"El virus nos pone a prueba todos los días"

Cómo es luchar contra el coronavirus desde la primera línea de la terapia intensiva del hospital de Bariloche. La jefa de enfermería del área, Viviana Díaz, lo cuenta.

El trabajo en equipo ayuda a que todos estén fortalecidos a la hora de enfrentar las complicaciones que plantea la pandemia.

El trabajo en equipo ayuda a que todos estén fortalecidos a la hora de enfrentar las complicaciones que plantea la pandemia.

En 11 años de trabajo, Viviana Díaz nunca se había enfrentado a una situación tan complicada. Todos los días convive en un espacio donde la vida y la muerte juegan a los dados. Pero es la primera vez que se enfrentan a un virus tan agresivo. Luchó tiempo atrás con sus compañeros de trabajo contra la Gripe A. “Pero no había sido tanto como esto”, afirma.

Esto es diferente. “Es un virus desconocido del que no se sabe nada”, explica. Por eso, recuerda que los primeros meses de la pandemia, causada por el nuevo coronavirus, “había mucho miedo, mucha incertidumbre”. El temor pasaba, sobre todo, por contagiar a sus seres queridos.

Más de un año después, la lucha continúa. Y demanda más esfuerzo. Viviana comenta que es la primera vez que en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del hospital Ramón Carrillo que todas las camas están ocupadas. Es más, hubo que sumar camas de terapia en habitaciones de cuidados intermedios. Una situación inédita. Esos pacientes no están conectados al monitoreo central de la UTI. Hay que controlarlos personalmente y eso demanda un esfuerzo extra.

Viviana es la jefa de enfermería de la terapia intensiva de adultos en el hospital. Explica que el año de trabajo sin descanso está pasando la cuenta en el cuerpo. Aun así, nadie quiere aflojar. “A veces, a pesar de todo el cansancio de las 16 horas de trabajo, vamos a dormir un ratito a la casa y volvemos para el otro turno”, relata.

Viviana Pérez y sus compañeros del hospital, desde la primera hora haciendo frente a la pandemia. Gentileza

“Siempre ponemos lo mejor con el equipo de enfermería de terapia”, sostiene. Sin embargo, el trabajo es demasiado y las manos no alcanzan.

El plantel cuenta con 18 enfermeros y enfermeras. Pero a veces se reduce porque hay trabajadores con certificados médicos o aislados porque son contactos estrechos de casos positivos de covid-19.

Informa que desde finales de septiembre y octubre pasado se armó una extensión de las camas de terapia y se conformó la terapia B, que cuenta con 10 enfermeros y 6 camas más.

Viviana explicó que el desgaste es mucho. Deben cumplir tres turnos de 8 horas y, a veces, doble jornada. Todo depende de la cantidad de personal que haya disponible.

El equipo del hospital Ramón Carrillo, unido frente a la adversidad. Gentileza

Dice que agota pensar que va más de un año de pandemia “y no sabemos hasta cuándo va a seguir”. “El virus nos pone a prueba todos los días”, afirma.

Dice que se implementaron protocolos de seguridad muy estrictos para entrar y salir del trabajo en ese sector del hospital. Eso ayudó a evitar los contagios.

El dolor de las familias

Admite que el dolor de las familias que tienen pacientes internados en terapia es un tema complicado. “Cada paciente que termina en terapia intensiva es algo que causa una crisis en las familias, porque se cierran las puertas y ellos no saben qué pasa adentro”, indica.

Recuerda que siempre hubo permiso para que familiares visitaran a sus parientes internados para bajar el nivel de ansiedad. “Aunque sea verlo un minuto, eso ayuda”, asevera. Pero desde la semana pasada se interrumpió por la escalada de contagios que se vive en Bariloche.

Viviana menciona que el año pasado las internaciones de pacientes con covid-19 eran más cortas. “Ahora puede extenderse por más de un mes”, advierte. Eso afecta la capacidad de camas.

“A veces tenemos hasta tres ingresos simultáneos”, relata. Hay mucho cansancio. Piernas hinchadas al final de extensas jornadas. Estrés. Soportar el barbijo, que marca la cara por el uso de tantas horas. “Es una batalla que libramos todos los días”, sostiene.

“A pesar de la pandemia estamos haciendo el esfuerzo de salir de vacaciones de a uno, aunque sea 10 días porque necesitamos despejar la cabeza”, señala. “Las 8 o 16 horas terminamos agotados y, a veces, no alcanzamos ni a merendar y los momentos para sentarse son contados”, dice.

Lo que pasa afuera

“Nos cuenta entender lo que pasa afuera del hospital, la gente sin respetar las medidas de prevención, sin barbijo. Nos cuesta entender esa negación”, reconoce Viviana.

“Porque adentro de la UTI parece que estamos en otra dimensión y salimos a la calle y nos da angustia, muchas veces bronca del poco cuidado que existe afuera”, admite. “Te da ganas de decirles: sabés qué feo es ver a la gente morir sola, escucharlos hablar de su familia, de cómo se contagiaron y muchas veces despidiéndose; es muy difícil”, afirma Viviana.

Dice que la forma de sobrellevar esta difícil situación “es hablando entre nosotros”. “Hay días que algunos compañeros están muy mal, y otros días bien. Ahí hablamos para tratar de sostenernos”, destaca. Es la única herramienta que tienen a mano para ayudarse mutuamente.

La misión es “venir y dar todo por los pacientes que tenés todos los días”. Otra prioridad es optimizar los recursos. “Se cuida hasta una aguja o una jeringa porque sabemos que en este momento son insumos escasos”, plantea. Aunque aclara que hasta ahora contaron con todos los recursos.

Valora el compromiso de todo el equipo que trabaja en la terapia intensiva: médicos, enfermeras, kinesiólogas, personal de limpieza. “Somos un equipo y todos cumplimos un rol importante y trabajando en equipo vamos a salir adelante”, aclara.

Convivir con la muerte

“Nunca podés acostumbrarte a la muerte, pero tenemos que levantar una barrera entre tanto dolor y nosotros, es una manera de seguir adelante, porque si no sería muy difícil”, asegura.

Pero hoy es diferente. La tasa de letalidad se incrementó este año a causa de la covid-19. “Últimamente cuesta mucho más mantener esa barrera, porque no estamos acostumbrados a ver tantos pacientes que se mueren”, admite Viviana.

Estima que hoy un 50 por ciento de las personas internadas en la terapia intensiva adultos que mueren. Y otro dato relevante es que ingresan pacientes de 40, 50 y 60 años. El año pasado eso no ocurría. “Es muy difícil aceptarlo, al no estar acostumbrados”, puntualiza. “Todos los días nos planteamos que no puede ser, ¿qué estaremos haciendo mal? ¿qué podemos mejorar”, revela.

“Nos pasó de atender a mucha gente conocida, hasta compañeros de trabajo y eso fue un golpe muy difícil de sobrellevar”, reconoce.

En esos momentos, la unidad del grupo es clave. “Al final terminamos siendo como una familia, eso nos ayuda a sobrellevar todo esto”, valora. “Cada vez que un paciente de terapia intensiva se va a la UCI (Unidad de Cuidados Intermedios) es una satisfacción muy grande que eleva la autoestima del grupo”, revela. “Siempre quedamos atentos a cómo sigue ese paciente, si se van de alta, si van evolucionando bien, aunque ellos no sé si se acordarán de nosotros”, explica.

Viviana asegura que por más que está cansada, “si tuviera que volver a elegir, elegiría, sin dudarlo, enfermería”.


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