El rancho en el que se hizo la luz

Por Redacción

Santos Pallao toma con timidez el interruptor que cuelga de la lámpara de bajo consumo, y todavía con desconfianza mira el artefacto que ahora pende de su rancho, que a las cinco de la tarde ya está sumido en sombras. La vivienda levantada uniendo piedra sobre piedra tiene unas estrechas ventanas que en su mayoría tuvieron que ser tapiadas, porque el frío y el viento obligan a evitar las aberturas. Por eso, mucho antes de que el sol se desvanezca, en el interior del lugar la vida transcurre a oscuras, pendiente de un farol que si se queda sin combustible condenará a su madre de 92 años, que “a gatas si ve”, a cocinar “al tanteo”, como tantas veces. Ahora le dijeron que será distinto, y la cara del hombre, que finalmente se decide a accionar el interruptor, refleja el asombro de un niño cuando la luz se prende e irradia su fulgor por la cocina. “Ahora sí que se ve. Apenas si no”, se entusiasma Santos, que enseña una sonrisa e imagina la sorpresa que le dará a su mamá, Doña Luisa, cuando vuelva al rancho y lo encuentre alumbrado. La llegada de la luz al establecimiento “El Loro” pudo darse a través de la instalación de un panel solar, que fue obsequiado por la empresa de excursiones “Rupestre Patagonia” y el fotógrafo Marcelo Gurruchaga, que organizan fotosafaris y quisieron contribuir a mejorar la calidad de vida de estos pobladores siempre dispuestos a compartir su hospitalidad con los que llegan a Somuncura. Desde temprano, Agustín y Jorge se dedicaron a afianzar el panel que ahora recibe los rayos solares, que permitirá además que la indispensable radio prescinda de las pilas que nunca alcanzan. Mientras tanto, Santos, ajetreado con los preparativos del asado, sólo pensaba en los ojos de su mamá, “que ahora estarán más descansados, pobre viejita”.


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