El precio del sexo de tu bebé
Un endocrinólogo ayuda a elegir el sexo del bebé por 6.300 euros.
Comhaire contacta a las parejas con un instituto estadounidense, en el que una máquina especial separa a los espermatozoides masculinos de los femeninos. «Hasta ahora, participaron en el proyecto 15 parejas de toda Europa», aseguró el médico. Antes de la inseminación artificial, Comhaire envía el esperma al «Genetics and IVF Institute» en Fairfax, Estado norteamericano de Virginia. Allí la máquina separa los espermas de acuerdo a si tienen el cromosoma femenino X o el masculino Y. Para ello, se aplica un proceso de fluorescencia que hace brillar los diferentes cromosomas con colores diferentes.
Los espermatozoides preseleccionados son inyectados en los ovarios con un catéter o el óvulo es inseminado en un tubo de ensayo. El porcentaje de éxito es, según Comhaire, de entre un 75 por ciento en el caso de los niños y un 85 por ciento en el de las niñas. El primer niño concebido de esta manera nació en 1995 en Estados Unidos. Previamente, la técnica había sido probada durante una década en la cría de ganado.
Según Comhaire, la selección de esperma se aplicó hasta ahora a 1.000 parejas de todo el mundo, que dieron a luz a 400 bebés. No se registró un aumento de malformaciones, aseguró el médico.
El presidente de la asociación alemana de centros de medicina reproductiva, Michael Thaele, sin embargo, manifestó sus dudas al respecto: «Todavía no sabemos si el tratamiento tiene influencia en los espermas o el óvulo, pero no se puede excluir». Además, dice, hay que preguntarse si conceder este derecho a decidir a los padres es compatible con el bienestar del niño. «Los motivos deben estudiarse en profundidad».
A pesar de que el método es controvertido, Comhaire dice que moralmente no tiene nada que reprocharse. «No veo ningún peligro para la sociedad, para la familia o para la salud del bebé».
En muchos países, está prohibido fecundar un óvulo artificialmente con un espermatozoide elegido de acuerdo al sexo. Comhaire considera que esas leyes no tienen sentido. Después de todo, dice, el tema de la elección del sexo es de naturaleza privada. «El Estado no debería inmiscuirse». El médico rechaza aún más tajantemente el argumento de que está interviniendo en la Creación. «No creo que Dios esté ocupado contando la cifra de niñas y de niñas». (dpa)
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