo sostengo que peronismo hay uno solo, nacionalsocialismo hay uno solo y fascismo también hay uno solo, pero todos ellos se cobijan en esa tradición preiluminista. –¿Por qué razón dice que derecha o izquierda no le dicen mucho? –No niego la existencia de esos dos planos de identificaciones de ideas, pero se remiten al siglo XIX. Me remito a dos tradiciones de pensamiento poderosas y preexistentes que vienen de lejos en relación con derechas e izquierdas. –Halperín Donghi suele decir que está resignado: morirá en el siglo peronista. Desde hace 70 años el sistema político argentino se reflexiona en sus más y sus menos con el peronismo como un sistema político en sí mismo y del cual depende el humor del otro sistema político. ¿Cuál es la razón de esta vigencia? –En Argentina me parece que, incluso mucho más que en el resto de América Latina, el populismo es muy popular. Y cuidado, que no nos sorprenda que el populismo siente bases muy sólidas en el mundo árabe hoy políticamente muy convulsionado. Lo mismo vale para ciertas zonas de África y Asia. –Pero ¿no envejece el populismo a consecuencia de sus contradicciones cada vez más evidentes? –Sigue siendo muy poderoso como ideario. Pero veamos el caso del populismo argentino. El populismo argentino no es un producto del peronismo, responde a razones culturales directamente vinculadas con el régimen de cristiandad que impuso España en sus colonias; es decir, la coincidencia total entre el principio de ciudadanía, la unidad política y la unidad religiosa. Argentina como América Latina fue un laboratorio para el funcionamiento de este tipo de régimen, acá no hubo vientos de reformismo como en Europa. Acá se plasmó el unanimismo, la idea desde la cual el populismo reflexiona al pueblo: comunidad orgánica que importa como tal y donde el individuo sólo tiene valor en tanto pieza de ese organismo. Tiene derechos y deberes en tanto ser parte. Y en el peronismo está todo esto porque es una religión secularizada que se asume en política y la acción política en términos de religión. La unidad ante todo –¿Qué palabra o categoría expresa ese ideario? –¡Unidad! Unidad de la Nación, unidad del pueblo, unidad en la política, es para el peronismo unanimismo que hace a una religión, para el caso política. –Pero ¿qué es entonces el modernismo –que tanto hace y deshace– en relación con el populismo que según usted campea con mucho poder? –Que tenga poder no implica que no esté bajo acecho porque, guste o no, las técnicas, las naturalezas que dan contenido al modernismo en el campo de la producción, las comunicaciones, los servicios y etcétera, etcétera, fragmentan, plantean nuevos escenarios, vinculan aceleradamente, cambian las perspectivas individuales y grupales. Como consecuencia, las sociedades marchan hacia la pluralidad o explotan. –¿El populismo no lo advierte? –Estamos en el tiempo, largo tiempo en todo caso si lo miramos en términos de futuro, en que el populismo da respuestas, otorga una identidad común. Porque, además, hay que admitir que el liberalismo libera energías, pero en ese camino fragmenta, fractura identidades. –Ahora, en Argentina no hay –por caso– fracturas étnicas que en otras partes del continente alientan la expansión del populismo… –Ésos son lugares donde el populismo coloca lo distinto, lo blanco. En esos países la tradición iluminista es presentada como un juego de elites blancas contrarias al conjunto, al pueblo, que son expresión de lo ajeno. Allí donde el populismo trabaja a partir de la segmentación social es muy fuerte debido a que las sociedades modernas se asientan sobre el trauma de la Conquista. –Pero ¿Argentina no escapa a ese arrinconamiento? Su historia social no parece traumada por esos términos… –Es cierto, pero tuvieron la inmigración, que transformó el país abruptamente y reclamó, buscó una identidad, situarse en un –digamos– espacio emocional, político, social… una integración que la protegiera. Y, miremos por donde lo miremos, el populismo –que, reitero, aquí arraiga en muchas vertientes o fuerzas políticas– fue sensible a ese reclamo. Está en la raíz del radicalismo, del conservadurismo popular y, por supuesto, del peronismo.
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