Una década dedicada a contagiar solidaridad donde más se necesita

“Viajes Solidarios” está a punto de cumplir una década. Nació cuando las cenizas volcánicas cubrían la región cordillerana en 2011 y ya no pudo parar de asistir a los más necesitados.

Marcelo Bearzi, desde hace una década realiza campañas solidarias para quienes lo necesitan en la Región Sur y la Cordillera. Gentileza

Marcelo Bearzi, desde hace una década realiza campañas solidarias para quienes lo necesitan en la Región Sur y la Cordillera. Gentileza

Tiene grabado en la retina esos momentos en que su madre, Olga Venditto, se internaba en un Fiat 128 en barrios olvidados de la provincia de Buenos Aires, para llevar alimentos a familias necesitadas. Marcelo Bearzi era solo un niño, que tenía cuatro hermanos. Varias veces acompañó a su mamá en esos recorridos. Es un recuerdo que siempre está presente.

Tal vez allí está la raíz de ese espíritu solidario que se despertó con mucha fuerza en 2011, cuando Marcelo tenía 50 años. Bariloche y la región cordillerana estaba cubierta de millones de metros cúbicos de cenizas volcánicas expulsadas por el complejo volcánico Cordón Caulle-Puyehue.

Marcelo leyó un pedido de ayuda que una chica había publicado en Facebook y decidió colaborar. Puso a disposición su camioneta Ford F-100, modelo 1981, y su trailer para llevar alimentos a Villa La Angostura. Nunca más paró.

Fue el primer paso de la cadena de solidaridad que surgió en torno a los Viajes Solidarios. Pasaron casi 10 años de aquella experiencia y Marcelo cumplió 60 años. Pero siente que todavía hay mucho por hacer. Aunque la posta de los Viajes Solidarios se la pasó a Luis Garrido.

Fue una década de recorrer barrios de Bariloche y, sobre todo, las rutas y caminos inhóspitos de la Línea Sur, donde Marcelo encontró que era importante ayudar.

Son miles de kilómetros recorridos, numerosas anécdotas y muchas donaciones entregadas donde hacía falta.

Horas por caminos inhóspitos

Viajes extenuantes. Horas de quedarse tirado en rincones perdidos de la Patagonia profunda porque la Ford -F100 se rompió a causa del rigor de esos caminos. “Una vez en Clemente Onelli era tanto el frío que se congeló el vidrio de la camioneta en el interior de la cabina con nuestra respiración”, relata. El problema es que la camioneta no tenía calefacción.

Con su camioneta, Marcelo recorrió decenas de veces la Región Sur. Gentileza

El invierno pasado nevó un metro en alguna zonas de la Línea Sur. El temporal no los detuvo. Con la ayuda del grupo 4Wheeleros del Sur pudieron llevar forraje para los animales, alimentos, leña, ropa de abrigo para decenas de familias aisladas. Fue una travesía agotadora. En el primer intento a mediados de julio pasado no pudieron llegar a Laguna Blanca y Mencué. Una intensa nevada, con viento blanco, les bloqueó el camino. Regresaron dos días después.

“El objetivo es contagiar a la gente para que haga lo mismo”, explica Marcelo. Afirma que es fundamental la honestidad. “Es lo fundamental para vivir, ser honesto”, sostiene. “Es la mejor profesión, practicar la honestidad”, asegura.

Cada viaje se financió con dinero de su bolsillo y de las personas que se sumaron a la cruzada. No hay ningún interés partidario. “Usamos nuestro tiempo para ir a ayudar, no nos estamos yendo de farra”, explica.

Dice que seguirá adelante con los viajes solidarios. “Porque me apasiona, es una parte de mi vida”, destaca.

Un agradecido

“Soy un agradecido de la vida. Tuve la suerte de tener padre y madre, de educarme, de tener una casa con calefacción, con baño con agua caliente”, afirma.

Cuenta que hizo 49 viajes solo con su camioneta y dos acompañantes para costear entre los 3 la nafta. Pero en el viaje 50 se sumaron otras personas que tenían ganas de colaborar. Allí, el grupo creció y se consolidó. El grupo está relacionado con numerosas organizaciones, como Cáritas, la Red Solidaria, que confían en ellos para mandar cosas a familias de los parajes de la Línea Sur.

Lo más importante para un ser humano es pensar en el otro, porque uno solo no hace nada”

Marcelo Bearzi

Esa confianza le permitió tiempo atrás recibir una donación de 1.000 colchones de hoteles de turismo estudiantil que fueron donados a familias de parajes y de barrios de Bariloche.

Marcelo destaca que integran una cadena solidaria con decenas de grupos y fundaciones que trabajan con grupos que tienen demandas y necesidades distintas.

“La idea es contagiar el bien. Este es un virus lindo”, dice, riendo. Valora que hay “un montón de gente de Bariloche dispuesta a dar una mano”. Sostiene que lo ve a diario.

Recuerda que apenas comenzó la pandemia en marzo del año pasado se ofreció como voluntario con la Red Solidaria para repartir bolsones de comida. También se sumaron otros amigos. Ahora, colaboraron con los damnificados de los incendios en Lago Puelo y El Hoyo.

Está convencido de que con el ejemplo es la única forma de sumar a los jóvenes. Marcelo anhela haber transmitido en estos 10 años recorridos, y casi 160 viajes solidarios, esas ganas de ayudar “a un montón de gente, sin meter la política, ni la religión”.

Hoy, la Ford F-100 está fuera de servicio y en reparación. Pero Marcelo consiguió una camioneta Toyota 2005, que le vendió su hermana, para seguir recorriendo la Patagonia.


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